Expresiones enladrilladas
03.12.06 @ 17:00:36. Archivado en Valencia
Hace una semana que se celebró en Valencia la feria URBE Desarrollo, en la que se dieron cita las mejores promotoras inmobiliarias del país para exponer su oferta e intentar vender a los precios desorbitados que las caracterizan. Como ahora trabajo en una de ellas y mi misión durante el evento fue investigar –con el método de cliente misterioso o pseudo compra- cómo trabaja la competencia, hoy que redacto el informe me doy cuenta de lo rebuscado del lenguaje que utilizan los comerciales de estas empresas, casi más alejado de la realidad que el poderme independizar por mis propios medios.
Para empezar, me hace gracia cómo la lengua se adapta a cualquier situación y, así, en España decimos que compramos unos zapatos o cualquier otra cosa pero, cuando nos referimos a una vivienda, el verbo comprar ya no sirve y todos exclamamos: “Es que se ha metido en un piso”, lo cual parece implicar mucho más que una simple compra. De hecho, meterte te metes hasta el cuello pero, en fin, prosigamos con mi vía crucis de la feria.
Mi primera parada fue en una de las cinco promotoras más prestigiosas de cuantas se exponían. La comercial me mostró el “único” piso que les quedaba en Valencia capital (menos mal que era el segundo día por la mañana), un apartamento de unos cincuenta metros por el módico precio de 690.000 euros. Cuando le señalo que sólo tiene un baño, me suelta: “Claro, es que con un solo baño la vivienda te resulta mucho más espaciosa”. Vaya, qué lógica aplastante. Por esa regla de tres, lo quitamos y me hago una pista de baile que ni la de Pacha.
A continuación, recalé en un sitio con una comercial que era un encanto y a la que tal vez habían contratado porque tenía una voz que hipnotizaba. La buena mujer me dijo que en Valencia capital –ése era mi criterio de búsqueda- tenía varias cosas. La primera de ellas era un piso de tres habitaciones por “unos 600.000 euros”. Al decirle que mi pretensión era independizarme y que ni en broma podría asumir ese gasto, me contesta: “Claro, se nos va de precio”, como si los demás apartamentos que me ofrecía (de una habitación y 300.000 euros), fueran gangas y sí los pudiera pagar holgadamente.
Para más inri, el edificio –hasta 2009 un solar- del que me hablaba está pegadito a uno de los barrios marginales más conflictivos de toda el área metropolitana de Valencia. Pero claro, cuando algo está en un sitio chungo, lo llaman “zona de futuro”. Parece que sepan que serán nuestros tataranietos quienes acabarán de pagar las hipotecas.
De todas maneras, los creativos que inventan los nombres de las promociones procuran ponérselo fácil a los comerciales y, por eso, cuando no saben qué decir de un conjunto de viviendas ubicadas en un lugar más feo que el constructor, le ponen sobrenombres como “Resort”, que en inglés no significa otra cosa que centro de turismo. O sea, que queda que te mueres para un complejo hotelero de Playa Bávaro, pero cursi e inapropiado para unos pisos ubicados junto a Nazaret (para entendernos, el equivalente valenciano a Vallecas). Seguramente también lo han hecho con idea “de futuro”, porque a buen -o mal- seguro, la zona común de esas torres será el único turismo del que podremos disfrutar si nos “metemos” en uno de los pisitos del “Resort”…
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Elba Díaz
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