Por segunda vez -era costumbre del anterior presidente, Alfonso Coronel de Palma, concluir cada encuentro afirmando que "éste es un congreso sin conclusiones"-, sale un manifiesto del XI Congreso Católicos y Vida Pública. Un manifiesto valiente y decidido, que no esconde qué ideología está detrás de él, y que a nadie dejará indiferente. Un manifiesto en el que se denuncia la corrupción, se hace un llamamiento urgente a la participación de los católicos en la política -¿veremos pronto la erección de un partido político "católico"?-, se ataca la "ofensiva laicista que intenta imponer como ética pública una particular opción que se quiere hacer pasar por común, simplemente por el hecho de que aparece desvinculada de toda referencia religiosa", se advierte de los límites a la libertad religiosa y se defiende inequívocamente a la familia basada en la unión hombre y mujer. Hay muchos aspectos en los que no coincidimos, pero hoy me voy a quedar con un párrafo que resume, a mi modo de ver, cuál debería ser la actitud primordial de los católicos en defensa de la vida (además, claro está, de manifestar con rotundidad la oposición al aborto -no a quien aborta, sino al hecho en sí-). Y, sinceramente, me alegra que en esto estemos de acuerdo: defender la vida "exige desarrollar una política eficaz de protección integral a la maternidad, mediante un sistema coherente de ayudas que permita a toda mujer, por desfavorables que sean sus circunstancias, acoger y educar a sus hijos".
baronrampante@hotmail.es
Lunes, 28 de mayo
Jesús Bastante
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral