Ellos sí saben cómo pasarlo de muerte
12.12.06 @ 01:09:14. Archivado en Valencia
Mientras media España no pierde detalle de las galas de Operación Triunfo y Gran Hermano, otros parecen divertirse con concursos mucho más peligrosos. He aquí la penosa moda que parece estar imponiéndose en algunas discotecas valencianas.
Sábado noche (léase domingo a eso de las 6 de la mañana). A un grupo de jóvenes de unos veinte años no se le ocurrió otra cosa que jugar a ver quién se drogaba más. ¿El resultado de la proeza? Un chaval muerto por sobredosis de cristal, la droga que más se lleva, y de la que dicen que lo malo es controlar la cantidad que se consume. El fallecido no tuvo ese problema; se comió la bolsa entera.
Esto que cuento ocurría en el aniversario de uno de los pocos templos que han sobrevivido a más de una década desde que terminó la 'Ruta del Bacalao'. Se trata de un sitio con una música electrónica inigualable y con ambientaciones más que buenas, pero con muy poca materia gris entre algunos de sus asistentes.
Una pena. Pero, como dice Joan Oleaque, profesor de la facultad de Periodismo de Valencia que ha estudiado el fenómeno de la “Ruta” y la evolución de la noche valenciana hasta hoy, “la intención de acabar con el fenómeno y su pretendido fin no eliminó el mínimo peligro de accidente ligado a las noches masivas. Y mucho menos la voluntad de drogarse. Incluso en las discotecas que abren pronto, la gente se droga”.
Por tanto, parece un error y creo que es injusto asociar las drogas con un tipo de música o de discotecas en concreto. Yo misma, en un reportaje de investigación que presenté como trabajo final de carrera, descubrí que el consumo de estupefacientes había aumentado más del doble en diez años. Así lo revelaba una estadística llevada a cabo por el Plan Nacional sobre Drogas, que daba a conocer –tal y como reconoció una muestra significativa de chicos y chicas de mi comunidad en una encuesta domiciliaria- que, si en 1993 el consumo de drogas recreativas entre jóvenes de 18 a 24 años era del 2%, la tasa había aumentado hasta el 4,6% en 2003.
Inaudito. Y lo malo es que lo que antes se entendía como un vicio casi propio de la exclusión social, hoy parece haberse arraigado como la más convencional de las costumbres. ¿Quién no recuerda las imágenes televisivas de hace diez años en las que chicos demacrados y vestidos de lo más hortera bailaban como autómatas en el parking de cualquier discoteca de la costa levantina? Pues bien, hoy las plataformas de aquellos horribles atuendos se han convertido en los tacones de aguja de los modelitos más ultrafashiondelamuerte.
Y tal vez ese cambio en la estética disfrace unos consumos desorbitados a los que no se presta más atención que el manido recurso informativo de los veranos ibicencos. Mientras, durante todo el año la gente se empolva la nariz hasta en la boda más pueblerina –hay quien dice que esos eventos son las peores- y en según qué locales la gente se toma lo de ideal de la muerte demasiado al pie de la letra.
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Elba Díaz
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