El miércoles al mediodía, Benedicto XVI pronunciará sus últimas palabras públicas a los fieles. Lo hará desde la plaza de San Pedro, donde decenas de miles de fieles esperan despedirle entre aplausos, y con los oídos bien abiertos. El Papa, que ha medido los tiempos de forma milimétrica, también ha escogido este día para dar su mensaje final. Y lo hará con el Evangelio del día en la mano, con un mensaje rotundo: "El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo".
Benedicto XVI lo deja, hastiado por los escándalos en la Iglesia católica y sin el apoyo de una Curia todavía formada, en su mayor parte, por aquellos que contribuyeron durante el pontificado de Juan Pablo II a silenciar el drama de la pederastia y que han estado detrás de la divulgación de los papeles del “Vatileaks”. ¿Y ahora qué?
Segunda jornada del viaje del Papa a Líbano. Una visita que ya nos está dejando titulares y la sensación de que, cuando hombres de Dios se unen en un proyecto de paz en común, las cosas son más fáciles. "El verdadero creyente no mata", ha destacado Benedicto XVI, tal vez pensando en todos aquellos que utilizan la religión -en Oriente Medio especialmente, pero también en el resto del mundo- para justificar la violencia contra otro ser humano.
Se sucede la proliferación de papeles reservados acerca de la política interna de la Santa Sede y la vida privada del Papa, el secretario de Estado, cardenales de la Curia y todo quisque. Los restos del "Vatileaks" nos muestran, a golpes de vergüenza, una lucha interna, a mordiscos, a ansias de poder, entre dos sectores de los cardenales italianos, ante la mirada escéptica y confusa de buena parte de la Curia, rumores de conspiraciones varias y una sensación de ridículo en el ambiente. Se ha roto el muro de silencio, y las fuentes vaticanas, de repente, se han secado. Todos los que viven, y trabajan, en la Sede Apostólica, saben que en alguna ocasión han leído, firmado o aparecido en un papel.
La "bomba" la lanzó, hace meses, en Pekín, el cardenal de Palermo, Paolo Romeo. El Papa morirá asesinado en noviembre de 2012. Hay una conspiración, de la que se dan pocos datos, y que resulta casi inimaginable si no fuera porque la fuente directa es un cardenal de la Iglesia católica y porque hemos tenido acceso a un documento reservado que el cardenal Castrillón entregó al propio Benedicto XVI hace unos días.
Presionados por sus fieles, y por los medios de comunicación, los obispos alemanes han tomado una decisión que les honra: deshacerse de sus acciones -y de una importante cantidad de ingresos- en el Weltbild Publishing Group, una de las empresas editoras más importantes del país teutón. ¿La razón? Que en su catálogo se encontraban, desde hace años, algunas publicaciones con alto contenido pornográfico, satanismo y brujería. "No podemos ganar dinero durante la semana con aquello contra lo que predicamos los domingos", ha dicho el arzobispo de Colonia, Joachim Meisner.
Acabó la ceremonia del domingo en el estadio de la Alegría, y Benedicto XVI tomó el papamóvil –por cierto, traído a Benin por un Hércules de las Fuerzas Armadas españolas- de vuelta a la Nunciatura. Por el camino, miles de motos y de hombres y mujeres a pie le saludaban sin cesar. Aplaudían y cantaban, todo aquello que no pudieron hacer en su plenitud en la misa. El Papa, no tan cansado como el día anterior, saludaba a todos. Lo hacía, pese al inmenso calor, con las ventanas bajadas. Pocos segundos después de la marcha del pontífice, todo Cotonou volvía a ser un hervidero de tiendas, ruido y color. La vida sigue.
Cuando leas este post, amigo lector, estaré volando hacia Cotonou, capital de Benin, adonde también llegará este viernes Benedicto XVI. Acompaño al padre Ángel en un recorrido que ya tuve la suerte de conocer, hace ahora seis años, en un auténtico viaje iniciático. El Benin que conocerá el Papa es la cuna del vudú en África, mantiene el recuerdo vivo de los millones de esclavos enviados desde el continente hacia América, perpetra tradiciones absolutamente inimaginables para cualquier persona de bien como la de atar a los árboles a discapacitados y enfermos mentales, y continúa trabajando el mercado de niños esclavos, con la infancia rota a base de picar piedra en las canteras hasta reventar.
El pasado sábado, Benedicto XVI utilizó en la basílica de San Pedro una plataforma móvil, la misma que usó Juan Pablo II durante sus últimos años. La razón aducida por la Santa Sede está en que así se refuerza su seguridad y evita cansarse demasiado. No se trata de una indicación médica, según apuntó Federico Lombardi, sino que pretende evitar ataques como el de la Nochebuena o que el pontífice se agote en las procesiones litúrgicas.
El Papa no va a dimitir. Al menos, por el momento. No hay noticia en ese sentido, pero sí un debate abierto. No sería el primer pontífice en hacerlo. Incluso, él mismo, en Luz del Mundo (Herder), abre la puerta a esa posibilidad. La legislación vaticana, por otro lado, también permite que un sucesor de Pedro dimita de su cargo. Y no pasaría nada. Al fin y al cabo, el Papa es sólo un hombre. Como lo fue Pedro, el mismo que fue capaz de negar tres veces a Cristo -algo tan humano, por otro lado-; como lo han sido todos los pontífices de la Historia de la Iglesia.
Alemania recibe, con cierta frialdad, a su ciudadano más ilustre. Joseph Ratzinger, desde el 19 de abril de 2005 Benedicto XVI, acaba de aterrizar en su país natal. Un viaje importante, más de lo que parece, en tres perspectivas. La política (Benedicto XVI pronunciará esta tarde un relevante discurso ante un Bundestag que no se llenará); la religiosa (con el encuentro con autoridades islámicas y el rezo conjunto con evangélicos en Erfurt, así como la más previsible reivindicación de la figura de Lutero); y la social, con el brutal impacto de la pederastia en el país teutón. Una vez más, Benedicto XVI está siendo valiente desde el principio. Ya en el avión, a preguntas de los periodistas, ha afirmado, sin ambages ni medias tintas (cuántos eclesiásticos o ultraortodoxos deberían aprender de ello) que "la pederastia es un crimen" y que entiende que los fieles "se escandalicen" ante un solo caso que afecte a un clérigo. Del mismo modo, se ha vuelto a comprometer en continuar abordando la solución a esta lacra. Benedicto XVI, que se reunirá en privado con víctimas este domingo, pasará a la historia, a poco que no se le boicotee por dentro, como el Pontífice que abolió esta lacra de la Iglesia.
baronrampante@hotmail.es
La hipótesis de que Benedicto XVI viaje a Cuba el año próximo viene circulando desde hace semanas, y ahora es Andrea Tornielli quien la analiza desde las páginas de Vatican Insider. Como nuestro compañero y amigo italiano, no lo vemos muy factible, por la edad del papa, por la cantidad de viajes a América que se le han planteado (México, República Dominicana -a la que ya dijo que no-, Argentina, Chile, Colombia), y por el hecho de que, Dios mediante, en 2013 acudirá a Rio de Janeiro para la JMJ. Cuba está en el foco del Vaticano desde hace décadas, y el futuro inmediato permite imaginar un panorama sin los Castro, en el que la Iglesia tiene mucho que decir. Ya lo está haciendo (prueba de ello, la reciente liberación de presos políticos). Más allá de las posibilidades reales, la hipotética visita de Ratzinger a Cuba sería un signo definitivo para los nuevos tiempos que han de llegar. Igual que el viaje de Juan Pablo II en 1998 supuso un camino sin retorno hacia la apertura en esa maravillosa isla.
baronrampante@hotmail.es
Viernes, 24 de mayo
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