La Iglesia católica no pagará los recortes del nuevo Gobierno de Mariano Rajoy. Las duras medidas económicas emprendidas en los primeros momentos de esta legislatura no afectarán a la exención del Impuesto de Bienes e Inmuebles (IBI), de la que la Iglesia católica está exenta. La polémica surgió tras la suplantación de la identidad, a través de la red, del ministro de Economía, Luis de Guindos, y se sucede después de que algunos Ayuntamientos -entre ellos, los de Fuenlabrada o Madrid- se posicionaran a favor de que el Estado abonara a los consistorios el importe del IBI de aquellas instituciones exentas -la Corona, el Ejército o la Iglesia, entre ellos-.
Uno de los pasajes del Evangelio en el que los cristianos solemos encallar más a menudo es aquel en el que los fariseos tratan de probar a Jesús tratando de hacerle elegir entre sociedad y religión, entre el César y la Ley Judía. "Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios", responde el maestro, dejando a todos con un palmo de narices. La pulsión religión-poder-mando-violencia ha sido, y es una constante en la historia de la Humanidad. Desde que el mundo es mundo, líderes religiosos han tratado de apelar a la voluntad divina para llevar a cabo verdaderas atrocidades o, simplemente, para tratar de modificar la voluntad del pueblo a su antojo.
Volvemos a nuestra memoria histórica, a esas dos Españas que jamás se cansan de pelearse por cuestiones importantes y por quítame allá esas pajas. La comisión gubernamental para decidir el futuro del Valle de los Caídos planteó, en su documento final, que el cadáver de Franco sea trasladado. Los fantasmas del dictador nos siguen persiguiendo, y el espíritu de la Guerra Civil.
Mariano Rajoy tiene un nombre para la embajada española en la Santa Sede. Como hoy publicamos en exclusiva, el elegido será Juan Cotino, supernumerario del Opus Dei, presidente de las Cortes Valencianas y un defensor de la presencia de los símbolos religiosos en la vida pública (él tiene el suyo en la mesa de la Presidencia). Más allá de la persona en sí, y del momento en que se produzca el relevo (María Jesús Figa lo está haciendo bien, y continuará durante algunos meses en su puesto), el movimiento de Rajoy supone un acercamiento a dos grupos que cuentan con experiencia en la política y la presencia pública.
Uno, el Opus Dei, más centrado desde la irrupción de los nuevos movimientos y los grupos ultraconservadores. Otro, los propagandistas, cuya presencia se incrementará gracias al impulso de Carlos Romero. En contrapartida, el futuro presidente ya ha marcado distancias con el Episcopado y con los "lobbys" ultracatólicos, más preocupados en presionar al nuevo Ejecutivo para hacer cumplir sus intereses que en trabajar por el futuro del país. A Rajoy se le pueden achacar muchos defectos, pero no la falta de inteligencia. Ni lo calculado de sus estrategias. El nombramiento de Cotino es un primer paso, también, para reformular las relaciones del PP con la Iglesia católica. Al tiempo.
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El Gobierno en funciones de España ha tenido que asumir la defensa de las tesis de los obispos en lo tocante al despido de un profesor de Religión, cura casado, que defendía el celibato opcional. El caso ha llegado al Tribunal de Estrasburgo, y como el Obispado de Almería no presentó sus alegaciones a tiempo, el abogado del Estado ha defendido los argumentos de la diócesis. Entre ellos, uno tan peregrino como que José A. Fernández había atacado en diversas declaraciones a la Iglesia. Algo que no se podrá demostrar y que, además, resulta un argumento tan peregrino que da la risa.
(Por Juan Rubio, director de Vida Nueva).- A la Iglesia le corresponde ahora atemperar ánimos y no desesperar más. Es tiempo de callar y alentar. Es tiempo de misericordia entrañable. Es tiempo del Buen Samaritano. Hay que dejar las bofetadas fanáticas. El mejor servicio que hoy puede, en España, hacer la Iglesia es el servicio de la acogida y la mansedumbre en sus palabras y gestos. También así se predica la verdad, porque la verdad es sencilla y silenciosa, y cuando se reviste de fanatismo, pierde su esencia.
Benedicto XVI ya está en su residencia veraniega de CastelGandolfo. Los centenares de mmiles de jóvenes -excepto los kikos, que tienen su fin de fiesta esta tarde en Cibeles-, también de vuelta en sus casas. Con el corazón emocionado, la garganta destrozada y la felicidad desbordada. El Papa ha estado bien, muy bien. Ha evitado cualquier encontronazo con el Gobierno y se ha mostrado cálido y cercano. Sus mensajes han sido nítidos, y la "hoja de ruta" trazada antes los jóvenes, exigente a la par que ilusionante. Un gran reto para el "día después". Porque ahora empieza lo principal. ¿Y ahora qué?
En un momento dado, la voz del Papa subió de tono y se hizo audible en la antesala. Karol Wojtyla tenía enfrente al cardenal que había dirigido los movimientos de la Iglesia durante el cambio de régimen en España, por expreso deseo de Pablo VI, Giovanni Battista Montini, el gran intelectual católico de los años setenta. En un momento dado, el enérgico Juan Pablo II se aproximó a su interlocutor y con gesto de disgusto le presionó el hombro con la mano. No fue ni un golpe, ni un empujón. Fue una señal de largo recorrido. Primavera de 1982.
La delegación del Gobierno en Madrid ha prohibido el recorrido planteado por los movimientos laicos para protestar contra la financiación pública del viaje papal (también llamada "antipapa"). Hay que decir que no ha prohibido la marcha, sino que la "arrincona" en la zona de Lavapiés, aduciendo problemas de seguridad y el hecho de que Madrid será el espejo del mundo en esos días. Boicotear la visita de Benedicto XVI no me parece un ejercicio democrático, pero poner trabas a una manifestación, del signo que sea, mientras sea pacífica, tampoco dice mucho de los miedos atávicos de nuestra sociedad.
Tanta libertad debemos tener los católicos para defender nuestra fe, o para formularla en público, como aquellos que, en un Estado laico (o aconfesional, que para lo que nos ocupa es lo mismo) quieran posicionarse, con métodos democráticos, en contra de celebraciones de este tipo con dinero público. Una vez más, y pese a que muchos creíamos que estaba superado, volvemos a observar el espíritu de las dos Españas, los pros y lso contras, los blancos y los negros. Un poco de cordura a todos, por favor.
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Comienzan a correr los rumores en palacios y parlamentos, con la mirada puesta en 2012, tras las generales y el más que probable cambio de gobierno. Uno de los que ha comenzado a circular afecta a la que, hasta la fecha, es la única mujer en representar a España ante la Santa Sede, María Jesús Figa, y cuya misión puede resultar efímera si Mariano Rajoy accede a la Moncloa. En los mentideros eclesiásticos ya se habla del actual -y recientemente polémico por una decisión, la de incorporar un crucifijo y una Biblia a la mesa presidencial del parlamento levantino- presidente de las Cortes Valencianas, Juan Cotino, como futuro embjador ante la Santa Sede.
Un nombramiento que sería bien recibido por los sectores conservadores (Cotino es miembro del Opus Dei, y con magníficas relaciones tanto con Cañizares como con Rouco. También con Osoro) y que devolvería a la delegación española a un legado confesional. Como ya lo fuera Francisco Vázquez. Es demasiado pronto para quinielas de esta corte, pero el rumor ya se está extendiendo. Y, por lo que nos cuentan, Juan Cotino no hace ascos, ni mucho menos, a tal posibilidad.
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El administrador apostólico de Ourense, Luis Quinteiro Fiuza, ha apartado del sacerdocio al sacerdote Antonio Fernández Blanco, dos días después de tomar posesión como concejal del PSOE en el concello ourensano de A Gudiña. El Código de Derecho Canónico es claro, y subraya que, salvo excepciones, los sacerdotes no pueden entrar en la arena política, cuya actividad resulta incompatible con el sacerdocio. La medida sería más o menos polémica, pero no dejaría de resulta anecdótica, o depender exclusivamente de las normas de una institución como la Iglesia católica, si no fuera porque sus jerarcas, especialmente en este país, no hacen otra cosa que enfrascarse en el juego político. Con la derecha, y con la izquierda. Últimamente, incluso, demasiado escorados hasta para los más escorados. Un buen amigo, cura con décadas de experiencia pastoral y social, me advertía esta mañana de que, rizando el rizo, "acabarán suspendiendo a divinis al Papa, por ser jefe de Estado". Y es que los hay más papistas que el propio Papa.
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(por Juan Rubio, director de Vida Nueva).- Sé de una romería andaluza, sacada de su ostracismo por un triste episodio bélico de la Guardia Civil y que, afectada más tarde por el ardor iconoclasta de los setenta, creció en significación, aupada por unos socialistas que se desgañitaban dando vivas a mansalva, planeando incluso llevar la imagen a FITUR. No hablo del fervor rociero que antaño dibujara Alfonso Grosso en sus Con flores a María. Hablo de los nuevos fervores nacionalcatólicos del populismo que nos invade.
Miércoles, 19 de junio
Jesús Bastante
JC Rodríguez, A Eisman
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José Moreno Losada
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
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