Esta mañana he conseguido terminar la "Gambia Race", una carrera benéfica de diez kilómetros -a mí se me han hecho eternos- subiendo y bajando cuestas por la Casa de Campo. El tiempo es lo de menos -no he llegado el último, jeje-, pero no así el extraño compañerismo que se siente en mitad de la mal llamada "soledad del corredor de fondo". No faltaban los que acompañaban al amigo, hermano, cuñado fatigado o que todavía no controla sus pulsaciones, zancadas o respiración; los que adelantándote de dedicaban una palabra de ánimo, una sonrisa o la promesa -casi nunca cierta- de que apenas quedaban dos o tres kilómetros. Con todo, la mejor lección que se puede sacar de una experiencia así es la importancia de cada paso.
Todos son el primero, cada uno de ellos único, y sin embargo no hay una carrera completa sin cada uno de ellos. Cuando surge la pesadez de piernas, o la cabeza no responde, o sientes que el corazón se te va a salir del pecho, la tentación del abandono surge con fuerza inusitada. Como en otros ámbitos de la vida, tenemos que decidir si abandonamos o continuamos, pese al cansancio, el sufrimiento o el dolor. Dar el siguiente paso supone, en cada faceta de nuestra vida, sobre todo en los momentos malos, un acto de fe. El Evangelio de hoy nos habla de aquellos que pedían a Jesús que aumentara su fe. Paso a paso, sin dejar de dar uno solo. También así se llega a la meta, en las carreras, en la vida, y en la fe. Que no deja de ser una prueba de fondo. Y en la que, a veces, sí que se siente esa soledad. Con todo, nunca faltan compañeros de camino. A todos ellos, muchas gracias.
baronrampante@hotmail.es
Martes, 29 de mayo
Jesús Bastante
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez