¿Qué cena elegiría usted?
08.05.06 @ 06:13:22. Archivado en Libros, revistas
La primera posibilidad es una cena "por todo lo alto" en Burlington, elaborada por una familiar lejana que no nos cae muy bien y que nos promete que será tremenda, y que incluye un gazpacho para empezar y tarta de nueces casera originales de Vermont para concluir el festejo. Si ha elegido esa primera opción, como es el caso, puede que se enfrente a inconvenientes como que tenga una avería o un sabotaje en su vehículo y tenga que hacer noche en una posada de carretera, perdida y aislada, como Chowder Inn (por cierto, esto viene a ser algo así como "La Posada de la Sopa de Pescado"). Y allí, tiene la segunda opción: ¿cenar sopa de pescado?
No exactamente, al final aparece la hija del dueño de la posada y prepara un festival que incluye sopa de berros, lomo de cerdo asado, judías verdes con almendras y de postre créme caramel, todo regado con buen y abundante vino.
Esto es lo que les sucede a los protagonistas de Brooklyn Follies la última, espléndida y madura novela de Paul Auster, siempre genial (al menos para mí, y para mi amigo Elvis con quien siempre comento las obras de Auster que van apareciendo: ya sé que tiene detractores - bueno puede que Elvis también pero ahora me refiero a Auster-, y seguro que entre los lectores habrá alguno que podrá comentar su opinión, donde combina momentos de gran dramatismo con otros de clara hilaridad, estableciendo un fresco de la vida en este barrio de Nueva York justo antes del atentado del 11 de Septiembre.
El elegir una u otra cena puede cambiar tu destino, como sucede en Brooklyn Follies, aunque uno se encuentre como el protagonista del libro nada más que “buscando un sitio para morir”. Sólo por una cena, el trascurso de los hechos sucesivos puede que uno se crea el hombre más feliz del mundo, aunque estén a punto de llegar el horror y la humareda del fatídico atentado con el que entramos en esta nueva era, llena de sobrecogimientos, sí, pero también de cenas que pueden cambiar nuestras rutinas y dar un vuelco a nuestro futuro.
En la obra, sí, claro que hay mucha y buena literatura, también mucha madurez bien entendida, y también mucha comida y bebida en torno a los que suceden los hechos. El narrador va a comer a diario al Cosmic Diner, en la Séptima Avenida, donde "la comida era mediocre por no decir otra cosa", pero le atiende una camarera puertorriqueña (¿o prefiere portorriqueña?; ¿o se queda con las dos?) que van vale la visita diario, aunque sea para tomar un café con hielo y un sandwich de pollo...
Bueno, también hay en la novela ostras de Blue Point, whisky Macallan 12 o Wild Turkey, vinos variados, restaurantes como el Circle Café, muchos sitios, entornos, sabores y olores que van arropando un relato pausado aunque cargado, típico del autor, de giros inesperados que sorprenden y hacen difícil interrumpir la lectura. Bueno, Elvis, ya la he acabado.
Por cierto, la traducción es muy buena pero no parece que el traductor sea especialmente aficionado a los Martinis...
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Juan Luis Recio
autor
Contacto


