Parece que, por fin, Ricardo Blázquez va a conseguir un arzobispado. No es que lo busque, pero sí que lo merece. Y más, mucho más. Su labor en la diócesis de Bilbao, así como en su etapa como presidente de la Conferencia Episcopal, dan cuenta de su bonhomía y su capacidad de trabajo y diálogo. Si finalmente, como parece, va a Valladolid, será un ascenso merecido. No sólo porque Valladolid es sede metropolitana (aunque menor en feligresía que Bilbao), la única (salvando la que se dará en Granada en primavera) que quedará vacante hasta la marcha del cardenal Rouco, sino precisamente porque la sede castellana bien puede ser una estación intermedia. Para el cardenalato y, quién sabe, si también para la sucesión en la capital. En Roma se le quiere y se le valora, prueba de ello es su designación como visitador de la Legión de Cristo, cuyo informe presentará en las próximas semanas. Entonces, con Iceta ya más que metido en la realidad diocesana, bien podría Blázquez dar un salto merecido. En la partida de ajedrez que desde hace un tiempo juegan Roma y Bailén, se mueve una pieza. Y esta vez es una torre (con opciones de ser Rey). Para bien de la Iglesia.
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Lunes, 28 de mayo
Jesús Bastante
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Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
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Carlos Corral