
Semana de Pasión, Semana Santa. Jesús llega a Jerusalén, alabado como el Mesías, pero será traicionado, sufrirá mil perrerías, morirá en la cruz… y resucitará, dando sentido a la fe. Cuando hace unos años muchos católicos alababan “La Pasión” de Mel Gibson, lo hacían porque mostraba el sufrimiento de un hombre, del hijo de Dios, que murió por todos nosotros. Pero, como en tantas ocasiones, esa visión cruda y descarnada se quedaba coja: la base está en la Resurrección, en el volver a nacer al hombre nuevo.
Jesús ya hubiera sido un ejemplo a seguir sólo con su vida: con sus milagros, pero sobre todo con su mensaje de las Bienaventuranzas y el mandamiento nuevo, con su afán de servir. Pero, como hijo de Dios, al resucitar de entre los muertos nos hace renacer en la esperanza de una unión total con Dios nuestro Padre.
Sin embargo, en este país nuestro la Semana Santa cada vez más se convierte en un espectáculo de luces, silencios y procesiones. Gargantas desgarradas de las saetas, dolor, aromas a rosas, pasos procesionales, el sufrimiento de costaleros y penitentes… Cada cual es muy libre de vivir su fe y su compromiso en el seno de la Iglesia, y no me cabe duda de que quienes llevan en volandas a “su” Virgen o a “su” Cristo tienen un sentimiento religioso impresionante. Pero la fe no es solo eso.
Las procesiones de Semana Santa cumplen una función indispensable para la fe de nuestro pueblo. Por historia, por cultura y por religiosidad. Pero, ojo, no nos quedemos solamente en el escaparate de la fe. El obispo de Jerez, Juan del Río, lo ha dicho hoy con sumo acierto, alertando contra aquellos que sólo ven la faceta turística y amenazan con “vaciarlas de los contenidos cristianos y alejarlas de su vinculación con la jerarquía de la Iglesia Católica”. No sólo es el laicismo imperante en algunos sectores el que pone en riesgo la fe. Más bien, son los propios cristianos los que corremos el riesgo de perder el rumbo y venerar las imágenes, y no lo que representan.
En su carta pastoral de esta semana, Juan del Río se dirige especialmente a las cofradías, a quienes piden que cuiden la formación y la espiritualidad de sus componentes. No hay que olvidar que, más allá de los desfiles procesionales, estas asociaciones cumplen un importantísimo fin social y caritativo a lo largo de todo el año. No sólo se trata de portar una imagen. Por bello que pueda ser. E, indudablemente, con toda la carga de mística y religiosidad popular, que también es importante, sobre todo para las gentes sencillas. Eso también es fe, nada más lejos de nuestra intención que criticar a quienes son capaces de vivir una devoción similar. Eso también es fe… pero no sólo eso.
“Las cofradías –continúa Del Río- representan a un movimiento de laicos con capacidad de convocatoria, que tienen jóvenes en sus filas y que gozan de un fuerte arraigo en el pueblo y curiosamente, esto acontece en una sociedad secular que está poniendo en entredicho la presencia social del hecho religioso y se está potenciando una animadversión hacia lo católico”.
Así, se preguntó sin “son conscientes las Cofradías de este cambio antropológico, cultural y social que se está imponiendo” y señaló que “los cofrades no deben encerrarse en sus 'cenáculos', en estos momentos históricos, se les pide que contribuyan a elaborar un concepto de sana laicidad, que respetando la legítima autonomía de las realidades terrenas como reclama el Vaticano II (cf. GS, 36) luchen para que Dios y su ley moral tengan cabida en esta sociedad”.
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Vi lo que te decía Isaac por este artículo tuyo. Ocurre una cosa. Durante las últimas décadas se ha tendido a despreciar bastante la religiosidad popular. Ahí tienes el ejemplo del tal Hirundo Romana.
El iconoclasmo progre-elitista que mira con desprecio la fe sencilla del pueblo es de una esterilidad espiritual patente.
Pero dicho eso, no creo que lo que dices en este artículo sea contrario a esa religiosidad popular. La misma, aun siendo fuente de evangelización, necesita también ser evangelizada. Y cuanto más evangelizadas y evangelizadoras sean las cofradías, mejor.
Espectáculo no, trágico circo.
Personalmente, me encuentro identificado con tu artículo.
Por otra parte, la religiosidad popular es necesaria para bastantes personas.
Hace unos pocos años, unas personas que las tenía por pasotas de la Iglesia, en realidad lo son, pero para el Viernes Santo, me dijeron que tenían la intención de subir decalz@s al Calvario.
Yo les dije, que se pusiesen antes la vacuna del tétanos(ya que el terreno es abrupto y pedredoso), y que en el Evangelio nos decía: "misericordia quiero y no sacrificios...".
Me contestaron, que parece mentira que yo les respondiese eso y tal...
Total: Hay distintas maneras de vivir la Semana Santa: yo la vivo o la intento vivir sin espectáculos.
Para unos predomona la fe, para otros el espectáculo, en otros está el termino medio, en parte cosidero al "espectáculo" pedagógico y denuncio también a los curas rebienta procesiones.
Personalmente, me encuentro identificado con tu artículo.
Por otra parte, la religiosidad popular es necesaria para bastantes personas.
Hace unos pocos años, unas personas que las tenía por pasotas de la Iglesia, en realidad lo son, pero para el Viernes Santo, me dijeron que tenían la intención de subir decalz@s al Calvario.
Yo les dije, que se pusiesen antes la vacuna del tétanos(ya que el terreno es abrupto y pedredoso), y que en el Evangelio nos decía: "misericordia quiero y no sacrificios...".
Me contestaron, que parece mentira que yo les respondiese eso y tal...
Total: Hay distintas maneras de vivir la Semana Santa: yo la vivo o la intento vivir sin espectáculos.
Para unos predomonala fe, para otros el espectáculo, en otros está el termino medio, en parte cosidero al "espectáculo" pedagógico y denuncio también a los curas rebienta procesiones.
Domingo, 19 de febrero
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