El explícito reconocimiento de la «riqueza y diversidad de carismas, ministerios y sensibilidades» que conforman la Iglesia vizcaína y por extensión la vasca, contenido en la homilía de toma de posesión de Mario Iceta, se acompañó con un llamamiento al trabajo en común. La existencia de un movimiento de disconformidad con su designación como nuevo obispo de Bilbao -al estilo del que precedió a la llegada a San Sebastián de José Ignacio Munilla- justifica este mensaje de comprensión de la pluralidad dirigido al conjunto de la comunidad eclesiástica.
Una atención a las voces diferentes que no es incompatible con la firmeza de los principios, como acreditó la labor de quince años de su antecesor, Ricardo Blázquez. Y que debe servir de estímulo para avanzar hacia los grandes retos que afronta la Iglesia de Euskadi: la falta de vocaciones, el desplome de la religiosidad tradicional, ser percibida como verdadero lugar de encuentro y ayudar al conjunto de la sociedad a atender a la dimensión espiritual de la existencia. El obispo Iceta mostró el camino al subrayar las consecuencias de la crisis económica para jóvenes, inmigrantes y excluidos sociales. Un marco de trabajo en el que hasta las sensibilidades más encontradas podrán reconocerse.
(Editorial de Diario Vasco)
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Martes, 29 de mayo
Jesús Bastante
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez