Sentimos entristecer a los agoreros, pero nadie va a romper la baraja. La futura Ley de Libertad Religiosa no será una norma anti Iglesia católica, ni mucho menos antirreligiosa. Sí buscará, como es lógico, potenciar los "símbolos comunes" de todos: las banderas, la Constitución, los retratos de Reyes y presidentes en los lugares públicos. En cuanto a los religiosos, evidentemente ninguna Administración los puede asumir como propios (Dios y el César), pero eso tampoco supondrá la desaparición de los mismos. La nueva ley dejará claro el respeto a cada opción personal, y la hará efectiva en cualquier lugar. Por ejemplo: un funcionario podrá tener su crucifijo en su mesa del ministerio correspondiente. No se van a prohibir las cruces ni nada parecido. Y los cristianos cometeríamos el mismo error al considerar que con esas actitudes la fe puede desaparecer que el que se cometió cuando se dijo, por ejemplo, que las uniones gay podían socavar el verdadero matrimonio. Los valores no desaparecen porque toda la sociedad no los viva de manera uniforme. Y a Dios gracias, no somos seres cuadriculados.... aunque bien es cierto que desde algunos sectores (y no sólo eclesiales, también políticos, también desde el poder) sí que se querría. Afortunadamente, la futura Ley de Libertad Religiosa no contribuirá a ello. Y ya lo sabe el Nuncio, que el 11 de enero presentará sus credenciales al Rey, y que está satisfecho con los principios de esa reforma. Para la que Roma no va a poner ninguna pega.
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Lunes, 28 de mayo
Jesús Bastante
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral