(Sebastiá Talltavull, en Vida Nueva).- El medio informativo da noticia de las inmensas posibilidades de la comunicación, gracias a las tecnologías que se aplican. Su campo es ilimitado y abundan la diversidad de actitudes y visiones, tanto objetivas como interesadas.
La Iglesia no queda exenta de este foro y, mientras unos están haciendo un trabajo excelente de comunicación transparente a favor de las personas y de la extensión del Evangelio, otros caen continuamente en aquello que Jesús siempre censuró: la injuria, la difamación y el juicio condenatorio, contando a la vez con grupos mediáticos que les dan cobertura.
Esta última actitud no tiene justificación alguna cuando se hace de la mentira el estilo habitual y la calumnia se cierne sobre personas cuya dignidad es digna de respeto y que han entregado su vida a la misión que les ha sido confiada, llamados a ser, como todo cristiano, un signo visible del amor de Dios.
Solo esta transparencia, la limpieza de corazón –dice Jesús–, nos capacita para ver a Dios. No seamos de los que la impiden.
“En esto conocerán que sois mis discípulos: si os amáis los unos a los otros”. Hacer lo contrario, atacando sin piedad y desde la cobardía a otros hermanos y hermanas en la fe, vela la transparencia comunicativa, hiere la salud personal y colectiva, impide el acceso a Jesús, va contra su mensaje evangelizador y no respeta el más elemental de los derechos de quienes ven atropellada su dignidad y condenada a quedar siempre herida.
Todos tenemos el derecho a corregir a otra persona si es que la recta conciencia lo pide y es para su bien. Sin embargo, y por encima de todo, tiene que prevalecer la actitud evangélica de hablar primero con ella, en privado, con afecto y no esparciendo a los cuatro vientos sus defectos, más aún, comprendiendo y perdonando, si hace falta.
Muchos nos preguntamos con preocupación: ¿cómo ayudar a quienes, bajo el anonimato mediático, renuncian a toda transparencia y a ser agentes de comunión?
baronrampante@hotmail.es
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Asturiano creyente: creo que se ha equivocado de cardenal.
Como supongo que el blogger se refiere a los ataques que reciben venga o no a cuento, o ellos sabrán por qué, al cardenal Rouco y al obispo auxiliar Martínez Camino me ahorra a mi el tener que defenderlos.
había leído. Y pensé en si no iría también por mí, que llevo casi tres años haciendo comentarios en distintos bloggs y que quizás alguna vez he metido la pata. Desde aquí pido perdón a quienes haya podido ofender. Hay comentaristas que parecen gozarla llenando sus comentarios de descalificaciones, cuando no de insultos que por una elemental norma de educación deberían omitir. Me pregunto si alguna vez nos sorprenderán con algún comentario optimista, aunque sólo sea para decirnos que hace un día espléndido, que la gente es agradable y simpática, que la vida es bella... tanta descalificación, al final, descalifica a quien anda propalándola.
Muchas gracias y buenas noches.
Si es lo que yo digo siempre. Yo recomiendo a todo el mundo evitar los ataques personales, las faltas de respeto, los insultos fáciles de los resentidos, pero la gente es como es. Y con estos bueyes hay que arar.
Recuerdo que cuando el papa Pablo VI publicó (en el argot eclesiástico "promulgó") la encíclica "Populorum progressio", apareció una viñeta en la prensa en la cual unos señores muy bien trajeados, muy bien alimentados, con sombrero de copa y fumando un puro, puestos en círculo, cada uno señalaba al de delante y decía: "Va por este". En ese caso se trataba de justicia social, virtud a la que obliga el 7º mandamiento. Mons. Taltavull llama la atención sobre el 8º. ¿Vamos también a ponernos en círculo bloggers y comentaristas y señalar al de delante con el dedo diciendo: "va por este"? No. Que cada uno examine lo que escribe. El texto del bisbe Sebastià se hizo público hace unos días y ya lo
Miércoles, 22 de mayo
Jesús Bastante
Francisco Baena Calvo
Jose Gallardo Alberni
Josemari Lorenzo Amelibia
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
José de Segovia Barrón
Carlos F. Barberá
Juan Fernandez Krohn
César Luis Caro
Urbano Sánchez García
Alejandro Córdoba