El buen vivir de Juan Luis Recio

Paraíso Fiscal

24.12.05 | 12:22. Archivado en Cócteles, Cine y teatro
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Ahora que estoy en Tánger, pasando unas extrañas fiestas navideñas de las que les iré contando, he recordado cómo se mezclaban las cervezas de abadía, Tánger y el Paraíso Fiscal en la trepidante trama que desarrollaba la películaLa caja 507”, todo un duelo entre Antonio Resines y José Coronado.

“No vamos a mejorar nuestra oferta, pero podemos empeorarla”, amenaza un muy convincente José Coronado, encarnando el papel de un ex-policía municipal al servicio de un capo de la mafia italiana, mientras escupe sobre la copa de espumosa cerveza Grimbergen que iba a tomar el corrupto constructor inmobiliario al que chantajea, dándole una copia de las fotos en las que se le descubre en un turbio caso de corrupción de menores en Marrakech. Esta escena, de las primeras de la película de Miguel Urbizu, “La caja 507” marca la tónica de la película, cargada de corrupción, amenazas, violencia y alcohol.

En el lado del mal.

Alcohol situado especialmente en el lado del mal, asociado a Coronado, frente a la figura honrada del director de sucursal bancaria que pone en escena Antonio Resines, dando lugar a un duelo entre dos grandes actores de la pantalla española, que no es habitual contemplar en las producciones que se ofrecen en las salas de cine. Si bien es verdad que la frontera entre el bien y el mal se va difuminando a lo largo de la cinta, contemplándose el paulatino endurecimiento del buen empleado de banca, frente a la caída estupefacta del inicialmente duro extorsionador que encarna Coronado, es con éste y su entorno con quien se pueden asociar las referencias alcohólicas que la película va mostrando.

Borracheras y masacres.

Tras la inicial y profanadora incursión en las cervezas belgas de abadía, podemos ver cómo José Coronado encuentra a su novia (la actriz canaria Goya Toledo) completamente borracha, y decide tirar por el fregadero una botella de vodka, para evitar la reproducción del estado etílico en el inmediato futuro. Lo que consolida mediante otra nueva amenaza, proferida a su novia, tan amante del vodka como de su compañía: “si vuelves a emborracharte otra vez, te mato”.

Amenazas como ésta no las enuncia Coronado en balde, como demuestra mediante la masacre que ocasiona en un almacén de Tánger, ante la presencia de una botella de Johnny Walker etiqueta negra, que está bebiendo la rubia atracadora de la sucursal bancaria, y que tras bambolear como consecuencia de la violencia desencadenada, es enderezada por el ex-policía, quien se sirve un trago en el mismo vaso que usara la ahora fallecida. Un trago destinado acaso a reponerse del exterminio de toda una pandilla de atracadores, masacre en la que incluye también a un anciano marroquí que por allí andaba, no se sabe muy bien por qué.

Con la intención de que, lejos de que seamos invitados a ninguna masacre, disfrutemos copa a copa de los más variados sabores y consigamos sortear cualquier amenaza que nos ronde, nada mejor que comenzar con una contundente cerveza belga, trapense o de abadía, para sumergirnos después en un auténtico “Paraíso Fiscal”, cóctel original del barman José María Gotarda y que parece adecuado al contexto en el que se desarrolla la película, plagada de especulación inmobiliaria, dinero negro y cajas de seguridad, y acabar, si todavía tenemos ánimos, con un cóctel tranquilo como el “Tánger”, con un sabor final que recuerda al mundo árabe, pese a las reminiscencias italianas que evoca el profundo sabor del Amaretto. ¿Podremos, copa a copa, sortear tanta amenaza?

CONSTRUYENDO UN PARAÍSO FISCAL.

· Paraíso Fiscal: en coctelera con hielo verter un tercio de coñac o brandy, un tercio de licor de frambuesa y un tercio de vermouth rosado. Agitar, colar y servir en copa de cóctel o de vino previamente enfriada, adornando con una frambuesa, una guinda roja y media rodaja de cítrico. Es una receta original de José María Gotarda, quien la recomienda como aperitivo, a pesar de su ligero dulzor. El resultado es suave y bien ligado.

· Tánger: en coctelera con hielo verter un tercio de nata líquida, un tercio de Amaretto di Saronno y un tercio de café frío azucarado. Agitar con fuerza, colar y servir en copa de cóctel. Adecuado para la sobremesa.

LAS CERVEZAS DE ABADÍA Y EL AVE FÉNIX.

· En algunas abadías belgas se comenzó a fabricar cerveza ya en el siglo XII, tanto para el propio consumo como para su comercialización en la zona, encontrando de este modo sustento los monjes que en las abadías moraban.

· Tras la reforma realizada en el siglo XVII por el abad Rancé en el monasterio cisterciense francés de La Trappe, y la posterior huída de los monjes de la nueva orden trapense a Bélgica y Holanda para escapar de la persecución de la anticlerical Revolución Francesa, comenzó a producirse también cerveza en los monasterios trapenses en el siglo XIX.

· Hoy día las únicas cervezas belgas que se producen aún en monasterio son las trapenses (Achelse, Chimay, Orval, Rochefort, Westmalle y Westvleteren), lista a la que habría que añadir la cerveza La Trappe, del monasterio trapense holandés de “De Schaapskool”.

· Mi cerveza trapense favorita es la Westmalle, a la que dediqué una canción, “Una cerveza en Bruselas”, interpretada por Patacho. Se puede degustar la Westmalle de barril, acompañada por queso trapense, en el Cafe Trappisten, propiedad de los monjes del monasterio, situado cerca de Amberes.

· Las actuales cervezas de abadía no son ya elaboradas por los propios monjes, sino por fábricas convencionales a los que las abadías han concedido licencia para que las fabriquen con su nombre: este es el caso de Grimbergen, la cerveza que sale en “La caja 507”.

· Las cervezas trapenses y las de abadía se suelen distinguir en dobles o triples, atendiendo al número de fermentaciones que sufren, la última de ellas siempre en botella.

· Las cervezas Grimbergen, son originales de la abadía del mismo nombre, fabricándose hoy día con su licencia por Alken-Maes.

· En la etiqueta de la cerveza Grimbergen figura el lema del Ave Fénix, “Ardet nec Consumitur”, “quemado pero no destruido”. La abadía resurgió varias veces de las cenizas, siendo reconstruida tras sucesivos incendios.

· La Grimbergen doble tiene 6,7º y acompaña muy bien al jamón, a la charcutería ligera y a los quesos suaves, así como al pan con tomate.

· La Grimbergen triple tiene 9º y va bien con verduras a la plancha, quesos fuertes o pollo asado.


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