(De la carta pastoral de Cuaresma de los obispos vascos y navarro).- “El Concilio nos recuerda que ofrezcamos a toda la comunidad los servicios necesarios para que pueda usar los libros sagrados, especialmente el Nuevo Testamento y singularmente los Evangelios «a fin de que los hijos de la Iglesia se familiaricen sin riesgo y con provecho con las Sagradas Escrituras y se impregnen de su espíritu».
Lumen gentium, n. 21 señala que «entre las principales funciones de los obispos destaca (“eminet”) el anuncio del Evangelio». Todos los libros del Nuevo Testamento atribuyen una singular prioridad al ministerio de la Palabra. [46] Desde esta óptica podemos comprender la expresión de S. Pablo, escogido «para anunciar el Evangelio de Dios» (Rm 1,1). «Porque anunciar el Evangelio no es para mí un motivo de gloria; es una obligación que tengo y ¡pobre de mí si no anunciara el Evangelio!» (1 Co 9, 16).
Este anuncio no es en absoluto ni para Pablo ni para nosotros pura obligación. Es un gozo anunciar a Jesús y recoger el eco del anuncio en vosotros. Pero no nos es fácil en estos tiempos y en esta tierra el anuncio del Evangelio. No somos inmunes a la indiferencia, a las interpretaciones reductivas y torcidas de que es objeto por parte de muchos, a nuestras propias imprecisiones o expresiones desafortunadas.
Necesitamos un plus de libertad, de coraje y de discernimiento para decir todo y sólo aquello que debemos decir en cada momento. No podemos omitir el Evangelio de la defensa de las víctimas y de todos los que sufren injustamente. No debemos desplazar el Evangelio de la misericordia del centro de nuestro mensaje. Traicionaríamos uno de los núcleos centrales del anuncio y de la actividad de Jesús si lo margináramos o lo limitáramos sólo a los inocentes.
Queremos seguir anunciando el Evangelio de la Paz, irla preparando laboriosamente, contribuir a crear las condiciones para una paz justa y estable. Hemos de anunciar el Evangelio de la Esperanza en una sociedad que tiene motivos para la decepción y en una Iglesia necesitada de un «suplemento de alma». Tenemos que anunciar la inviolabilidad de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural, en una sociedad insuficientemente sensible a su valor intangible. Y, sobre todo, hemos de anunciar valerosamente la Muerte y Resurrección de Jesucristo como eje y quicio de todos estos mensajes.
Como vosotros y vosotras, somos seres de carne y hueso. Sabemos que el anuncio del Evangelio está estrechamente ligado a la cruz y no somos del todo ajenos a la tentación de rehuirla descafeinando el mensaje o suavizando en exceso aquellas partes que escuecen la sensibilidad de unos o de otros. Pablo pedía a los cristianos de sus comunidades que le confortaran en su ministerio. Nosotros os pedimos insistentemente este mismo servicio".
baronrampante@hotmail.es
Lunes, 28 de mayo
Jesús Bastante
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral