“No apasionarse es la señal del más elevado espíritu, y si la pasión puede afectar a lo personal, nunca alcance a lo laboral. Esta es la forma inteligente de ahorrar disgustos y de lograr reputación pronto y fácilmente”. Esta frase es solamente uno de los consejos que se pueden encontrar en “Oráculo Manual y el Arte de la Prudencia”, colección de sentencias comentadas escritas por Baltasar Gracián, jesuita aragonés nacido a principios de 1601, de quien se celebró hace poco el IV Centenario, con bastante bombo y platillo. Esta situación no es ajena el éxito que su obra en general y ésta en particular está teniendo entre los ejecutivos y directivos de todo el mundo. De modo indicativo, sépase que el Oráculo de Gracián ha vendido ya doscientos mil ejemplares solamente en Estados Unidos, constituyendo uno de los best-sellers para ejecutivos del momento.
Creo yo que estos consejos son también adecuados para este mundo del buen vivir que aquí nos ocupa, tanto para cocineros, hosteleros y restauradores, que de alguna forma o de otra son también empresas, como para los aficionados en general, motivo por lo que traigo esta tema aquí a colación. Ya me dirán ustedes si les parece o no adecuado.
Si bien Baltasar Gracián ha sido siempre reconocido en el mundo del pensamiento y la literatura (Unamuno, Borges, Umberto Eco, Voltaire o Schopenhauer, que tradujo el Oráculo al alemán, son algunos de sus estudiosos), el salto de su estudio al mundo de la empresa, al menos de un modo masivo, es mucho más reciente, y seguramente sea debido al carácter eminentemente práctico que tiene su discurso: esta sabiduría práctica nos puede proporcionar la prudencia y la cautela necesarias para resolver con éxito cada uno de los retos que se nos presentan en el mundo de los negocios, especialmente en los de índole internacional. La recomendación de la lectura del Oráculo en los principales cursos de MBA va más allá de lo anecdótico.
Y es que en el mundo de los negocios, y muy especialmente en el de los negocios internacionales, las buenas maneras y los aspectos protocolarios, iluminados por la cautela, el pragmatismo y la sabiduría de los que Gracián nos habla en sus sentencias comentadas, son muchas veces esenciales para acceder al éxito deseado. Existen muchas reglas, algunas no escritas, en el mundo empresarial y en las relaciones internacionales, sí, pero también en el gastronómico y en el de los estilos de vida, que deben ser tenidas en cuenta, si se quiere triunfar en nuestras aventuras internacionales, o al menos no cosechar un estrepitoso fracaso cuando uno realmente cree no merecerlo.
En este mundo cada vez más global e interrelacionado en el que nos ha tocado trabajar y negociar, comer, beber y amar, el conocimiento de las reglas del protocolo es una herramienta imprescindible para una gestión eficaz, por lo que no podemos permitirnos desconocer los códigos de conducta de otros lugares, entornos o culturas, dado que ello puede conllevar al menos situaciones de tensión, si no, lo que sería lamentable, a la posible pérdida de una oportunidad de negocio, o de una buena comida...
Por eso, la cautela, la sabiduría, la observación, el estudio, deben de ser normas de conducta, aún en aspectos que puedan parecer menores para nuestros más directos objetivos, y la lectura de Gracián, como hacen cientos de miles de ejecutivos de todo el mundo, puede sernos de gran ayuda.
He aquí algunos consejos, específicamente relacionados con la estrategia y el protocolo en los negocios, sobre los que se podrá pensar y profundizar leyendo el libro completo de Gracián y que considero que puede aplicar en sus momentos de ocio y hedonismo, acompañados de una copa o un buen plato:
· Eludir los defectos de su nación.
· Tratar con quien se pueda aprender.
· El fondo y la forma: no basta la sustancia, también se necesita la circunstancia.
· Variar de estilo al actuar.
· No tener defectos: César supo cubrir de laureles su calvicie.
· Conocer las insinuaciones y saber usarlas.
· No estar siempre de broma, ni rendirse a los malos humores.
· Saber desviar a otro los males.
· No responder a quien nos contradice.
· No ser de cristal en el trato con los demás.
“Lo bueno, si breve, dos veces bueno”, es una de las frases conceptistas que nos iluminarán a lo largo de esta lectura “graciana”, como empiezan a escribir algunos tras la notoriedad del centenario del jesuita, año en el que se celebraron congresos internacionales sobre su obra, de la que se llevaron a cabo nuevas ediciones, que han corroborarado la vigencia y universalidad del pensamiento de Gracián, así como el enfoque que en el mismo podemos percibir para llevar a cabo de una forma más correcta y exitosa nuestras relaciones y negocios de índole internacional.
Por cierto, recuerde que su interlocutor puede haber leído también a Gracián: el Oráculo está traducido a cien idiomas, habiendo una versión hasta en húngaro, ¡y en verso!...
Lunes, 28 de mayo
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Juan Luis Recio
Paulino Toribio
Ángel Sáez García
Peio Sánchez Rodríguez
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Julián Moreno Mestre