El buen vivir de Juan Luis Recio

Lavinia

24.11.05 | 08:57. Archivado en Restaurantes
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Al final, encontré un lugar para devolver la invitación a mis amigos Javier y Alejandro, con quienes estuve hace poco en Casa Marco, y fue un lugar realmente maravilloso para cualquier aficionado al vino y a la buena cocina, un lugar, además, a la última entre los aficionados, ya que se acaba de inaugurar un restaurante dentro dela mayor tienda de vinos de Europa, en Lavinia, la enorme y apasionante tienda sita en la madrileña y prestigiosa calle de Ortega y Gasset.

En la zona de arriba, en el espacio que habitualmente se dedica a catas y presentaciones, han abierto un pequeño restaurante con capacidad para 30 personas, que hará las delicias de todos, especialmente por la posibilidad de poder probar todos los vinos, miles, y de todo el mundo, que se ofrecen en la tienda, y precisamente a ese precio, a precio de tienda. Pese a lo que algunos piensan por la zona en la que se encuentra, los precios de Lavinia son muy contenidos, y se pueden encontrar grandes posibilidades por muy pocos euros. También tienen joyas exclusivas y carísimas, y la verdad es que es un buen lugar para permitirse esta posibilidad, por el cuidado que ponen en la conservación de las botellas y porque el precio siempre será inferior al que encontrarán en la carta de un restaurante convencional.

Y en lo que respecta a la cocina del restaurante, es variada y moderna, con buenas materias primas y con trato de las mismas cuidado y profesional. Los precios son moderados, y ofrecen algunos platos fuera de carta, a veces centrados en temas o zonas: el día que estuve había platos cántabros, entre ellos, un cocido montañés.

Con mis amigos de Invymark tomamos un menú muy variado con varias entradas, pescados (raya con salsa romesco, lubina) y carne (potro, bisonte) y un agradable postre de boniato. Por cierto, por confusión, me pusieron el postre cuando iban a servirme una carne y por poco me tomo el plato que correspondía a Álvaro Palacios, el afamado enólogo, que comía un menú muy similar al nuestro en la mesa de al lado, rodeado de un numeroso grupo. Cuando nos fuimos, iniciaban ellos el consumo de una botella de Armagnac, tema, por cierto, del que les hablaré próximamente.

Así que, como ven, es un lugar en el que además se pueden tropezar con grandes expertos del mundo del vino. Y de la gastronomía, como el responsable de una conocida revista del sector, que no pudo ser atendido ese día porque el comedor estaba ya al límite de su capacidad de servicio: treinta personas, según me comentó Flequi, responsable del restaurante, jerezano y buen conocedor de los vinos de todo el mundo. Fiados por su consejo fuimos probando champagne y manzanilla de aperitivo, un correcto Chablis con las entradas y dos tintos para los sucesivos platos, un argentino Monteviejo Malbec 2000 y un Côtes de Rhône para acabar con las carnes, de la D.O. Rasteau. Los postres vinieron con un vino blanco de Nueva Zelanda elaborado, creo recordar con chenin blanc...

Si vienen a conocerlo, igual me encuentran por allí, porque pienso repetir. Alejandro me contó de sus avances en la fotografía, afición en la que acaba de conseguir un nuevo premio, y Javier me habló de un sitio de Barcelona, al que no tenía más remedio que ir. Y fuí, claro. Mañana lo cuento.


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