El Papa de los huevos de oro
10.07.06 @ 01:44:39. Archivado en Valencia
Los periódicos mañana titularán por donde quieran e informarán, como está mandado, siguiendo su línea editorial. Sin embargo, yo me adelanto y les aseguro que la visita del Santo Padre ha sido, desde el punto de vista de la rentabilidad económica, un rotundo fracaso. Se equivocaban quienes auguraban que, por cada euro invertido, se obtendrían cuatro. Como a la lechera, a estos visionarios sus ilusiones se les han caído al suelo.
Preparándose para este fin de semana, muchos hosteleros venían de la compra cargados como si en lugar del Papa viniera una guerra y, relamiéndose, exclamaban: “Hemos comprado lo que no está escrito, nos vamos a forrar”. Todos esperaban que el millón y medio de visitantes –de los cuales la plataforma Jonotespere asegura que finalmente sólo han venido 300.000- recalara en su terraza. Sin embargo, la imagen que en la tarde de ayer ofrecían los bares de Valencia era bien distinta.
Bocadillos revenidos apilados a pleno sol, cajas y cajas de refrescos sin consumir y hasta el dueño de un restaurante llevándose un lechal entero a casa porque nadie se lo había comido. Eso sí, familias enteras hacían cola en las fuentes para rellenar su botellita de agua o pretendían subir en el autobús mostrando sus carnés de peregrino cual bonobús mensual.
El panorama en los comercios tampoco era mucho mejor, ni en los centros comerciales situados en los alrededores de la zona del Encuentro ni en las calles más céntricas de la ciudad. De hecho, muchos decidieron cerrar antes de hora mientras otros se preguntaban si todos estaban igual de vacíos. No vendían ni los quioscos. La señora que regenta el de debajo de mi casa –a escasos 100 metros del tinglado papal- aseguraba que sólo se había agotado ABC, por el consabido sombrero que regalaba para la ocasión.
De otros diarios, la buena mujer decía no haber vendido ni un ejemplar y, mientras ponía como ejemplo el de La Gaceta de los Negocios, para su escarnio se acercó un repartidor que los regalaba. Estaba claro, ¿quién iba a pagar 1,20 € por un periódico que, además de gratis, este fin de semana se había erigido en el "diario del V Encuentro Mundial de las Familias"?
Les puedo seguir hablando de los hoteles, a medio llenar porque, quienes no encontraron anfitrión que les alojara en su morada, y en vista del caluroso clima valenciano de estas fechas, no han tenido reparos en acostarse sobre el mismo césped de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Vamos, que los peregrinos no se han dejado ni un euro en la ciudad, pudiéndose cuestionar entonces el enorme gasto –olvidemos, por tanto, la palabra inversión- que las autoridades han hecho con el dinero de todos.
Que conste que, en principio, yo no era de ese colectivo que no l’esperava, pero no debería olvidárseles a quienes deciden por todos que este fasto se ha celebrado con los impuestos de un gran número de personas que se oponía, que todos los ciudadanos de Valencia han sufrido durante dos meses una merma en su libertad de circulación y que el dispositivo de seguridad desplegado contrasta con la dejadez de unas infraestructuras en las que, en otro extremo de la ciudad, 42 personas murieron el pasado lunes. Gente que sí pagó por algo que, lo quisiera o no, desgraciadamente no ha podido disfrutar.
Por todo ello, si lo que pretendían era dar publicidad y que el nombre de Valencia resonara y resuene desde ahora en todo el mundo, no tengo nada que objetar. Pero que no me vendan la moto de la “alta rentabilidad que el evento reportará” porque no sólo se ha demostrado que no es cierto, sino que cada vez que ahora oigo el nombre de mi ciudad lo único a lo que a mí me recuerda es a lo Quijotes que somos siempre en la capital del Turia.
NOTA: Con respecto a la “catástrofe del metro” (fijémonos en que ningún medio lo denomina “accidente”), todo me sigue pareciendo enormemente sospechoso. Dado que me estoy excediendo del espacio habitual, plantearé ahora sólo unas cuestiones para desarrollarlas en un próximo artículo.
CUESTIONES
1ª. ¿Cómo es posible que un cacharro del año 88 circule a 80 km/h en una curva?
2ª. ¿Por qué no se ha tenido en cuenta que todas los heridos entrevistados coincidían en que habían oído “una fuerte explosión” y sólo se ha dado eco a una mujer que dijo que, a su parecer, el metro circulaba “muy deprisa”?
3ª. ¿Por qué dar tanta credibilidad a una ‘caja negra’ que sólo han visto Antón y compañía?
4ª. ¿Por qué hay tantos muertos y tan pocos heridos? En un accidente, las cifras suelen ser a la inversa.
Está claro que, muerto el conductor, inventar es muy fácil.
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Elba Díaz
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