Enlace de horteradas
02.10.06 @ 00:44:29. Archivado en E
Ha llegado el momento de que hablemos de boda. O de bodas. Tradicionalísimo evento éste que, tras haber sufrido unos años de aparente rechazo social, parece haber retornado con fuerza, quizás, y entre otras causas, porque muchos se han dado cuenta de lo rentable que resulta. Sobre todo porque, si dos personas deciden vivir como pareja de hecho, deberán despedirse –entre otras cosas; no lo hagamos largo- de un fasto que genera como beneficios un viaje de dos semanas y una cuenta corriente más que saneada. Analicemos ahora el festejo en sí.
Para empezar, el atuendo de muchos de los invitados es digno de estudio: tacones del siglo pasado -pero de esos que aún no se han vuelto a llevar-, chaquetas de ellos mal abotonadas y excesiva rigidez a la hora de llevarlas… Yo es que en estas cosas me fijo y me gusta hablar de ellas porque, entre que la moda es algo que me va y no tengo pareja con quien chismorrear en el momento…
Luego una entra a la iglesia y tiene que oír comentarios machistas por parte del sacerdote, como el de pedirle a Dios que ella sea fiel, mientras que a él sólo le exige “fortaleza para afrontar los momentos difíciles”.
A continuación, llega el convite. Si, generalmente, todo es buenísimo y abundante, también generalmente la estética es Kitsch que te mueres. Incluiremos en esta estética, pues, los sempiternos vítoles de “vivan los novios” o “que se besen”, sobre los que ya escribió en su día un buen amigo. El colofón lo pone la tarta de varios pisos que, concretamente, en la boda a la que fui el pasado viernes, salía del sótano. De todas maneras, todavía suele haber algo más hortera: los regalitos.
¿Ningunos recién casados se han dado cuenta todavía de que nadie quiere en su casa una figurita de porcelana con una inscripción en rotulador dorado permanente con sus nombres separados por el doble anillo que simboliza el enlace? Pues que sepan que cuando, a la vuelta del viaje que hemos pagado todos vienen a visitarnos, la figurita ni se ha roto ni es que no sabemos dónde la hemos puesto. Lo que ha pasado con ella es que, directamente, la hemos tirado a la basura.
Para evitar esto, y para darle otro aire a las bodas, propongo sustituir ese regalo con pretensiones de Lladró –pero de todo a cien- por otra cosa. ¿Por qué no sorteamos entre los asistentes un DVD?
Esto no sólo haría la celebración mucho más amena, participativa y divertida, sino que los invitados que no se lleven nada a casa, como mucho, perderán la oportunidad de cargar con el medio kilo de porcelana baratera con la susodicha inscripción que, además de hacerla aún más horrenda, nos impide volverla a regalar. Y aún otra cosita: los novios –o sus padres, que son al fin y al cabo quienes pagan todo el tinglao- ahorrarán bastante dinero en trastitos y en puros porque, a trescientos invitados que tenía la boda que antes comentaba, sólo con que cada figurita valga un euro, hablamos ya de un equipito de los buenos…
En fin, piénsenlo quienes vayan a casarse y procuren hacer de su grandísimo día algo diferente. Para que los demás lo recordemos también como algo especial y no sólo por la calidad de su barra libre.
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Si que es cierto que las hay bastente peculiares ;)
Un saludo y enhorabuena por el blog
Patricia
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Elba Díaz
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