El buen vivir de Juan Luis Recio

¿Está aferrado al sillón o es un culo inquieto? Descúbralo en este TEST

13.11.06 | 07:13. Archivado en Tests
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“Sillón de mis entretelas, mi despachito oficial, quieren dejarme a dos velas, ¡a un Director General!”, se cantaba en Forgesound, en un disco de Luis Eduardo Aute y Jesús Munárriz (ya antiguo, de 1976) de homenaje al humorista Forges. Todos recordamos sus viñetas con esos rancios burócratas apegados al cargo, “aferrados a su butaca como una lapa”, reflejo de toda una época. Una época que ha concluido, siendo sustituida por una nueva generación que incluye a muchos comedores de rabos de lagartija, de “culos inquietos”, que no paran en el mismo trabajo salvo el tiempo indispensable para encontrar otro diferente.

Y es que el trabajo ha cambiado mucho tanto en fondo como en forma, y nuestras actitudes frente al mismo también. Un cambio creciente, que, sin duda alguna irá a más en el inmediato futuro. ¿Estamos realmente preparados para afrontar correctamente todos estos cambios? Descúbralo cumplimentando este test. Si tiene prisa por hacerso sáltese mis interesantes comentarios , vaya directamente a la siguiente página. Aunque se perderá interesantes informaciones y una bibliografía que podría haberle gustado: queda avisado.

“Estimo que el mercado mundial será aproximadamente de unos cinco ordenadores”, se comenta que dijo Thomas Watson, Presidente de IBM, en 1943, en los lejanos inicios de la era informática, en una frase paradigmática del error de cálculo, de la más catastrófica previsión de futuro posible.

Ahora es fácil criticarle, pero seguramente sería más complicado entonces prever los innumerables cambios que los ordenadores introducirían en nuestras vidas de forma tan rápida como creciente. No solo hay uno o varios ordenadores en cada vez más hogares del primer mundo, sino que estos se están integrando en cada vez más sitios (el teléfono, la nevera o la calefacción, por ejemplo), disolviendo su anterior identidad para adaptarse a las funciones más peregrinas. Los cientos de sensores distribuidos en valles y montañas de Afganistán para detectar los que se consideraban hace unos años los últimos reductos talibanes, conectados con aviones espías no tripulados, son solo un ejemplo más de las potencialidades que la era informática ha logrado convertir en realidad lanzándonos de golpe a un futuro cada vez más imprevisible y sorprendente.

Un tal Ibáñez frente a los talibanes. Porque las cosas cambian a un ritmo vertiginoso, e incluso los sistemas más versátiles y adaptables pueden verse desbordados por la rapidez de surgimiento de nuevos acontecimientos. Así, la palabra “talibanes”, actualmente aceptada en castellano a pesar de contener un reiterado plural, es rechazada en mi ordenador por el corrector ortográfico de Microsoft Word, que se empeña en sustituirla por “tal Ibáñez”, quizás con la intención de que este buen señor sea el encargado de acabar con los postreros focos de resistencia talibanes, ahorrando trabajo a los sofisticados sensores informáticos suponemos que sabiamente distribuidos por las fuerzas norteamericanas en los más recónditos e inhóspitos territorios afganos.

Según datos de la Organización Internacional del Trabajo, hace unos cien años el ser humano destinaba un 35 % de su vida al trabajo remunerado. Hoy este tiempo se ha visto reducido a sólo un 13 %, y en el inmediato futuro seguramente se reducirá aún más, quizás hasta ocupar solamente un 6 % de nuestra existencia sobre la tierra.

Ello no quiere decir que el trabajo haya dejado de constituir el eje central de nuestras vidas, ya que las preocupaciones en relación con el mismo se erigen generalmente como la principal prioridad, junto con la salud y el amor, en la habitual escala de valores de nuestra sociedad: algunas cosas cambian menos que otras. A fin de cuentas, hasta la pensión de jubilación que percibamos va a depender de nuestro trabajo previo y nuestra capacidad de ahorro, por lo que la aptitud para adaptarse al ritmo cambiante con que se mueve el mercado de trabajo en todos sus aspectos ha de constituir en el próximo futuro uno de nuestros primordiales intereses.

En el cambio está la perfección. “Ser perfecto consiste en cambiar a menudo”, decía Sir Winston Churchill, que entre otras cosas cambió del partido conservador al liberal y otra vez al conservador, aunque no cambió tanto en algunos de sus más conocidos hábitos personales, como beber dry martinis y fumar puros, aficiones que le acompañaron sin interrupción a lo largo de grandes tramos de su vida. Posiblemente esta frase del gran estadista sea cada vez más cierta según avanzan los tiempos, especialmente en estos los nuestros en donde el camino de la perfección pasa más que nunca por la capacidad de adaptación al cambio.

¿Dónde está mi mesa? Ya hay hechos ciertos, con los que estamos conviviendo, que suponen grandes revoluciones del entorno laboral. Por ejemplo, en algunas oficinas de empresas multinacionales no existen despachos fijos para los ejecutivos, sino que estos se sientan en los sitios que hay libres. ¿Una oficina sin despachos? Pues algo así: cada empleado se sienta con su ordenador portátil en los espacios que encuentra libres y se conecta a la intranet de la compañía desde cualquier lugar del mundo. Evidentemente esto lo hará en cualquier sede de la compañía, no necesariamente en su lugar de residencia habitual.

Nuevos nómadas. ¿Lugar de residencia habitual? ¿No es posible que hasta eso acabe cambiando? Las nuevas casas que se proyectan para el futuro se diseñan con habitaciones cada vez más polivalentes, decoradas con recursos cada vez más virtuales. ¿Llegará un momento en el que retornemos al nomadismo, sin tener un lugar concreto como vivienda fija?

Puede que ahora mismo parezca una idea aventurada, pero en la proposición de este tipo de ideas se ubica precisamente una de las formas de poder evaluar la capacidad de adaptación al cambio. De hecho, el teletrabajo está ocupando un porcentaje cada vez más importante del mercado laboral, especialmente en algunas ocupaciones, con lo que teóricamente podremos estar físicamente en cualquier punto del globo en nuestro desempeño laboral. No sé si estará sorprendido ante las nuevas posibilidades que en breve se abrirán ante nuestros ojos, pero lo que sí es cierto es que las sorpresas irán en aumento y ello hay que contemplarlo desde una perspectiva positiva. A fin de cuentas, como dijo el físico estadounidense John Archibald, “si no te ha sorprendido nada extraño durante el día, es que no ha habido día”.

UNA PAREJA CAMBIANTE.

Carlos y Lola constituyen una pareja normal. Se conocen desde la Universidad, se casaron en su día y conviven desde hace más de veinte años. Pero algo que quizás les distinga es su capacidad de cambio en el entorno laboral. Él comenzó estudiando Derecho, luego Empresariales y terminó como licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Ha trabajado como editor, como periodista, como alto ejecutivo de una gran empresa, como productor teatral y ahora trabaja de modo autónomo, como escritor, profesor de universidad a distancia y proveedor de contenidos para Internet. Ella estudió Filosofía, pero ha trabajado de azafata, librera, gestora de una asociación empresarial, directora de una empresa de importación de flores y luego se especializó en gestión cultural, trabajando ahora en una empresa cibernética coordinando proyectos de solidaridad vinculados a ONGs. ¿Que cambian demasiado? Pues aún queda lo mejor: durante los veinte años que llevan casados han ido turnándose para llevar los garbanzos a casa: unos años trabajaba él y otros ella, de modo que podían permitirse largos años sabáticos para destinarlos a sus aficiones personales. ¿Un ejemplo de cómo podrá ser la pareja del futuro?.

¿CÓMO PUEDE UNO PREPARARSE PARA EL CAMBIO?

Por ejemplo, leyendo alguno de estos libros:

· Descalzo sobre cristales rotos (los secretos del éxito personal en un entorno marcado por el cambio), de John Timperley (Ediciones Deusto, 2001): aunque aquí se utiliza como una metáfora, en algunos cursos para ejecutivos se enseña realmente a andar sobre cristales o sobre ascuas. Hasta ese punto se producen los cambios en la formación actual de los directivos.

· Reglas para revolucionarios, de Guy Kawasaki (Ediciones Martínez Roca, 2001): el director general de garage.com, tras el éxito de su obra “Cómo volver locos a tus competidores” enseña a crear como un dios, ordenar como un rey, trabajar como un burro, comer como un pájaro y defecar como un elefante. El autor declara que “las mayores credenciales son las cicatrices de las batallas libradas contra la resistencia al cambio”.

· La práctica de la inteligencia emocional, de Daniel Goleman (Kairós, 2000): tras el conocido best-seller “Inteligencia emocional”, que trastocó el concepto clásico de inteligencia, se presenta esta obra que está cambiando tanto la estructura de las organizaciones empresariales como la actitud de sus dirigentes de cara a las próximas décadas.

· ¿Quién se ha llevado mi queso?, de Spencer Johnson (Ediciones Urano, 2000): con el subtítulo de “cómo adaptarnos a un mundo en constante cambio” habla de dos ratoncillos y dos hombrecillos en un laberinto. Cuenta lo que les sucede cuando se quedan sin queso. Hay toda una saga a partir de aquí.

· Viaje a Ixtlan, de Carlos Castaneda (Fondo de Cultura Económica, 1975): quizás se sorprenda de encontrar este libro en este listado: no es solo porque sea una de mis lecturas favoritas, sino porque los más avezados directivos lo utilizan como manual para el desempeño de su trabajo y para diseñar su vida laboral. Trate de leerlo desde esta perspectiva: seguro que los brujos indios don Juan y don Genaro le descubrirán nuevas posibilidades.

VENTAJAS E INCONVENIENTES DEL CAMBIO.

Las principales ventajas que tiene una actitud “cambiante” (no quiere decir cambiar de trabajo exclusivamente) en el ámbito laboral son esencialmente las siguientes:

· Poder reciclarse con facilidad.

· Aprovechar mejor las oportunidades que vayan surgiendo.

· Poder identificar y desarrollar mejor las propias potencialidades, sin que queden frustradas.

· Generar y desarrollar mejores ideas.

· Divertirse más en el trabajo.

· Aumenta la posibilidad de tener mayor éxito profesional y económico.

· Trabajar en un ambiente más agradable y motivador.

Pero ser tan cambiante también tiene ciertos inconvenientes. Veamos algunos:

· Vivir con mayor incertidumbre.

· Que le tachen a uno de inconstante o poco serio.

· Estar algunas temporadas sin trabajo o ganando menos en unas épocas que en otras.

· Problemas de pareja provocados por la inestabilidad.

· Se incrementa el nivel de riesgo, incluso el de cometer errores.

· Crearse enemigos dentro de la propia empresa.

· Que le consideren a uno oportunista o “trepa”.

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