
"Mi espíritu será libre en los cielos, aunque mi cuerpo esté preso por las cadenas". Este es uno de los versos escritos tras los muros de Guantánamo, probablemente el rincón del mundo "civilizado" más cercano al Infierno, y que han sido recogidos de modo ejemplar en "Poemas desde Guantánamo" (Península). Un libro que, no lo duden, servirá para demostrar, otra vez más, hasta dónde puede llegar el poder humano cuando se utiliza para el mal.
Una sociedad que no respeta los derechos más elementales no tiene fuerza moral para exigir respeto en ningún lugar. Cualquier asesinato, cualquier secuestro, cualquier tortura es igualmente condenable. Pero, si acaso, mucho más si provienen de supuestos adalides de la justicia, la democracia, la paz y la civilización. Maldita suerte la de aquellos que se cruzan en el camino de los "guerreros de la libertad". "Quienes no tienen valor ni honor se creen libres, pero son esclavos", dice otra de las rimas. Con qué verdad.
Son veintidós poemas, veintidós historias. Como la de Osama Abu Kabir, transportista jordano que trabajaba para una organización misionera en Afganistán, donde fue detenido por las fuerzas antitalibanes y entregado al ejército de Estados Unidos. Cuando lo capturaron, llevaba un reloj Casio digital, al parecer una de las marcas predilectas de Al-Qaida dado que algunos modelos pueden servir como detonadores de bomba. Esa fue la razón de su reclusión. Esa parece ser la razón por la que, todavía hoy, Kabir continúa preso en Guantánamo.
Estos son sus versos:
"¿Es cierto que tras la lluvia crece la hierba?
¿Es cierto que las flores saldrán en primavera?
¿Es cierto que las aves migrarán a casa?
¿Es cierto que el salmón contra corriente nada?
Es cierto. Claro que es cierto. Todos son milagros.
Pero ¿es cierto que un día saldremos de Guantánamo?
¿Es cierto que un día volveremos a nuestro hogar?
Yo viajo en sueños, sueño con regresar.
Y estar con mis hijos, que son parte de mí;
y estar con mi esposa y con los que perdí;
y estar con mis padres, el corazón más tierno de la tierra.
Sueño con volver a casa, salir de esta oscura celda.
¿Me oye, juez? ¿Me oye acaso?
Somos inocentes, no hemos cometido pecado.
¡Libéreme, libérenos si aún queda
justicia y compasión en esta tierra!"
Considero lamentable como los seres humanos podemos realizarnos tanto daño unos a otros, más aún cuando este daño se realiza en nombre de la libertad y de la paz, es como golpear a un niño para enseñarle que debe ser amistoso y amable.
Bajo ningún pretexto considero legitimo ocasionar torturas a otro ser humano que es igual a ti.
Lunes, 23 de noviembre
Jesús Bastante
Editorial San Pablo
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Julián Moreno Mestre
Siro López
Rodrigo del Pozo Fernández
Vicente Haya
Jesús Rojano
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo