La sociedad española no sale de su estupor, una vez más, tras conocerse la noticia de que cinco menores han violado a una niña de 13 años en Huelva. Antes de hacer ninguna consideración debemos ponernos en la piel de esa niña y de esos padres, doloridos hasta lo indecible por lo que ha pasado, asombrados por lo que las personas somos capaces de hacer con nuestros semejantes, escandalizados porque, por muchos desagravios, jamás considerarán satisfecho el daño producido.
Por la mente de esos padres y de esa niña entrevemos una mezcla de dolor, indignación, rabia, impotencia, ansias de justicia, desconfianza... con la vida destrozada como presente y, lo que es peor, como horizonte.
Sería deseable el ejercicio de la justicia por lo que tiene de saludable en sí misma, pero también para alejar la tentación de la venganza. Al mismo tiempo, se hace necesario el perdón para evitar revivir la amargura en cada recuerdo, pero habrá que pensar qué está pasando y si de verdad estamos dispuestos a solucionar el problema, porque no vale solamente preguntar y lamentar.
Todos convendrán en que la justicia, cuando se aplica, es, por definición, a posteriori y que la mejor forma de solucionar conflictos es evitar que surjan, por lo que tendremos que pensar en educar a nuestros niños y a nuestros jóvenes en valores y no en barrer de valores la familia o la escuela, que son los dos ámbitos socializadores por excelencia.
Todos y cada uno sin excepción tenemos una pequeña parcela de responsabilidad en este terreno como padres y educadores, especialmente las personas a las que hemos otorgado con nuestra confianza responsabilidades sociales o políticas. No se pueden realizar declaraciones rimbombantes cuando lloramos estos dramas y luego hacer todo lo posible por borrar a Dios de nuestro mundo.
Editorial de Iglesia en Camino
baronrampante@hotmail.es
No sólo han abdicado muchos padres de su misión educadora en valores, delegando todo a la Escuela. Sin reconocerlo, también han deegado la educación a la calle (amigos, compañeros), a los MCS, etc., que son también agentes educadores (?). Pero cuando la política alienta la desnaturalizacion de los valores, y hace reingeniería cultural sin Dios, como es el caso de varios países de Europa, se cierra un peligroso círculo de decadencia cultural, y se generaliza el mal.
Está claro que esta sociedad crea monstruos.
Mientras que se empeñen en banalizar las relaciones sexuales, en esta sociedad hedonista y consumista ocurrirán este tipo de monstruosidades.
No se hace nada por integrar la sexualidad en la personalidad, respetarse y respetar a los demás, relacionar el sexo con el compromiso, el amor, la responsabilidad, la futura familia.
Para colmo el egoísmo y la falta de empatía florecen en una sociedad como la nuestra. No se fomenta el autocontrol ni el esfuerzo, sino el me apetece pasando por encima de lo que sea.
No se enseñan valores. No tiene un fundamento la moralidad.
Se fomenta la violencia en las pantallas de la tele y del ordenador y las videoconsolas.
Acaban creándose monstruos capaces de matar y violar sin el menor remordimiento. Monstruos precoces.
Jueves, 26 de noviembre
Jesús Bastante
Asoc. Humanismo sin Credos
Siro López
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Rodrigo del Pozo Fernández
Guillermo Gazanini Espinoza
Editorial San Pablo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Ana Bou