Imaginemos la siguiente noticia: “Ante la inoperancia de sus propios gobiernos y de los organismos internacionales, más de 1.020 millones de personas que padecen hambre crónica en América Latina y el Caribe, Asia y, sobre todo, África, se proponen reunirse en Roma, para celebrar una Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria. Reclaman la atención de todo el mundo, durante un par de horas, para recordar a los mandatarios mundiales sus promesas incumplidas y para dar a conocer a los más poderosos de este mundo cómo garantizar su derecho fundamental a la alimentación”.
La noticia, desgraciadamente, no va a ser esa. La realidad es que, del 16 al 18 de noviembre, más de 60 Jefes de Estado y representantes de diferentes organizaciones acuden a Roma a otra Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria. Se espera que, durante casi tres días, tengan la mirada puesta en que una de cada seis personas sufre hambre crónica en el mundo y en que, cada seis segundos, un niño muere de hambre en el planeta.
Mientras, todos los que trabajamos para terminar con la lacra del hambre esperamos que, si no por responsabilidad, que lo sea por ética, estas personas no consientan que esta cumbre se convierta en una más y en una burla para los que no tienen ninguna manera de acceder a los alimentos necesarios en cantidad suficiente.
Huelga afirmar que el hambre es un hecho inaceptable en un mundo caracterizado por la abundancia de recursos materiales y alimentos; admitirlo como una fatalidad es una violación consentida de la dignidad humana. La paradoja del hambre es que la producción agrícola podría alimentar, sin problemas, al doble de la población mundial actual; por tanto, es un problema evitable que tiene que golpear la conciencia de todas las personas y mover la voluntad política para erradicarlo.
MANOS UNIDAS, que trabaja codo con codo con misioneros y cooperantes de organizaciones eclesiales, católicas o laicas, se empeña a diario en la lucha contra la pobreza y el hambre, reivindica el reconocimiento del derecho a la alimentación como un derecho fundamental; lucha por un desarrollo rural apropiado al estilo de vida y sostenible; apoya la agricultura a pequeña escala que no genera dependencia externa en energía y recursos; impulsa la agricultura familiar; promueve el desarrollo comunitario y las organizaciones de agricultores, pescadores, pueblos indígenas, mujeres y jóvenes trabajadores rurales; y apoya el modelo cooperativo de producción y comercio que garantice la seguridad alimentaria de los pueblos a través de la soberanía alimentaria.
Para saber más sobre la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria y el Foro paralelo:
www.manosunidas.org
Diez propuestas claves de CIDSE y APRODEV: www.cidse.org
FAO: www.fao.org/wsfs/sobre-la-cumbre/es/
Foros paralelos: www.peoplesforum2009.foodsovereighthy.org
Petición de firmas contra el hambre: www.1billionhungry.org/home/es
baronrampante@hotmail.es
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Enhorabuena por una información religiosa que supere el cotilleo institucional y el morbo clerical, mi reconocimiento y mis sinceros deseos de que temas como el que trata en este post nos ayuden a vivir un cristianismo más comprometido con la justicia.
El derecho a la alimentación es una manifestación del derecho a la vida. Es ya un dercho fundamental, por tanto. Lo que sucede siempre con todos los derechos fundamentales es que no se regalan. Hay que luchar por su reconocimiento y eficacia. Esa lucha ha costado y cuesta muchos muertos, asesinados como los mártires a que te referías ayer.
Y luego hay quien dice que no fueron mártires. Asesinos en potencia. Tan asesinos como los que asesinaron a Ellacuría y los demás. Y cuidado, porque están entre nosotros y algunos tienen armas. Lo más curioso del caso es que estos mismos asesinos, luego condenan el aborto. ¡Qué hipócritas!
Viernes, 17 de febrero
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