“No se quede ahí de pie, parece usted un flan congelado”, brama el ácido periodista Sheridan Whiteside en El hombre que vino a cenar, con la intención de ahuyentar y amedrentar, en este caso, a su enfermera, aunque el truco lo utiliza con cualquier bicho viviente que encuentra en su camino. Por culpa de un desliz, más exactamente, un fatídico resbalón en la nieve del frío invierno de Ohio que quizás convendría interpretar como castigo divino o como trampa del destino, se ve impelido a pasar la Navidad en casa de una acomodada familia del profundo interior norteamericano, a la que consigue desequilibrar de continuo con sus mordaces comentarios y reiteradas inconveniencias.
Una fractura ósea, seguramente producida por la osteoporosis, lo mantiene un mes recluido en la mansión de sus anfitriones, acompañado por su secretaria, interpretada por Bette Davis en la película de 1941. La abundante y continuada acritud que despliega el periodista solamente queda contrarrestada con un poderoso antídoto, el eggnog, cóctel navideño por antonomasia que Whiteside ingiere con fruición, y que si hubiera tomado con más asiduidad anteriormente quizás hubiera prevenido mejor su dolencia ósea, habida cuenta del importante componente lácteo que contiene este festivo y sociable combinado.
Millones de eggnogs.
Porque el eggnog, con un huevo entero y su ración de leche (que puede espantar a muchos habituales bebedores), tiene lógicamente un tremendo valor nutritivo, suavizando el carácter de quien lo bebe, gracias a los ingredientes alcohólicos y al azúcar, sin contar con los poderes añadidos de la exótica nuez moscada. Aunque en nuestro país no sea muy frecuente su consumo, millones de personas, muchas de ellas de habla hispana, beben un eggnog durantes las fiestas navideñas, y en concreto en Nochebuena, cantando villancicos en familia e intentando tener la fiesta en paz, a la vez que pidiendo con sinceridad que se extienda por completo la paz en los hogares y en todo el orbe.
Partiendo de los ponches de leche y vino de la vieja Europa, los norteamericanos popularizaron esta bebida, variando con frecuencia el componente alcohólico, que podía ser brandy, ron, whisky americano o el apreciado vino español de Jerez, según las épocas y lugares.
El ron y sus cócteles, sobre todo cuando se trataba de los populares ponches calientes que tanto ayudaron a soportar las frías temperaturas invernales, era conocido en América como grog, por lo que posiblemente el término egg-and-grog pudo derivar fácilmente en la denominación actual. Otra explicación sobre el nombre tiene que ver con las pequeñas tazas de madera en las que se servía este cóctel, que se preparaba en grandes cantidades para toda la familia e invitados, y que eran conocidas como noggin. Si se juntara todo, tendríamos que decir “egg and grog in a noggin”, con lo que habida cuenta la tendencia anglosajona a abreviar, deja claro el porqué del nombre de seis letras actual.
En cualquier caso, constituye el eggnog una alternativa a otras bebidas más convencionales, y que puede dar un toque diferencial a sus celebraciones navideñas. Especialmente si quiere tener la fiesta en paz y desea hacer desaparecer los malos pensamientos o las amarguras propias o ajenas. Si cuenta con un invitado tan ácido como Whiteside (en la obra se parodia a un periodista real muy popular en su época, Alexander Woolley), o quiere mejorar su propio humor para esta noche, quizás esta bebida le ayude a entonarse y tener una placentera noche de paz, como desde aquí me permito desearle.
LA FÓRMULA.
· En coctelera con hielo, ponga un huevo entero, una cucharada de azúcar, media copa de brandy y media de ron oscuro. Agite con fuerza y cuele en una copa o en un vaso con hielo. Complete con leche al gusto (y si quiere también nata líquida, o incluso solamente nata líquida), y espolvoree por encima un poco de nuez moscada (que puede sustituir por canela molida).
· Puede cambiar el brandy y el ron por una copa de bourbon, que es como se toma en los Estados sudistas, donde también se sirve a veces caliente.
· Para los que no beben alcohol: bata un par de huevos frescos con tres cucharadas de azúcar. Mézclelos con medio litro de zumo de naranja y el zumo de un limón, y ponga la mezcla resultante en una ponchera. Vierta con suavidad un par de botellitas de ginger-ale por las paredes de la ponchera (para mantener más tiempo el gas) y ponga pequeñas bolas de helado de vainilla distribuidas por la superficie del recipiente. A los niños les encantará.
· Aunque en invierno es más difícil que la salmonella haga su aparición, si tiene miedo a tomar el huevo crudo, puede calentarlo un poco con agua antes de usarlo. En cualquier caso, vigile que el huevo que utilice no esté roto y sea realmente fresco.
UN POCO MÁS SOBRE LA PELÍCULA Y SOBRE EL CÓCTEL.
· La obra El hombre que vino a cenar es una comedia pensada originalmente para el teatro, escrita por Moss Hart y George S. Kaufman en 1939. Bette Davis fue quien se empeñó en interpretarla en la pantalla, convenciendo para ello a la Warner.
· En esta obra, además de parodiar al popular periodista Woolley, se satiriza a muchos otros personajes conocidos en la época, y algunos todavía hoy en día, como Noel Coward (quien por cierto debe su nombre de pila al hecho de haber nacido casi el día de Navidad, hace ahora algo más de cien años) o a los hermanos Marx, unidos en la obra en un único personaje, Banjo, que evoca fonéticamente a Harpo.
· El hombre que vino a cenar es todavía una exitosa comedia que se representa a veces en Broadway, y dentro de poco podremos ver en las pantallas un remake de la misma.
· Aunque el cóctel original se hacía solo con ron oscuro, Pierce Egan tuvo la idea en 1820 de añadir brandy, llamando a su combinado “Tom & Jerry”.
· Durante todo el siglo XIX y en los Estados Unidos, era un símbolo de hospitalidad navideña, que debía ser ofrecido a cada visitante que llegaba a la casa. Los jóvenes de Baltimore se hicieron famosos porque hacían rondas de una casa a otra bebiendo eggnog hasta que no podían más.
· El primer Presidente americano, George Washington, era muy aficionado al eggnog. Su receta propia incluía whisky de centeno (rye), ron y jerez.
· Otra interpretación sobre el posible origen del eggnog afirma que esta bebida es británica, haciéndose con la cerveza inglesa conocida como ale que coloquialmente se denominaba nog.
· En Puerto Rico se hace una bebida similar (con ron, claro), conocida como coquito.También hay una versión mexicana, original del convento de Santa Clara, en Puebla. En Perú se hace un eggnog con pisco, el rico aguardiente local.
Viernes, 17 de febrero
Ángel Sáez García
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Padre Fortea
Ángel Gutiérrez Sanz
Chris Gonzalez -Mora
Carlos Ferrer
José Donís Català
Paulino Toribio