En 1996 tuve la oportunidad de vivir durante dos meses en el desierto de Atacama, formando parte de un campo de trabajo que reconstruyó la primera iglesia fundada por los españoles en el lugar más seco del mundo, la parroquia de San Francisco de Chiu-Chiu (1555). Durante ese tiempo, no fueron pocas las ocasiones en las que visitamos las minas. Especialmente la de Chuquicamata, una de las más grandes del mundo. A pocos kilómetros, hoy, 33 mineros están haciendo realidad un milagro: el milagro de la vida y de la esperanza de todo un pueblo. Escribo estas líneas cuando el noveno de ellos sube a la superficie, tras más de dos meses de vida bajo tierra. El ejemplo de fidelidad, esperanza, trabajo y fe del pueblo chileno es grandioso, así como la gran movilización por sacar con vida a todos y cada uno de los mineros atrapados. Desde el Papa hasta el último de los cristianos, todos hemos rezado para que esta aventura tuviera un buen final. En el mundo de hoy es muy fácil hablar de milagros... Y en el de la comunicación, no digamos. Que una buena noticia abra todos los telediarios, ocupe horas y horas de todas las televisiones, es algo impensable. Y sin embargo ha sucedido. En estos días, en Copiapó, todos han respirado por esos 33 hombres atrapados. Dentro de pocas horas, el último saldrá, sano y salvo, a la tierra. Y sí, será un milagro. El milagro de Copiapó.
baronrampante@hotmail.es
Los comentarios para este post están cerrados.
Un milagro que a cualquier bien nacido produce emoción y alegría. Y al que habrá contribuido no poco que Chile sea una de las pocas países de Hispanoamérica donde el sectarismo izquierdista no ha sentado sus reales, y por lo tanto un lugar donde no ha sido desterrado el sentido común, y ha sido posible una colaboración cívica ejemplar. Esperemos que en Chile se mantenga la democracia y que ello sirva de ejemplo para otros países vecinos que sufren la tiranía de malvados sin escrúpulos, que no olvidemos, cuentan con la connivencia y aplauso de nuestros gobernates.
Sí, un milagro, algo extraordinario.
Toda la Humanidad sonríe ante este hecho extraordinario.
La técnica dominada por hombre de buena voluntad, ha conseguido liberar a esos treinta y tres mineros, del centro de la tierra.
Esa profesión, probablemente la más dura del mundo, merecía que ese mismo mundo trabajase y luchase, codo con codo, para liberar a esos hermanos que permanecían atrapados.
No están solos, habría que decirles a ellos y a sus familias.
Como tampoco lo están quienes bajan a diario a unos profundos túneles, a extraer material de las entrañas de la tierra.
En España, los mineros reclaman que les abran las minas, nuevamente, porque NO TIENEN OTRO TRABAJO".
Pienso que a nadie le gusta trabajar bajo tierra, pero la necesidad obliga a quienes no tienen otra alternativa.
Es una pena que en pleno siglo XXI, aún haya que rascar una mina de carbón para ganarse el pan diario.
¿Qué hacen nuestros dirigentes nacionales?.
Martes, 29 de mayo
Jesús Bastante
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez