Un año más, ya estamos a las puertas de la Navidad. Para los cristianos esta fiesta consiste en conmemorar el nacimiento en Belén del Hijo de Dios en carne humana. San Pablo lo afirma en su carta a los Gálatas: “Llegada la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para que rescatara a los que vivíamos bajo la Ley y recibiéramos la condición de hijos”. Navidad es el inicio de la revelación de Dios en Jesucristo, que nace pobre y humilde en un pesebre de un establo de Belén. Navidad es la manifestación de un Dios solidario con el mundo.
San Pablo, es su carta a Tito, lo expresa con unas palabras repletas de sentido: “Dios se ha manifestado, Salvador nuestro, con su bondad y su amor a los hombres”.Navidad incluye un misterio de fe, pero también incluye un mensaje del todo humano, y eso puede explicar el profundo arraigo social de esta fiesta, incluso en nuestra sociedad tan secularizada en muchos aspectos.
Con razón, el Concilio Vaticano II afirmó, en su documento sobre las relaciones de la Iglesia con el mundo, que “en realidad el misterio del hombre tan sólo se esclarece de verdad en el misterio del Verbo encarnado. Cristo, revelando el misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al mismo hombre y le descubre su vocación altísima”.
Después de que la humanidad de Dios se ha manifestado en Jesucristo, esta verdadera imagen del hombre ha de cambiar alguna cosa en nuestro interior. Nos ha de hacer más humanos. Y no sólo los días de Navidad. Porque la vocación de la persona humana es sobre todo el amor, el amor recibido y el amor ofrecido. Tan sólo en esta experiencia puede el hombre encontrar el sentido más profundo de su vida.
Por eso, la gracia de la fiesta de la Navidad debiera consistir en hacernos a todos más humanos, más fieles al designio de Dios sobre nosotros, más solidarios con los que padecen hambre y sed, con los enfermos y los pobres, aquí y en todas las partes del mundo. Una globalización del amor, como nos ha recordado Benedicto XVI en su primera encíclica.
La Navidad coincide este año con un tiempo de crisis económica que ya tiene graves consecuencias. Ha aumentado entre nosotros en un 40 % el número de peticiones a los servicios asistenciales que ofrece Cáritas. Las necesidades y penurias económicas se hacen sentir en muchas familias a causa del aumento de los parados. La crisis económica de ámbito internacional exige soluciones técnicas justas y adecuadas a los primeros responsables, pero comporta también que la austeridad sea practicada por todos, y no sólo por los sectores más frágiles de la sociedad.
Por todo ello, ante esta Navidad, creo oportuna la invitación a vivir la austeridad y la solidaridad humana y cristiana, siempre necesarias, pero ahora más todavía. La Iglesia, por medio de las Cáritas y otras instituciones, hace y hará todo aquello que sus medios le permitan, contando siempre con la generosidad de las personas que en nosotros depositan su confianza.
Con este espíritu y con estos propósitos, deseo a todos una feliz Navidad repleta de sentimientos de solidaridad efectiva con todos aquellos que se encuentran en peor situación.
Lluís Martínez Sistach
Cardenal-Arzobispo de Barcelona
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zzzz...
¿ Y que coño pasa con su cura abortero?
¿ Ya está olvidado que pagaba abortos ?
Yo no lo olvido y lo olvidaré nunca.
¿Nostach porque protejes a un abortero ?
Muy bien por el cardenal Martínez Sistach. Feliz Navidad
Martes, 29 de mayo
Jesús Bastante
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez