Enrique Miret Magdalena ha sido una referencia fundamental de la renovación del catolicismo en España. Su gran preocupación era que la Iglesia española abandonase los privilegios que le concedía el franquismo, y saliese de su gueto cultural y de oscurantismo teológico. Fue pionero en dejar bien claro que se podía ser católico de otra manera. Y su influencia fue enorme porque llevaba la sección religiosa de un diario madrileño ya antes del Concilio y, más tarde, tenía una colaboración semanal en la revista 'Triunfo', que era devorada literalmente por miles de lectores.

A mi mujer
La meditación intensa altera la materia gris, reforzando las regiones que hacen centrar la mente y alimentan la compasión; también calman el miedo y la ira. Esta es una de las principales conclusiones del nuevo libro del neurólogo Andrew Newberg, "How God Changes your Brain" ("Cómo cambia Dios tu cerebro") en el que, según argumenta, incluso los ateos pueden disfrutar de los beneficios mentales que los creyentes obtienen de su fe.
Las tomo de un libro imprescindible (aunque se echa de menos una actualización específica tras la muerte del protagonista), la biografía del hermano Roger de Taizé, escrita por Kathryn Spink y que ha publicado Herder. Ojalá algunas de ellas siguieran siendo vigentes en el corazón de nuestros jerarcas. Y otras nos sirvan como piedra de toque para lo que nos queda por hacer.
Vivimos tiempos difíciles. En lo personal, en lo relacional, en lo social, en lo comunicativo, en lo eclesiástico... Tiempos de crisis, de conciencia y en conciencia. No es necesario decir mucho más: el mundo alrededor, por momentos, parece que se derrumba. Antes, como por arte de magia, aparecía en el horizonte una luz, en forma de cruz de Tau -ahora perdida, en manos de otros-, que enseñaba el camino a seguir. La teoría de las huellas en la arena (¿recuerdan?) no siempre funciona. Porque no siempre estamos dispuestos a escucharla, a hacerla nuestra. No nos fiamos de Dios, mucho menos de sus criaturas. Tal vez ni siquiera de uno mismo. Y sin embargo es el momento de pedir que no me olvides, Dios mío, que no te alejes de mi lado, que sienta tus pasos junto a mí, que las pocas huellas que percibo en la arena sean las tuyas llevándome, llevándonos, en brazos. Y que se haga lo que tú decidas. Tiempos de crisis de conciencia, de silencio, de espera, de entrega en tus manos...
baronrampante@hotmail.es
No conocemos su nombre. Es una mujer insignificante, perdida en medio del gentío que sigue a Jesús. No se atreve a hablar con él como Jairo, el jefe de la sinagoga, que ha conseguido que Jesús se dirija hacia su casa. Ella no podrá tener nunca esa suerte.
No te voy a decir nada. Estoy muy cabreado, triste, abandonado. Porque te has ido. Porque no has podido llegar a ser inmortal, al menos en carne humana. Porque muchos niños se sienten solos. No puedo reprocharte nada, intento sacar las millones de frases positivas que podríamos atribuir a tu intercesión, los millones de sonrisas de niños a los que has salvado de la infelicidad más absoluta, los millones de gritos ahogados a los que has dado voz. Pero me voy a quedar callado. Que hable tu obra, Vicente, y la de todos aquellos a los que nos has dejado, aún, un poco más solos. Y, si puede, que hable la esperanza. Que yo hoy no puedo. A veces, el silencio es el mejor de los homenajes. Que te has ido, carajo, y todo está un poquito más oscuro.
baronrampante@hotmail.es
Hoy es el primer día del resto de mi vida. De una vida nueva, sin pasión, sin sobresaltos, sin demasiada rotundidad en los afectos. Una vida para vivirla, mas sin "dejarse la vida" en ella... Cuando todo pasa, a veces nada permanece. En ocasiones, incluso, piensas si no sería mejor abandonar, saltar del barco, en lugar de contemplar cómo tu balsa deambula en mitad de dos corrientes, sin posibilidad de alcanzar la orilla ni aperos para pescar. Hoy es el primer día del resto de mi vida. Y, sin embargo, qué viejo me encuentro...
(de un mensaje enviado, hace unos días, por un buen amigo. Un traidor, pero un buen tipo. Al que, por cierto, no sé cómo ayudar... Y preocupa, vaya si preocupa)
baronrampante@hotmail.es
Aitana apenas garabatea sonidos desde su pequeña garganta. No sabe nada del mundo, pero lo observa como una posesa con sus ojos grandes, inquisitoriales, siempre abiertos. No se cansa nunca de mirar. A veces, cuando está entre mis brazos, pienso en qué querrá decirme, mas no la comprendo. Es un bebé, hoy la presentamos ante el Señor y ella no lo entiende. Pero lo mira todo, con ansias de comprender, de sentir cada momento. Como si se le fuera la vida en ello. Y eso que acaba de nacer. Supongo que la felicidad está en esto: en aferrarse a cada momento, intentar vivirlo con tal intensidad que no se escape ninguno de sus efectos, de sus suspiros, de sus tormentas. Hay tanto que aprender, y tan poco tiempo. Sentir, sentir, sentir... Hoy es un día grande, porque Aitana, sin saberlo, se va a sentir amada, acogida y entregada, en cierto modo, a un amor que todo lo abarca, mucho más que sus grandes ojos grises. Algunos de los que podemos hablar, y contarlo, quisiéramos ser como Aitana hoy, y no poder soltar prenda, más allá que algún ruidito perdido, absorbidos como habríamos de estar en la contemplación infinita, donde nada se escape a nuestra mirada. Y es que los niños son lo más parecido a Dios que existe. Y por eso, a veces, sobran las palabras. Y supongo, sólo supongo, que por ahí debe andar la felicidad.
baronrampante@hotmail.es
Hubo un tiempo, no demasiado lejano, en el que gustaba de la soledad, que la necesitaba para apartarme del mundo y de sus problemas. Posteriormente, los minutos de soledad se convirtieron en profundos lagos de angustia que había que llenar de cualquier modo. Finalmente, y es el momento en el que me hallo, he descubierto (no sé si con alegría o con una cierta sensación de vejez -sabiduría-) que, pese a las duras circunstancias de nuestro existir, nunca estamos del todo solos. Siempre hay alguien que nos acompaña, desde la familia o los amigos a la "bondad de los desconocidos" (una mirada cómplice en el Metro, un baile en una fiesta...). Y, para los que hemos sido agraciados con el don de la fe, Dios siempre está presente. Son días extraños, las razones no vienen al caso, pero sí el relato de Dios y las huellas en la arena. Supongo que lo recuerdan:
Nadie puede decir «Jesús es el Señor» si no es movido por el Espíritu Santo. Esta afirmación tan drástica pero tan real de San Pablo nos hace comprender que la fe es un edificio que comienza con el Espíritu de Dios, que lo mantiene el mismo Espíritu y que su término será el encuentro definitivo con el Espíritu del Amor de Dios.
La noticia nos la brinda la cadena Ser, citando a la agencia oficial Saudi Press Agency. Y nos cuenta cómo el ministro de Asuntos Islámicos del país saudí, Saleh al-Sheikh, explicaba el sábado que algunos templos están usando altavoces tan poderosos que sus llamadas a la oración pueden ser escuchados desde cinco kilómetros de distancia. El ministro afirmaba que el ruido era inaceptable y que debido a ello la compresión de las palabras resultaba imposible incluso dentro del templo.
Domingo, 22 de noviembre
Jesús Bastante
Sor Lucía Caram O.P
Francisco Margallo
Juan Fernandez Krohn
Julián Moreno Mestre
Pedro Tarquis
Siro López
Jaime Vázquez Allegue
Rodrigo del Pozo Fernández
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya