Muchos le recordarán como una parte de sus vidas, las transcurridas entre las mesas y las tertulias del Café Gijón, y muchos secretos se habrá llevado con él en este último viaje. Le recuerdo, por ejemplo, en su puesto el 23 F, cuando Emilio Sola, con quien habíamos quedado en el café nos indicó muy alarmado que algo estaba pasando en el Congreso...
Y es que el cementerio de la Almudena de Madrid acogió ayer la incineración de Alfonso González Pintor, el cerillero durante muchos años del Café Gijón de Madrid. Allí, en un rincón, vendía cerillas, tabaco, periódicos y lotería a los tertulianos y clientes: literatos, pintores y curiosos que asistían al popular establecimiento.
Alfonso González Pintor falleció el sábado a los 72 años. Durante las pasadas navidades sufrió un accidente de tráfico, lo que le obligó a someterse a una operación. Posteriormente, le sobrevino una neumonía y el sábado falleció. González Pintor nació en la localidad palentina de Barruelo de Santullán, en el seno de una familia republicana, anarquista y de izquierdas. A su padre le mataron durante la guerra y él mismo estuvo a punto de ser uno de aquellos niños que tuvieron que emigrar a Rusia durante el conflicto bélico. Sin embargo, pudo quedarse en España y en Madrid, aunque la situación no fue mucho mejor, ya que también le tocó pasar tiempos duros. 
Muchos escritores que asiduamente asisten al Café Gijón de Madrid han recordado a este vendedor como su confidente, y al mismo tiempo añoran las anécdotas que él mismo les contaba, sobre cómo la pobreza de los años de la guerra y de la posguerra le obligaron a recoger colillas para subsistir y sobre cómo llegó a vender tabaco en el rincón más afamado de las tertulias literarias.
Cuenta Arturo Pérez Reverte que "hace tiempo prometí que un día pondríamos una placa con su nombre donde, desde hace treinta años, asiste a las idas y venidas de los clientes, presta dinero y fía tabaco, te guarda la correspondencia y confirma el generoso corazón de oro que late tras su gesto irónico y el mal genio que asoma cuando le pega al frasco y recuerda que su padre, miliciano anarquista, luchó por la libertad antes de morir en la guerra civil, dejando a su huérfano sin infancia, sin juventud, sin instrucción y lejos del lado fácil de la existencia. Por eso en la placa pone: «Aquí vendió tabaco y vio pasar la vida Alfonso, cerillero y anarquista. Sus amigos del café Gijón». La redactamos así, en pretérito indefinido, para que Alfonso sepa qué leerá la gente cuando él ya no esté allí. Privilegio ese, conocer en vida el juicio de la posteridad, que está reservado a muy pocos. A grandes hombres, tan sólo. A gente especial como él."
Martes, 29 de mayo
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Juan Luis Recio
Paulino Toribio
Ángel Sáez García
Peio Sánchez Rodríguez
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Julián Moreno Mestre