Hay momentos en los que el corazón se agrieta, se comprime y se guarda en un cajón. En el que las piernas no nos responden, los ojos se empañan en lágrimas y de tu boca no salen las palabras adecuadas. Los armarios se vacían y la tempestad estalla. Es Adviento. Dios nos empuja al desierto aun cuando no queramos, aun cuando no quede esperanza. En ese momento final, la Palabra se cumple, y lo yermo florece. Aun cuando no veamos el final, la luz sigue allí. Y Jesús volverá a nacer, pese a todo. Y llenará nuestros armarios vacíos.
baronrampante@hotmail.es
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No, Jesús Bastante.
Esos no son los hechos.
Desde la venida de Jesús de Nazaret, los armarios (imagino que te refieres a los "almarios humanos") nunca quedaron vacíos.
Las celebraciones litúrgicas son cíclicas, de acuerdo, pero son eso, celebraciones, recuerdos, rituales.
Que ningún creyente se sienta solo, ni desamparado, ya sea en el Adviento, o en la Semana Santa.
El niño que ahora "se espera" nació hace veinte siglos, y desde entonces permanece con nosotros, concediéndonos su amor, su paz y su misericordia, sin cansarse.
Y siempre está disponible para nosotros, los seres humanos.
Tampoco estoy de acuerdo en que Dios nos empuje a un desierto.
Este mundo, esta vida, no es un desierto, desde la llegada de Jesús de Nazaret.
Porque ahora nos encontramos con hermanos a los que amar y cuidar, y antes eran desconocidos que pasaban a nuestro lado.
Para los cristianos siempre es Navidad, siempre Semana de Pasión, siempre esperanz...
¡¿Dónde está el obispo auxiliar de Sevilla?!
Lunes, 28 de mayo
Jesús Bastante
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral