A finales de 1999, se daba por seguro que Claudio María Celli sería el nuevo Nuncio de Su Santidad en España, en sustitución de Lajos Kada. Finalmente, el elegido fue Manuel Monteiro de Castro. Pero, incluso en esos momentos, eran pocos los que pensaban que Celli no llegaría a estar presente en las tomas de decisiones vaticanas. Finalmente, sí que ha estado. Como presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, que Benedicto XVI ha dotado de gran relevancia. Monseñor Celli ha estado estos días en Salamanca, interviniendo en el I Congreso de Facultades Católicas de Comunicación, y dando una serie de claves con las que no podemos más que estar de acuerdo. Pese a quien pese.
En su intervención, Celli ha destacado cómo las escuelas de comunicación católicas "no deben ser escuelas de proselitismo religioso", sino que "deben educar en la cultura del diálogo y del respeto". En este sentido, y según nos cuenta Efe, ha desterrado los términos de "escuelas de tipo parroquial o catequético" y ha considerado que una universidad católica "tiene que acostumbrarse a educar a los jóvenes a redescubrir cuál es el sentido de la vida y el de la verdadera cultura".
"Aquí no se dan recetas -ha añadido- y la gran tarea está en hacer encontrar un diálogo profundo entre razón y ser", un encuentro que es "el gran desafío y la gran tarea de la universidad hoy en día".
Asimismo, ha lanzado un "mensaje positivo" en relación con las nuevas tecnologías, ya que, según ha opinado, "ofrecen al hombre de hoy unas posibilidades insospechadas de comunicación y para nosotros (La Iglesia) una perspectiva cristiana también de comunión".
En este sentido, ha aludido al mensaje del Papa Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebra hoy mismo, en el sentido de que el Pontífice "invita a los jóvenes a entrar en esta cultura y a animarla desde dentro llevando los valores fundamentales".
En su opinión, las nuevas tecnologías "ayudan a la persona a superar las barreras nacionales" y le ofrecen la posibilidad de dialogar y relacionarse "llegando siempre más cerca -ha continuado- a aquella visión que tiene la Iglesia de una gran familia humana".
Sin embargo y a pesar de estas ventajas, Celli ha reconocido que el Papa ha abordado algunos de los problemas que conllevan las nuevas tecnologías, unos inconvenientes que tienen que ver con "la menor preocupación de dar contenido a nuestras convicciones" porque a veces, según ha concluido, "tenemos miedo de vivir en silencio".
Todos tenemos miedo de vivir en silencio. Y de ocultar la realidad. Muchas veces, por afán de contar la verdad, cometemos errores. Pero, en la mayoría de los casos, las equivocaciones vienen precisamente en los intentos -lamentables, en mi humilde opinión- por ocultar la realidad. Afortunadamente, en nuestra Iglesia hay muchas más luces que sombras. Si todos nos esforzáramos en abrir las ventanas y no cerrar las persianas, saldrían a la luz la ingente cantidad de acciones, sentimientos y creencias positivas que la fe puede ofrecer a la sociedad de hoy, contribuyendo a construirla.
Evidentemente, el riesgo es claro: que también se vean los aspectos más negativos. Pero si los cristianos no damos un paso adelante y somos los primeros en denunciar, desde la fe pero también desde el rigor, las heridas que nos corroen, nos resultará imposible dar a conocer la maravillosa experiencia del Resucitado. Y quien quiera seguir poniendo parches y tratar de tapar el sol con un dedo, que lo haga. Aquí tratamos de construir sociedad, desde el Evangelio. Y, como tal, con muchos errores. Pero con honestidad.
Feliz Jornada de las Comunicaciones Sociales a todos los que, desde el maravilloso ejercicio del periodismo, tratan de hacer de este mundo un lugar más habitable. Y perdón por las interferencias, y los errores, que siempre suceden. Y más aún desde estas ramas.
baronrampante@hotmail.es
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Entrañable amigo Cahtolicus:
Le agradezco mucho sus palabras.
Una cosa es el trabajo material " de campo " ( fregar, limpiar letrinas , cocinar para los pobres....etc ) y la muy intensa faena corporal( los obreros se ponen hasta " mono de trabajo " ) donde la vestimenta hasta incomoda y entorpece claramente el cotidiano quehacer, y otra muy distinta y diferente, el TRABAJO ESPIRITUAL de los sacerdotes. Muy contraria.
En ese momento digamos ESPIRITUAL, naturalmente debemos ir siempre pero que muy correctamente vestidos e identificados como sacerdotes.
Es de cajón.
Yo al menos así lo he hecho siempre en toda mi vida.
Creo que lo importante, como he visto escrito por alguien del Blog, es siempre EL TRABAJO BIEN HECHO.
Tengo Misa de 7 y media. Y debo correr.
Un saludo muy afectuoso y cristiano.
Lo malo es que en todas partes cuecen habas y más de uno de los que piden luz y taquígrafos en su propio antro no los quiere para nada.
Ánimo de todo corazón, Jesús. La crítica antes del Juicio es una forma de caridad. Obviamente, sin odio.
Cuanto miedo tienen algunos, amigo Barón... siga diciendo la verdad, o intentándolo, aun cuando vengan fallos. Aun cuando en ocasiones no estemos de acuerdo
Dios le bendiga
De buena nos libramos en España.
Domingo, 19 de febrero
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