Una de cada diez familias en España tiene a todos sus miembros en el paro. En números absolutos, un total de 1.737.600 de hogares con todos sus integrantes sin trabajo, según la última Encuesta de Población Activa publicada ayer. Una catástrofe en toda regla que a veces se nos olvida en mitad de las cifras macroeconómicas, la prima de riesgo y la empinada cuesta abajo de la Bolsa. Y la Conferencia Episcopal, pertinaz como las agencias de rating, sigue guardando silencio.
Esta mañana he tenido ocasión de compartir conferencia, charla y café con dos personajes de suma importancia en el presente, y el futuro, de la Iglesia española. Uno, el cardenal español con mayor presencia y responsabilidad en la Curia vaticana, amigo del Papa y con una visión de la política y la situación actual de la Iglesia en nuestro país que Benedicto XVI sabe escuchar y apreciar. Otro, el arzobispo de una de las diócesis más importantes y activas de nuestro país, un hombre abierto, preocupado por los demás y con capacidad para estirar el tiempo como si de un chicle se tratara con tal de no dejar de lado a una sola de sus ovejas.
¿Han tenido ustedes alguna vez la sensación de viajar en el tiempo? A mí me ha sucedido esta mañana. He tenido la ocasión de participar en la Eucaristía que la Fraternidad de San Pío X (los lefebvrianos) celebra en la parroquia de Santiago Apóstol en Madrid, cerca de la Avenida de Barcelona, y les aseguro que el experimento ha sido, cuando menos, impactante.
El cardenal Velasio de Paolis, delegado pontificio para el Regnum Christi y la Legión de Cristo, se equivoca. Apuesta por la reunificación en lugar de la refundación para la obra fundada por el pederasta Marcial Maciel. Justo lo que este monstruo deseó, y lo que la Santa Sede jamás llegó a concederle.
Había mucha expectación por conocer el contenido del documento que la Conferencia Episcopal presentaba ayer sobre la ideología de género. Un texto largamente esperado, que ha pasado por tres plenarias y varias comisiones permanentes antes de ser definitivamente aprobado. Al final, la montaña parió un ratón: es decir, un documento triste, desangelado y duro, muy duro, contra todo aquel que no piense exactamente como el conjunto de obispos comandado por el cardenal Rouco Varela y su acólito Martínez Camino.
Probablemente, alguien, algún día, podrá decir esto al cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela. Y es que lo que sucedió el pasado viernes en la catedral de La Almudena clama al cielo. La Iglesia, que siempre ha sido refugio de los más desfavorecidos, de aquellos que luchaban por un mundo más justo, contra las iniquidades de los diferentes sistemas, vuelve a mirar hacia otro lado y, lo que es peor, echa a los pores del templo por la fuerza.
Domingo, 26 de mayo
Jesús Bastante
Josemari Lorenzo Amelibia
Pedro Tarquis
Manuel Mandianes
Asoc. Humanismo sin Credos
Francisco Baena Calvo
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
JC Rodríguez, A Eisman
Virtudes Parra
Francisco Margallo