El 8 de diciembre se cumplen 25 años del asesinato de John Lennon, y lo recordé ayer en casa, al toparme con el mensaje que me llevé clavado en una maceta, como todos los visitantes, hace un par de años de la muestra Impressions que Yoko Ono expuso en el Palau de la Virreina en las Ramblas barcelonesas y que todavía conservo. Cada vez que la veo pienso en Yoko Ono y John Lennon, que se conocieron también en una galería de arte, y en sus esfuerzos para dar una oportunidad a la paz. Y al pensar en ellos en este contexto, les ofrezco a probar un cóctel pacifista y un postre de Navidad, que confío en que les gusten.
A poco de llegar de nuevo la Nochebuena, en este año, como todos los últimos, tan lleno de conflictos, parece un momento adecuado para establecer una pausa, para adquirir un poco de perspectiva, para distanciarse ligeramente de la realidad cotidiana, y ver las cosas, dentro de lo que cabe, con un poco de humor y espíritu pacificador, como hizo John Lennon en la película de Richard Lester de 1967 Cómo gané la guerra, en donde, ambientada la acción en la Segunda Guerra Mundial, se realiza una pacifista crítica de la guerra del Vietnam, con variados y divertidos tintes hippies, como el color cambiado que adquieren los soldados muertos en combate.
Por el Maharashi al licor de cerezas. Porque eran los años sesenta tiempos en los que medraban los planteamientos más pacíficos, a pesar de que los conflictos bélicos, que se empeñan en no querer dejar en paz nunca al planeta, estaban también a la orden del día. El también malogrado George Harrison y Ringo Starr, buscando una oportunidad para su paz interior, volaban en el mismo año de 1967 en el que se estrenó la película (rodada en Almería el verano anterior) a la lejana costa nórdica de Falterbohus, vía Copenhague, en un ajetreado viaje de ida y vuelta en el día, cuando grababan precisamente la canción “Hello Goodbye”, para encontrarse durante un rato con su líder espiritual Maharashi Mahesh Yogi en su Academia de Meditación Trascendental.
Seguro que les dio tiempo de degustar un Cherry Heering, aunque fuera en la barra del bar del aeropuerto de la capital danesa. Copenhague y su pequeña sirena, otro símbolo pacífico que permite evocar el viejo licor de cerezas originario de esta ciudad, tan usado por los daneses durante las fiestas de Navidad, que celebran ya incluso antes, por increíble que parezca, del nacimiento de Cristo.
Bourbon vs. vodka. Buscaban, George y Ringo, un poco de paz en la lejanía, como procura el cóctel Paz Ahora, fusión de los dos mundos enfrentados durante la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética: fusión entre el bourbon y el vodka, alcohólicos enemigos, que logran armonizarse a través de la más clásica y eficaz de las bebidas tranquilizadoras y relajantes, una infusión de tila, extrañamente incluida en una combinación alcohólica.
Pero a veces hay que huir de las vías más trilladas para encontrar una solución a los conflictos, y esta mezcla, con la complementaria acidez de unas sabias gotas de limón, actuando de eficaz contrapunto, puede ser un interesante camino inexplorado en la búsqueda de un poco de tranquilidad para nuestros a ratos alterados espíritus, un motivo para permitirnos una pausa en estos conflictivos tiempos. Así que, al menos durante esta Navidad, ¡ojalá que para siempre!, les deseo sinceramente que pasen la fiesta en paz.
¿CÓMO SE CONSIGUE PAZ AHORA?
Hacer previamente una infusión de tila, añadir azúcar si se desea un poco dulce y dejar enfriar. Una vez hecho esto, para preparar el cóctel, se hace directamente en un vaso ancho con hielo, vertiendo un chorro generoso de bourbon (como un cuarto de copa), igual cantidad de vodka y unas gotas de zumo de limón recién exprimido. Completar con la infusión fría de tila, remover bien, y adornar con una ramita de menta fresca y, opcionalmente, una rodaja de limón. También puede incluir una guinda verde y otra roja, a ver si se ponen de acuerdo.
Si no quiere tanta paz...
· Yemen: en coctelera con hielo, verter un medio de ron blanco, un cuarto de Cherry Heering (o en su defecto cherry brandy o licor de cerezas) y un cuarto de té frío. Agitar, colar y servir en copa de cóctel. Es una refrescante creación del afamado barman José María Gotarda.
· Guerrero: en coctelera con hielo, verter dos quintos de coñac, dos quintos de ron, un quinto de vodka y tres golpes de Southern Comfort. Agitar, colar y servir en vaso bajo con un par de cubitos de hielo, para suavizar algo el furor guerrero que aporta esta fuerte combinación.
UN POSTRE DANÉS PARA NOCHEBUENA.
El Cherry Heering es un licor rojizo producido en Dinamarca a partir de brandies y cerezas rojas, que tiene unos 35º. Mezcla sabiamente el dulzor de las rojas frutas con la fortaleza del alcohol, logrando una agradable combinación, y resulta adecuado para la época invernal, siendo muy consumido durante las fiestas navideñas. En concreto, la cena de Nochebuena de los daneses, tras degustar pato, ganso o cerdo asado con patatas cocidas y glaseadas y lombarda, suele concluir con “ris à l´amande”, una especie de arroz con leche con trocitos de almendra que se come con una salsa caliente de cerezas, salsa que se hace precisamente con Cherry Heering. De modo similar a nuestra costumbre con el roscón de Reyes, los daneses esconden una almendra entera en el arroz y el que la encuentre recibe un regalo como premio.
El arroz con leche, es similar al nuestro, aunque aromatizado con vainilla en vez de con canela en rama, añadiéndosele al final nata montada y almendras picadas. Para hacer la salsa de cerezas, se lleva al punto de ebullición una cantidad igual de zumo de cerezas y de Cherry Heering, añadiendo justo antes de la ebullición una cucharadita de harina de patata diluida en un poco de zumo. Se completa con cerezas confitadas y se sirve caliente.
Viernes, 17 de febrero
Ángel Sáez García
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Padre Fortea
Ángel Gutiérrez Sanz
Chris Gonzalez -Mora
Carlos Ferrer
José Donís Català
Paulino Toribio