El Código Da Vinci ataca pilares de la Iglesia
05.05.06 @ 15:09:57. Archivado en Religión
Dan Brown presenta una novela de ficción como si fuese el resultado de un profundo trabajo de investigación. La divinidad de Jesucristo y la historicidad de los Evangelios son algunos de los pilares de la Iglesia que ataca Brown, y que previsiblemente recoge la película 'El código Da Vinci', que se estrenará de modo inminente lanzada por Sony.
El semanario ALBA publica esta semana varios análisis y entrevistas sobre la película y la novela, e informa que personalidades de la Iglesia Católica llaman a la "acción civil pacífica" contra el filme y piden a los católicos una reacción.
El doctor en Historia de la teología, sacerdote del Opus Dei y miembro de la Academia de Historia Eclesiástica, D. José Carlos Martín de la Hoz, denuncia que "El código Da Vinci ataca pilares de la Iglesia" y comenta que "La figura del Opus Dei sale evidentemente deformada. Aparece un monje numerario con capucha, cuando nosotros proclamamos la llamada a la santidad en medido de la calle. Además aparecemos como sicarios. Eso daña nuestra fama y nos puede afectar porque hay personas que van a tener una visión equivocada, pero en realidad es mucho más serio, mucho más doloroso, el ataque de fondo de Dan Brown a esos tres pilares de la Iglesia. Ése es el problema fundamental". En su opinión, "estos ataques se combaten con más amor. Los cristianos tenemos que distinguirnos por nuestra capacidad de amar".
La obra de Dan Brown es para este experto en Historia de la Teología un test cultural. Los errores históricos que contiene defraudan al lector mínimamente formado, como explica en esta entrevista, en la que cuenta además hasta qué punto dañan este tipo de ataques a la Iglesia.
-¿Qué esperan de esta película?
-El libro lo que hace es marcar un thriller, es una novela o película de acción que intenta presentar un secreto oculto que se desvela. En ese sentido, el tratamiento de la película puede remarcar la parte de acción del libro, o la idea de la búsqueda del cuerpo de María Magdalena como esposa de Jesús. En función de lo que subrayen, hará más o menos daño.
-¿Qué le parece el libro como obra literaria?
-Desde una perspectiva literaria, histórica, es una novela de ficción que ha vendido muchos millones de ejemplares. El recurso literario que utiliza Dan Brown es presentarla como una novela de investigación. Y ese recurso es el que ha hecho que los historiadores de la Iglesia antigua, la comunidad científica, los biblistas, los arquéologos, los historiadores del arte hayan dicho, lógicamente, que no se sostiene desde el punto de vista científico.
-¿Qué piensa un historiador al ver que una novela de ficción ha tenido tanto éxito?
-Hace que nos planteemos que deberíamos divulgar mejor, porque la historicidad de los Evangelios, de la figura de Jesús, está científicamente demostrada desde hace mucho tiempo. Quizá no hemos sabido hacerlo llegar al gran público. A mí me han llegado a parar en el metro para decirme: “Oiga, ¿Jesús tuvo un hijo? ¿No? Ay, qué tranquilo me quedo”. Hay una gran ignorancia entre los cristianos. Quizá tenemos que saber formarlos mejor. Otro hecho incontrovertible es que la gente tiene un gran afán de conocer a Jesucristo. Su figura, hoy como hace 20 siglos, atrae a mucha gente.
-¿Por qué vende tanto la novela histórica reciente?
-Este género ha producido muchas joyas de la literatura a lo largo de la Historia. Pero siempre se ha mantenido un pacto entre autor y director. El lector partía de la base de que lo que iba a leer no había sucedido, pero podía haber sucedido, porque el autor se había documentado y había estudiado el asunto en profundidad. En los últimos años hay una parte de novela histórica que ha roto este pacto. No solamente no están bien enmarcadas, sólidamente documentadas, sino que a veces están claramente tergiversadas o ideologizadas.
-Y con esa apariencia de veracidad, puede generar confusión...
-Sí, aunque también hay cosas muy buenas. Julia Navarro acaba de escribir La biblia de barro, que es una novela muy bien documentada; o Sánchez Adalid, que también escribe muy bien.
-¿Por qué es tan frecuente la blasfemia del romance de Jesús con María Magdalena?
-Es una figura recurrente, quizá porque María Magdalena es una figura extraordinaria de la literatura cristiana, que tiene mucha fuerza, por ser una mujer que sufre una fuerte conversión y se apasiona en su amor a Jesucristo. Y la figura de Jesús también atrae mucho. Pero esa mezcla, como cristiano, como historiador, molesta y también defrauda al lector medianamente formado.
-¿Cuáles son los principales errores históricos de la obra?
-Las tesis fundamentales del libro. La primera, la proclamación de un agnosticismo general. En esa especie de gran conversación que tiene Robert Langdon con Sofía, en la que le va explicando la trayectoria del cuerpo de María Magdalena hasta el lugar en el que se va a encontrar, en esos discursos históricos que va haciendo, va transmitiendo que ese Dios del que habla no está al alcance, no se puede tener contacto íntimo con Él. En segundo lugar, la negación de la divinidad de Jesucristo. Él cuenta que se afirma en el Concilio de Nicea en el año 325 en una acalorada votación, en la que gana por estrecho margen. Sin embargo, es conocido que el hecho de la divinidad de Jesucristo es vivido por los primeros cristianos, desde el primer momento. Los millones de mártires que empezó a haber desde el siglo I, cuando tiene lugar la gran persecución de Nerón, y los siguientes, hasta el siglo IV, mueren porque creen en la divinidad de Jesucristo.
-¿En qué lugar queda la historicidad de los Evangelios?
-Se niega al afirmar que la Sagrada Escritura, tal como hoy se conoce, es la preferida, ante otras 40 versiones. Ante eso, basta con estudiar los documentos que se conservan, el gran número de manuscritos, de códices, los miles de leccionarios que se conservan de la liturgia primitiva, para comprobar que en todos los textos del Nuevo y Antiguo Testamento que los primeros cristianos manejan se tiene perfecto conocimiento de ella. Además hay miles de citas de los Padres de la Iglesia, padres apologéticos, padres apostólicos... que citan los textos de la Sagrada Escritura como hoy los seguimos venerando. Con lo cual, decir que la Sagrada Escritura se erige como tal en el siglo IV es sencillamente hacer una afirmación gratuita.
Por otra parte, se dice que los dogmas cristianos se articulan en el Concilio de Nicea, como si los cristianos anteriores no hubieran tenido una conciencia de creer en unas cosas concretas. El mismo mensaje de Jesucristo, transmitido por los primeros apóstoles, vivido por los primeros cristianos, es el que hoy seguimos creyendo. Ahí hay una perfecta armonía.
-Es sorprendente que se haya mantenido esa continuidad en el mensaje a lo largo de veinte siglos, a pesar de los errores de quienes han formado parte de la Iglesia.
-Como le decía D. Quijote a Sancho Panza, de los hombres salen los obispos. Pero la Iglesia es la esposa de Jesucristo. Antes de la Ascensión dice: “Yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos”. Y está con nosotros en la Iglesia. Que se haya podido transmitir la unidad de la fe hasta hoy es independiente de las vidas personales de los sacerdotes, de los cristianos. Esa continuidad es una prueba de que la Iglesia es de Dios. Si fuera humana, ya se habría roto esa perfecta unidad.
-Si la continuidad está garantizada. ¿Hasta qué punto este y otros ataques hacen daño a la Iglesia?
-Institucionalmente no hacen daño, porque la barca de Pedro no se hunde. Pero como pastores nos duele que haga daño a las personas, que pueden desorientarse. Pero en este mundo estamos los que creemos que el hombre ha sido creado por Dios y otros que piensan que Dios ha sido creado por el hombre. Y ésos seguirán atacando siempre.
-¿Cómo lleva la Iglesia estar en minoría?
-La Iglesia está muy cómoda, porque tenemos una semilla divina que produce siempre frutos. Cuando estás en minoría, vives de manera muy clara esa presencia de Dios, la fuerza de la gracia, el atractivo de Jesús.
-¿Cómo afecta al Opus Dei que se esté hablando tanto de él con motivo del libro?
-La figura del Opus Dei sale evidentemente deformada. Aparece un monje numerario con capucha, cuando nosotros proclamamos la llamada a la santidad en medido de la calle. Además aparecemos como sicarios. Eso daña nuestra fama y nos puede afectar porque hay personas que van a tener una visión equivocada, pero en realidad es mucho más serio, mucho más doloroso, el ataque de fondo de Dan Brown a esos tres pilares de la Iglesia. Ése es el problema fundamental.
-¿Cómo se combaten estos ataques?
-Con más amor. Los cristianos tenemos que distinguirnos por nuestra capacidad de amar. Y hay que estudiar para saber explicar mejor quién es Jesús, dónde está y cómo encontrarle. Es una buena oportunidad para volver a leer detenidamente el Evangelio y darlo a conocer, porque la Sagrada Escritura es palabra de Dios, palabra viva, como espada de doble filo, que penetra hasta las junturas del alma. Así han venido a lo largo de la Historia muchas conversiones.
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Rafael Miner







