Éste es el título de una escultura que representa a un sin techo, y que solamente cuando te acercas puedes identificar con Jesús, por las señales de la crucifixión que tiene los pies. Tymothy Schmalz dice que la escultura se la inspiró un sin techo que vio justo antes de Navidad, y que le hizo reaccionar instintivamente diciendo que había visto a Jesús. En Toronto hay unos 5000 sin techo en el área metropolitana. Lo que resulta sintomático es que la escultura ha sido rechazada por varias iglesias católicas y por las catedrales de Toronto y Nueva York, con argumentos como que resultaría demasiado controvertida, vaga o, simplemente, que no sería apropiada. Finalmente ha acabado en la facultad de teología de los jesuítas, en Toronto.
Dios puede con todo. Está con nosotros. La prueba es que manda a su hijo a la Tierra, y éste muere por todos nosotros. ¡Y resucita! Y sigue vivo, pese a que continuamente, día a día, seguimos matándolos con nuestro egoísmo, nuestra falta de amor, nuestro individualismo. ¡Cristo vive, ha resucitado! Lo hemos cantado en las vigilias de anoche, a voz en grito, abrazados, felices. ¿Y tú? ¿Te atreves a resucitar?
(Gracias a Alejandro Fernández Barrajón por este texto, que me envió hace unos días).- Señor, ahora que ha comenzado un nuevo año,
Quiero encontrarme contigo despacio y con calma.
Son pocas las veces que lo hago. Tú sabes que ya no acierto a rezar.
He olvidado aquellas oraciones que me enseñaron de niño
Y no he aprendido a hablar contigo de otra manera más viva y concreta.
(Revisitamos este texto, un buen apunte para iniciar el año con energía, y apuntando hacia lo esencial. Espero que os guste)
Conozco tu miseria; los combates y tribulaciones de tu alma; la debilidad y las enfermedades de tu cuerpo; conozco tu negligencia, tus pecados, tus abandonos.
Pero, a pesar de todo esto, te digo:"Dame tu corazón, ámame tal cual eres".
…y, de nuevo, te colaste dentro. Este año, lo confieso, no estaba preparado para que vinieras. No arreglé la casa, ni el corazón, no preparé un rincón para que te alojaras. Fui, soy, un mal anfitrión. Este año, con lágrimas de lo digo, confiaba en que no llegaras. No quería empañar tus pañales con mi llanto.
Sopla el viento. Hace frío. Silencio. Soledad. Oscuridades. No estás. No apareces. Nada tiene sentido. No sin tí, mi locura, mi pasión, mis entrañas. No me faltes, mi Dios. "Préstame tu luz para que pueda ver; tu voluntad para hacer lo que tu quieras y tu corazón para amar".
"¿Se puede medir la capacidad de amar?
¿Se puede medir nuestra capacidad para recibir amor?
¿Se puede medir nuestro nivel de aprendizaje a la hora de amar?
¿Se puede cuantificar el amor?
¿Se puede medir nuestra capacidad de sanar las heridas del amor?
Felices quienes han descubierto que su cadena original de ADN y la de la humanidad es el amor.
Felices quienes hallan el amor en la estrella más alejada del universo, en el brote de hierba más pequeño, en la sonrisa, en el abrazo.
Pocas catedrales de canto y oro,
muchas capillas de barro y tabla.
Pocos ricos adiestrados a la indiferencia,
muchos pobres expertos en pasión compartida.
Hoy les voy a contar una historia excepcional. Tal día como hoy, hace 42 años, Higinio y Dolores unieron sus vidas delante de Dios. Tuvieron que hacerlo en un despacho de la sede del Obispado de Madrid, en la calle Bailén. No hubo fotos, ni invitados, ni tarta nupcial, ni ramo, ni arroz. Las autoridades de la época les "castigaron" a una boda casi en secreto. ¿La razón? Higinio había pedido, y se le había concedido, la secularización ("reducción al estado laical", como absurdamente se la llama, como si ser laico fuera menos que sacerdote); y Dolores había hecho lo propio en su comunidad religiosa.
Felices quienes se reúnen en torno al viento del Espíritu para dejarse transformar cada día por él.
Felices quienes se dejan conducir por la luz del Espíritu y no le ponen trabas, obstáculos, impedimentos, inconvenientes.
Cuando salió de la estación del Metro, la plaza estaba abarrotada por una gran multitud que quería verle y escucharle. Se subían a las farolas y encima de los coches. En su mayoría eran parados, inmigrantes y marginados de toda clase, edad y condición, que se
abalanzaban sobre él con súplicas y lamentos.
Jueves, 20 de junio
Jesús Bastante
Asoc. Humanismo sin Credos
Bernardo Pérez Andreo
José Manuel Bernal
Rufo González Pérez
Josemari Lorenzo Amelibia
Javier Velasco y Quique Fernández
Pedro Miguel Lamet
Adolfo Sillóniz
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo