Olimpiadas, Pekín y el mundo al revés
25.08.08 @ 08:18:06. Archivado en Sociedad
En las ultimas dos semanas pareció que el mundo funciono al revés. El negocio olímpico se impuso a la moral de la humanidad. Durante estas semanas no importó la opresión del Tíbet. Nadie habló de la brutal represión del pueblo chino ni de las ambiciones imperiales de los burócratas y dictadores del régimen. Como por arte de magia dejaron de tener relevancia los peligros y la proliferación de armas del totalitarismo chino. Tampoco importó su conducta beligerante ni sus amenazas a otras naciones. Ninguna de esas cosas que hasta ayer si eran de importancia se recordaron por estas semanas en las que han tomado vida las olimpiadas.
Ha sido el tiempo de abrazar a China y no fueron pocos losque lo han hecho. Parece ser que los Juegos Olímpicos han ofrecido un baño de falsa libertad convirtiendo en un espejismo de democracia esa tierra atormentada por el comunismo más ácido.
En contraposición a estas iniquidades, muchos imaginaron que vivimos en un mundo feliz y como ciudadanos sin fronteras. Se silenciaron las críticas, se cerraron los ojos a los horrores. La ilusión de paz, democracia y tranquilidad fue aceptada como realidad falseada. Hipocresía en su estado más puro. Ni siquiera Aldous Huxley hubiera imaginado que realmente existiría en el siglo XXI una dictadura tan perfecta y brutal como la que vislumbro al escribir su “Mundo Feliz” y si pudiera, pediría disculpas por su obra ante tanta realidad y barbarie.
Lo cierto es, que los ciudadanos chinos, principalmente los residentes de su capital, padecieron las más indignantes violaciones de sus derechos a manos de las fuerzas de seguridad del régimen, ellos debían llevar “documentos de identidad especiales”, se les advirtió no hablar con extranjeros en ninguna circunstancia bajo pena de cárcel y de las consabidas desgracias para sus familias.
Durante el transcurso de las olimpiadas eran interrogados en las calles: filiación política, fuente de ingresos e incluso su grupo sanguíneo eran de interés para los servicios de seguridad. Las corresponsalías extranjeras fueron sometidas a una completa censura y solo pudieron transmitir detalles deportivos de los juegos, nunca manifestarse en cuestiones políticas o sociales del pais. Nada escapó a los hombres de seguridad siempre dispuestos a interrogar exhaustivamente a extranjeros y turistas con extrañas y ridículas preguntas acerca de su nacionalidad, su hotel y los días que permanecerían en el país, sus ingresos económicos y hasta su música preferida, haciéndoles saber que algunos géneros musicales habían sido prohibidos en el país. A estas bajezas hay que adosarle que miles de ciudadanos chinos indigentes han sido desalojados de la ciudad por la fuerza en los días previos y hasta el final del espectáculo internacional para no dar mala imagen al mundo.
En otras palabras, antes, durante y finalizados los juegos olímpicos, China es lo que siempre ha sido, un régimen tiránico sostenido por un estado policial criminal. Lo que hemos observado en China no se trató de la mayor celebración del atletismo mundial. Se trató de una farsa política a la que las elites internacionales han rendido pleitesía de forma hipócrita y mercantilizada, donde la brutalidad, las violaciones a los derechos humanos y el sojuzgamiento de las libertades civiles con las que el régimen totalitario somete a sus ciudadanos ha sido barrida cual basura debajo de la alfombra.
Como sea, hoy se nos dice que era tiempo de abrazar a China. Con ello, falsamente se pretendió mostrar que vivimos todos juntos en un mundo feliz. Se intentó que cerremos los ojos a los horrores y participemos de la ilusión de paz, democracia y tranquilidad. Eso es lo que han sido los Juegos Olímpicos, nos dicen los burócratas.
Quizás, para muchos han sido solo juegos deportivos, sana competencia, diversión y nada más. Pero no tenga usted la menor duda que para los ciudadanos chinos ha sido y es mucho más que eso.
The Washington Post
baronrampante@hotmail.es
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Creo que estamos ante un fenómeno análogo.
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Jesús Bastante
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