Una hora más de sueño es una hora perdida, afirmaba, tajante, uno de mis profesores. Otros, en cambio, la ven como una bendición. Y más en domingo, que luego comienza la semana, dura, y estaría muy bien que alguna vez lo hiciéramos descansados. Con estar vivos nos vale, cuentan los pesimistas, no sin razón: si cada 3,6 segundos muere un niño de hambre en el mundo, hagan la cuenta: una hora perdida son más de mil los niños que desaparecen.
De modo que les hago una propuesta: vuelvan a poner el reloj en la hora antigua, no piensen que ha existido, olvídense de que ha pasado el tiempo. O no, o no lo hagan: actúen como si de verdad hubieran ganado una hora. Y hagamos algo. Lo que sea: desde planchar hasta pasar más rato con los nuestros. Pueden acercarse a un comedor -nosotros vamos a hacerlo-, a echar un cable: que con la crisis se han disparado las peticiones de ayuda, y las monjitas no dan abasto. Prueben a sonreir una hora más, aunque salgan patas de gallo. Y jugemos a cambiar el mundo, aunque sólo sean sesenta minutos. Total, una más de sueño es una hora perdida. Ganemos una hora al mundo.
baronrampante@hotmail.es
Martes, 29 de mayo
Jesús Bastante
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez