Al menos de momento. Durante la reunión mantenida ayer, el obispo de San Sebastián escuchó, pidió perdón por la parte que le toca, se comprometió a continuar el legado de Uriarte (al menos a lo largo de este curso pastoral) y a tener en cuenta el criterio de sus curas antes de montar la esperada "revolución" en la Iglesia donostiarra. Munilla ha sabido echar el freno a tiempo, y sus curas, como no podía ser de otro modo, van a dar un voto de confianza a su obispo. El obispo sin los curas no es nada, y los curas necesitan a su pastor para funcionar. Esperemos que todo sea para bien, y que tanto el proceso de elección del próximo vicario general como la remodelación de la Curia sigan un proceso participativo y adecuado. La Iglesia de Guipúzcoa necesita, al fin, un poco de paz. Y trabajo, mucho trabajo.
baronrampante@hotmail.es
Lunes, 28 de mayo
Jesús Bastante
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral