Para medir el consumo de alcohol en los jóvenes en Argentina, se preguntó recientemente en una encuesta “cuántas botellas de vino por persona calcularían para hacer el Clericó”, dada la popularidad de esta bebida en aquél país. La solución a la pregunta la encontrará casi al final de este artículo.
Pensando en esta encuesta, y ahora que se acaba el verano en Europa y cuando ya empiezan a desear su llegada los amigos de países americanos como Argentina y Uruguay, estamos a tiempo de cambiar nuestros “tintos de verano” o sangrías por otras opciones más originales e igualmente refrescantes, como la solución argentina a los rigores del verano, el Clericó, un cup de la familia de nuestra sangría, que descubrí en una visita a Buenos Aires que les paso a relatar..
“¿El pez también se come?”, pregunté socarrón al camarero, cuando puso sobre mi mesa un impecable cóctel de mariscos sobre una inmensa copa en la que nadaba, ajeno a mi festín, un pez multicolor y jaranero. La verdad es que sentí pena por el pobre animal, e incluso se me pasó por la cabeza avisar a PETA (People for the Ethical Treatment of Animals), pero el contexto no me lo aconsejaba. Así que haciendo caso al sabio consejo de “a donde fueres haz lo que vieres”, me tomé los mariscos tratando de no importunar en exceso al pobre pececillo.
Me encontraba en uno de los elegantes restaurantes del barrio bonaerense de La Recoleta, en los que se puede pedir sin riesgo alguno el cóctel más complicado, pero, lejos de sofisticaciones, habíamos solicitado una combinación muy popular en Argentina, con la que aliviar los rigores del verano, antes de disfrutar de las playas uruguayas de Punta del Este. No consiguió el Clericó deshinchar nuestras piernas, fenómeno típico bien conocido por los visitantes a esta austral zona del planeta (que nunca tendrán la osadía de comprarse aquí zapatos, a no ser que sean de unas cuantas tallas más de la habitual), aunque sí refrescarnos y acompañar el almuerzo con una divertida conversación, casi tan jaranera como el pez que seguía haciendo sus piruetas por debajo de los trozos de camarones y las finas tiras de lechuga.
Darse al tango. Aunque realmente pertenecen a la misma familia, un Clericó no es una sangría, al menos tomado en Buenos Aires y con los productos locales. De esa misma opinión, pero a la inversa, eran Mauri y Juane, cuando compartimos otro Clericó, éste servido en el madrileño Vinitis, tras terminar su interesante actuación de jazz en el cercano Hylogui que cuenta con bar y restaurante. Estos músicos argentinos radicados ahora en España, consideran que aquí hay que beber sangría y en Argentina Clericó. Y no les falta razón. “Es como el tango, no es igual en la calle Caminito, por muy comercial que sea ahora, que en la calle Ventura de la Vega”, decía Juane, junto a sus instrumentos de viento aún exhaustos. “Aunque un español, Carlos Saura, ha sabido darse al tango ofreciendo un bello documental sobre el mismo, sacando decorados de la calle Caminito, por cierto, a la vez que entreverando un relato sobre la crisis existencial y las diferencias de edad en el amor”, apostillaba Juane cambiando como si nada la cuerda a su guitarra. “Caminito al tango”, rió.
Motivo de charla. No pude dejar de pensar en algunas escenas de la bella película de Saura: en la botella de champán argentino de la marca Chandon que tenía el dueño del local en su despacho, y con la que invita a Miguel Ángel Solá (que hace el papel del director del documental sobre el tango, dentro de la película), o en las variadas copas, seguramente muchas de ellas de Clericó, que inundan las mesas del local en que doblemente se rueda: la película de Saura y el documental de ficción. La película, presentada en Cannes y candidata al Óscar por Argentina hace unos años, nos sirvió de apoyo, junto con el Clericó, para recordar nuestras distintas estancias en aquél país austral, toda la magia de Caminito y La Boca, la solución argentina a los rigores del verano, y un largo etcétera. En fin, un recurso para animar la charla entre amigos, oportunidad que suelen propiciar las bebidas, como este refrescante y oportuno Clericó.
UNA DE LAS POSIBLES FÓRMULAS.
1. Seleccionar unas buenas piezas de fruta, entre las que no deberían faltar melocotones o duraznos, manzanas verdes, plátanos, naranjas y limones. También se puede incluir melón, kiwi, fresas o fresones, cerezas o picotas, uvas, mandarinas, peras, piña, ciruelas, etc. Partir la fruta en dados del modo más uniforme posible. Incluir unas tiras de piel de los cítricos.
2. Seleccionar el vino, sidra o espumoso a utilizar: lo más habitual es el uso de vino blanco más bien dulce, aunque se podría utilizar rosado o tinto, cava o champán. En Argentina se utilizan vinos locales como los muy afrutados y florales torrontés (de los valles Calchaquíes), los merlot rosé (Argentina reúne unas condiciones climatológicas excepcionales para esta variedad), blush (muy populares y afrutados, con utilización de la cepa Zinfandel), o incluso vinos dulces.
3. En una jarra grande, ponchera u otro recipiente para cups, poner la fruta, añadiendo azúcar o jarabe de azúcar al gusto, y presionando suavemente con una cuchara de madera para que la fruta desprenda un poco de su primer zumo.
4. Añadir unos cuantos cubitos de hielo y revolver bien.
5. Aunque no es ortodoxo, puede incluir una copa o dos de alcohol al gusto, ya sea dulce (Cointreau, Grand Marnier), seco (ron, vodka, calvados) o una mezcla de ambos.
6. Completar con una botella del vino o espumoso elegido, revolviendo con suavidad. Aquí también se admiten mezclas, aunque no es lo más habitual.
7. También se puede añadir un poco de zumo de naranja, algún refresco o soda, si se desea una combinación más ligera y refrescante.
8. Añadir un poco más de hielo y servir, revolviendo de cuanto en cuanto para que la mezcla no pierda uniformidad al sedimentar la fruta.
DESVELANDO SECRETOS.
· Aunque a veces se dice que el Clericó es una bebida de clérigos, el origen de la palabra podría venir de la expresión claire-licot, de origen francés, como defiende Guillermo, de Vinitis, que cuenta con la ventaja de ser argentino. También hay quien defiende que claret cup sería la expresión inglesa original, que ha degenerado en el nombre por el que actualmente se conoce esta mezcla en Argentina. Seguro que los lectores del Cono Sur nos dan otras hipótesis...
· Es tan popular el Clericó en Argentina, que para medir el consumo de alcohol en los jóvenes se preguntó recientemente en una encuesta “cuántas botellas de vino por persona calcularían para hacer el Clericó”. Y he aquí la respuesta que prometía al principio, y, por cierto, la mayoría no se quedó corta: casi el 50 % contestó que una botella de litro por persona.
· Aunque es siempre mejor usar frutas naturales, es muy habitual utilizar algunas latas de frutas en almíbar, sobre todo de melocotón y piña.
· En febrero se celebra en Mendoza la Fiesta de la Fruta y la Hortaliza, motivo por el cual se suele elaborar un Clericó gigante en la feria de Luján de Cuyo. Se utilizan casi mil litros de Sauvignon Blanc y 500 kilos de fruta, en un recipiente con capacidad para unos 4.000 litros.
· Un 75 % de la producción vinícola argentina es de Mendoza, región situada junto a los Andes, cerca de Chile, y que dedica más de 150.000 hectáreas a viñas. Las cepas de malbec, merlot o syrah están ya muy arraigadas en la región mendocina que todavía seguirá deparando nuevos hallazgos, en el próximo futuro.
· La primera vez que vi tomar, en un restaurante alemán de Buenos Aires que me recomendó Pepe Ferrín, el fotógrafo de la Agencia Gallega de Noticias, una botella de Chandon con hielo en los vasos, quedé muy sorprendido, Después, uno se va acostumbrando...
Lunes, 28 de mayo
Carlos Juan Gómez Martín
Juan Luis Recio
Paulino Toribio
Ángel Sáez García
Peio Sánchez Rodríguez
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Julián Moreno Mestre
Atticus-444