Del daiquiri al hara-kiri
09.06.06 @ 01:18:38. Archivado en Cócteles, Cine y teatro

“Un hara-kiri de melocotón”, pide al sorprendido camarero una tan simpática como disléxica Trixie Zurbo, interpretada por Emily Watson, en la película de Alan Rudolph, Trixie.
La muy joven madre soltera y finalmente malvada Ruby, le ha pedido ese pequeño favor, mientras se ausenta al servicio, y Trixie, con su gran torpeza verbal que compensa con una abundante dosis de inteligencia emocional, ha cambiado la petición de un Daiquiri de melocotón por esa extraña mezcolanza de palabras, que en el doblaje español se convierte en un más soso “potpurri de melocotón”.
“Haré lo que pueda”, dice el barman, divertido, a pesar del inmenso trabajo que se le acumula en una barra llena de clientes anhelantes. Finalmente, Ruby disfruta de su frutal Daiquiri, hecho con melocotón auténtico, antes de que ambas tiendan una trampa al Senador, papel que interpreta con soltura Nick Nolte, quien hace un uso magistral de un divertido juego del guión por el que todas las palabras que el Senador pronuncia, por increíble que parezca, están sacadas de discursos auténticos de políticos norteamericanos.
La verdadera historia del Daiquiri. Para llegar a las refrescantes y vitamínicas combinaciones actuales, en las que el Daiquiri se adapta a múltiples y frutales variaciones, como la que solicita Trixie, este popular cóctel, quizás en el Top Ten de la coctelería en todo el orbe, ha tenido que recorrer un largo camino que se extiende ya a tres siglos.
Fue a finales del siglo XIX, posiblemente en 1898, cuando el primer Daiquirí (inicialmente con acento en la i final, en recuerdo de la playa de Daiquirí, cerca de Santiago de Cuba), vio la luz. En esta playa, así como en la cercana de Siboney, desembarcaron en dicha fecha los marines norteamericanos, que tuvieron la genial ocurrencia de sustituir el agua por hielo en la “canchánchara” (mezcla de ron, miel, limón y agua) que tomaban los soldados cubanos en campaña. Así se creó el “Ron a la Daiquirí”, hecho originalmente con Bacardí y popularizado en las recepciones ofrecidas a los jefes militares durante 1899 por el administrador de la Spanish American Iron Company.
Otras fuentes atribuyen la invención de este cóctel concretamente al ingeniero americano Jenning Cox, cuando trabajaba en las Minas de Daiquirí abiertas en 1896, aunque la historia es equivalente.
La multiplicación de los Daiquiris y las frutas. El caso es que a partir de aquí, y en buena medida gracias a la hábil campaña de notoriedad que probablemente sin intención desplegó por todo el planeta el escritor Ernest Hemingway, la refrescante y sabia combinación se extendió con rapidez por todos los lugares, siendo disfrutada cada vez en más numerosas e imaginativas fórmulas, hasta aparecer en esta película de candente actualidad como un “hara-kiri de melocotón”, gracias a las dificultades verbales de la guardia de seguridad Trixie, quien dice frases tan notables como “no bebas como un estropajo” o “¡qué bien cantas a capulco!”.
Aunque en la película se pueden ver muchas otras bebidas, como el Bloody Mary adornado con una hermosa rama de apio que se salva de caer al agua desde un yate, cuando lo hacen los cuerpos de Trixie y su futuro novio, o el Dry Martini en la mesa del muy bebedor Senador, la versión “japonesa” del Daiquiri quedará de humorístico recuerdo en la mente del avisado espectador de la divertida cinta de Rudolph.
LA MULTIPLICACIÓN DE LAS FÓRMULAS.
· Daiquiri: en coctelera con hielo troceado verter una copa de ron blanco cubano, una cucharada de azúcar (o un chorrito de jarabe de azúcar), el zumo de medio limón y unas gotas de marrasquino (o Cointreau). Agitar con fuerza, colar y servir en copa de cóctel, adornando con una guinda roja. Si lo hace en batidora, para los días de mucho calor, tendrá un Daiquiri Frappé.
· Daiquiri de naranja: igual fórmula que el anterior, pero añadiendo el zumo de una naranja mediana. De igual manera puede hacerse también un Daiquiri de pomelo.
· Daiquiri de melocotón: mezclar en una batidora una copa de ron, un melocotón pelado y troceado, el zumo de medio limón, dos cucharaditas de azúcar y media taza de hielo picado. Batir durante quince segundos y pasar a una copa o vaso, adornando con una guinda y una rodaja de la fruta. Servir con pajita. Puede sustituir el melocotón por otra fruta, obteniendo, entre otras posibilidades, Daiquiri de plátano, Daiquiri de fresa o Daiquiri de piña. Hay quien le añade un chorrito de licor con sabor a la fruta correspondiente.
LA LEYENDA DE HEMINGWAY Y EL FLORIDITA.
· “Mi Mojito en La Bodeguita, mi Daiquiri en el Floridita”, dicen que decía el Nóbel Ernest Hemingway, quien pasó una larga temporada en Cuba, entre 1954 y 1959, y dio a conocer a todo el orbe este local, el Floridita, como cuna del Daiquiri.
· Parece que el escritor acudía allí a diario a tomar un Daiquiri, aunque otras fuentes aseguran que tomaba más de doce cócteles en cada visita.
· La fórmula que tomaba Hemingway era la siguiente: 0,25 onzas de azúcar blanca, 0,25 onzas de limón, 1,5 onzas de ron blanco, 4 onzas de hielo frappé y 5 gotas de marrasquino. Solía añadirle unas gotas de zumo de pomelo.
· A veces pedía una versión propia, el “Daiquiri a lo salvaje”, que tenía la misma composición pero con doble cantidad de ron, y que luego se llamó “A lo Papá”.
· El Floridita tiene ya casi 200 años de vida, y aunque no es el lugar donde se inventó el cóctel, sí que hizo una importante y popular adaptación: el hielo frappé y las gotas aromáticas, usualmente de marrasquino.
· La Bodeguita a la que se refiere Hemingway es la también muy conocida La Bodeguita del Medio, otro local de visita obligada en La Habana famoso por sus mojitos.
· Aunque muchos establecimientos presumen sin razón de haber tenido al Nóbel como cliente (y muchos otros, por ello, y en broma, se jactan de que “aquí jamás estuvo Hemingway”), estos dos locales de La Habana tienen todo el derecho del mundo a proclamar haber atendido incontables veces al escritor.
· Como saben, Hemingway se suicidó, aunque no se hizo el “hara-kiri”.
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Juan Luis Recio
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