El alma del haiku

Así mismo

24.02.12 | 12:00. Archivado en Santôka, Issa, Clásico, Contemporaneo, haiku filosófico

Aru ga mama
zassô to shite
me o fuku

あるがまま雑草として芽をふく

Así, tal cual,
como hierbas que son,
los brotes se abren

Sin hacer nada sucede el mundo. Los seres se despliegan sin necesidad de otra cosa que de ser ellos mismos. El ser humano lo sabe:

Aru ga mama
zassô to shite
me o fuku

あるがまま雑草として芽をふく SANTÔKA

Así, tal cual,
como hierbas que son,
los brotes se abren

Literalmente, aru ga mama, “tal cual, tal como puede verse, así mismo, sin que tenga que pasar nada especial, con sólo darle tiempo al tiempo”; zassô to shite, “asumiendo la condición de hierbajos, en tanto que son hierbajos”; me o fuku, “nacen los brotes”. En una cultura donde no hay un Dios Creador, donde todo es originado por la energía que recorre el universo, un haiku como éste está impregnado de sentido.

No hay nada que hacer para que la maravilla tenga lugar:

Tada oreba
oru tote
yuki no furi ni keri

たゞ居れば居るとて雪のふりにけり ISSA

Simplemente estando,
quedándome en ese estar,
caía la nieve

El wu-wei, el “no-hacer” del Taoísmo, no es la quietud zen, es permitir a las cosas que sean; es no cortar los vínculos que hay cuando tú estás. Es actuar sin que tu acción vulnere la armonía en la que se te ha instalado.


Infierno

Yo no naka wa
jigoku no ue no
hanami kana

世の中は地獄の上の花見哉
ISSA

Mientras estamos en este mundo
por encima del infierno
¡poder contemplar las flores!

Una flor es para un japonés un extracto de la belleza del mundo, de su capacidad generadora de vida y del placer que nos produce estar vivos en un lugar tan frágil.
Sobre la contemplación de las flores se han escrito haikus gloriosos en la historia de la literatura japonesa, así que la elección de uno para comenzar el epígrafe se hace casi imposible sin cometer injusticia. Puestos a inclinarnos por alguno, quizá nos impresione de una manera particular este haiku de Issa

En poesía japonesa en general, y en haiku en particular, el repertorio de asombro por el florecer es amplio. Encontramos haikus con la extrema sencillez de Onitsura -en el primer haiku que citamos a continuación- y otros que rodean el hecho del florecimiento de una aura mágica como puede verse en el de Buson que le sigue:

庭前に白く咲きたる椿かな
ONITSURA

En el jardín
ha tenido lugar la floración
blanca de una camelia

虹を吐き開かんとする牡丹哉
BUSON

A punto de abrirse
exhalando un arco-iris,
la peonia


Sólo quedan las luciérnagas

11.12.11 | 12:00. Archivado en Santôka, Contemporaneo, haiku filosófico

うまれた家はあとかたもないほうたる
Umareta ie wa atokata mo nai hôtaru
SANTÔKA

No hay el menor vestigio
de la casa en que nací
Las luciérnagas

Nada está como antes. Los conocidos se han ido o han muerto. Un haiku de temática parecida es:

Aitai ga aenai oba no ie ga aoba-gakure

Quiero ver a mi tía pero ya no puedo
Su casa está ahora oculta
entre las hojas verdes


Falta de cortesía

21.10.11 | 12:00. Archivado en Santôka, Contemporaneo, haiku filosófico

石に腰を墓であつたか
Ishi ni koshi o haka deatta ka
SANTÔKA

Me senté en una piedra
Y luego... ¡resultó
que era una tumba!

Otro haiku de temática parecida (la sorpresa ante unas tumbas):

Yama-suso atatakana hi ni narabu haka sukoshi kana
“La falda de la montaña / en un día templado... / ¡Una fila de varias tumbas!”


Agua

04.10.11 | 12:00. Archivado en Santôka, Contemporaneo, haiku filosófico

水音のたえずして御仏とあり
Mizuoto no taezu shite mihotoke to ari
SANTÔKA

Incesante sonido del agua
Presencia del Buda

No es sencillo hacer llegar al castellano todos los matices y posibilidades del original. La estructura sintáctica que acaba con shite quiere transmitirnos la impresión de que el poeta se hace consciente de algo. Y que esto de lo que se hace consciente es la causa del segundo verso; de modo que el primer verso quedaría algo así como: Porque el agua no cesa, Siendo así que el agua no cesa… El segundo verso literalmente quiere decir: “Estar con el Buda”. Puede ser que nos refiramos a un pequeño buda de piedra o el mismísimo Buda universal. Tampoco sabemos si es el agua, con su sonido incesante, la que está con el Buda, o es Santôka el que se siente en presencia del Buda por gracia de un sonido incansable. No hay cansancio en la existencia; los seres –cada uno con su naturaleza propia- pujan y pujan por vivir, estemos ahí delante como testigos poéticos o queden los seres anónimos expuestos únicamente a su propio hechizo. El Buda pertenece a los seres, y no al contrario. El sin tiempo del murmullo del arroyo nos hace conscientes de la naturaleza búdica que habita la existencia. Los diferentes posibles sentidos del haiku se entrelazan y nos sitúan en tiempo real junto al Buda.


Estar vivo

27.07.11 | 12:00. Archivado en Issa, Clásico, haiku filosófico

斯う活て居るも不思議ぞ花の陰
ISSA

Estar tan vivo…
¡Qué cosa tan misteriosa..!
A la sombra de los cerezos


Delicadezas del oído II

Kusa no ne ni
kakurete kikan
kankodori

草の根に隠れて聞かんかんこどり
OTSUIN

Escondidos
en las raíces de las hierbas
escuchemos al kankodori

En este haiku, el poeta se está muriendo, y de lo que habla es del canto del kankodori. Porque esto es lo único que considera importante de lo que está ocurriendo. Este sonido es el lazo que lo sigue vinculando a la existencia, es decir, a lo sagrado. Lo demás, el estarse muriendo, no tiene tanta importancia para el poeta. En Occidente, el que se muere gasta sus últimos momentos en poner a bien su alma con Dios; en Oriente, si puede y sabe, ese mismo hombre deja un último tributo (en forma de poema) a los sentidos que lo han unido durante toda su existencia a lo sagrado.

Oto nashite
tatami e ochiru
tsubaki kana

音なして疊へ落る椿かな
SHIRAO

¡El sonido que hizo
la camelia al caer
sobre el tatami…!

Un poeta occidental tal vez no hubiera considerado motivo poético suficiente lo que se cuenta en este haiku, el haijin sí: hace notar ese sonido que evidencia el silencio que lo envuelve. Un sonido revela un océano de silencio.


El vicio de pensar

21.06.11 | 12:00. Archivado en Issa, Clásico, haiku filosófico

Hito areba
hae ari
hotoke ari ni keri

人あれば蠅あり仏ありにけり
ISSA

Si había seres humanos,
había moscas…
y Budas

Otra vez Issa y su personalísimo estilo. Antes que nada, tratamos de imaginar la escena: al parecer, Issa ha llegado a un lugar que en otro tiempo estuvo habitado. Comprueba que ya nadie vive. Sólo hay ruinas. Y moscas… Y también budas. La asociación moscas y budas es algo más que cómica; es iconoclasta. Las moscas nos parecen sucias, insignificantes y vulgares; por el contrario, los budas los tenemos como excelsos, inmaculados y dignos de respeto. En el corazón del místico no hay jerarquías: toda existencia es maravillosa. Así, un haiku con una primera intención cómica, adquiere un carácter distinto: filosófico. Con humor, Issa trata de explicarnos cómo él comprende las cosas, cómo -según su modo de pensar- nada es excelso y nada es indigno. Cómo la vida pasa, y hasta qué punto los logros del ser humano son efímeros. Hay cierto sarcasmo en el hecho de que, no sólo los budas de piedra, sino hasta las moscas sobrevivan al ser humano. De los sueños de grandeza de los hombres, han quedado las moscas que vivían de sus excrementos, y los budas, que vivían de sus aspiraciones, de sus intenciones nobles y de sus miedos. Lo que hay por debajo de los hombres, y lo que hay por encima, ha conseguido sobrevivir a los mismos hombres. Ellos, por el contrario, no lo han logrado. Evidentemente, estamos ante un haiku filosófico. No es haiku de lo sagrado porque no hay asombro por la naturaleza de los seres; tampoco es proselitista porque no intenta entremeter su espiritualidad en la escena: los budas (hotoke) son realidades materiales que uno se encuentra por los caminos en Japón. Es un haiku fabricado con una primera intención de que sonriamos que deviene en un haiku que quiere hacernos pensar. Aunque, tal vez, un haiku no sea el mejor instrumento para hacer que los seres humanos reflexionen.


El tiempo detenido

27.05.11 | 12:00. Archivado en A2) Autores de haiku, Contemporaneo, haiku filosófico

Hito hana dani
chirazaru ima no
toki tomare

一花だに散らざる今の時止まれ
HAYASHI SHÔ

Ahora que no cae ni un pétalo,
justamente ahora,
oh tiempo, detente

Sólo eso; nada más que eso. Que se detenga el tiempo. Que ahora se detenga el tiempo…

Para comprender bien este haiku, hay que hacer notar que, en japonés, el imperativo es una forma verbal que apenas se usa, y menos en poesía. Incluso en situaciones límite, los japoneses suelen usar el rogativo en lugar del imperativo.

Pero en este caso, el poeta es como si hubiera hecho acopio de toda su fuerza interior y su osadía para ser capaz de dar una orden absurda a la existencia; una orden que podría formularse así: “¡Que no cambie nada! Ni lo más mínimo”. En la intuición de que todo -finalmente- se ha dispuesto para una perfecta gestación de algo, como el alineamiento de los planetas, o esa conjunción de todo con todo que preanuncia el nacimiento de una realidad completamente nueva sobre la superficie terrestre.

La mente japonesa está especialmente capacitada para sentir como un todo las miríadas de impresiones sueltas que se dan alrededor nuestra. Esta percepción global –a nivel inconsciente- llega a ser un rasgo distintivo de la naturaleza propia del japonés, a diferencia del occidental que se concentra mucho en un punto concreto y abandona el resto de su entorno como si no estuviera sucediendo. La “mente difusa” del japonés y la “mente concentrada” del occidental, distan entre sí tanto como quepa imaginarse, y son el fruto de dos culturas muy diferentes: la cultura del “estar” y la del “conseguir”.

Pues bien, imaginemos una situación en la que todo ese exterior que rodea al poeta fuera “perfecto”. Por supuesto, siempre lo es; pero esta vez es perfecto desde el punto de vista de los gustos concretos del hombre que así lo califica. Y asistimos al momento en que el poeta japonés abandona su herencia continental de Taoísmo según la cual las cosas son siempre perfectas tal como son, y su herencia de Budismo por la que el deterioro de las cosas es su naturaleza específica, ésa con la que debemos aprender a convivir, y surge dentro de él un capricho. Un capricho que no permiten ni las filosofías ni las religiones: “Quiero que el mundo se detenga. Quiero que sea siempre como es ahora”. Tal vez, el poeta formula este deseo porque ya, de hecho, ha sentido que el tiempo se ha detenido para él, que el mundo ha cristalizado con la forma de lo perfecto, y quiere que siga así.

Dejar constancia de que para uno mismo el tiempo se ha detenido, en el resto del planeta, es el resultado de una fuerte experiencia mística; en Japón, es un capricho de poeta.


El infatigable “yo”

22.05.11 | 12:00. Archivado en A2) Autores de haiku, Contemporaneo, haiku filosófico

Tsuki akari
hachiyushichi no
mono omoi

月あかり八十七の物思ひ

La luz de la luna
Ochenta y siete años
Da que pensar

Ya hemos visto que uno de los problemas más habituales de los occidentales que escriben haiku –virtualmente conectado con el que mencionáramos de los haikus de amor- es comprender cuándo y en qué condiciones puede aparecer su “yo” en su poema. La primera respuesta que nos vemos en la obligación de dar es: “Nunca”. La contundencia de esta primera respuesta va a servir al poeta neófito para que su haiku no sea un zappai (un juego del “yo” que se aprovecha del metro del haiku). El poeta en Occidente está acostumbrado a trabajar desde su “yo” y a hacer de su “yo” el tema preferido de su obra; y, de pronto, se le pide que deje por completo de hablar de sí mismo y atienda a lo exterior, a lo que él no es, que hable de lo que ve (no según él lo ve, que al final vendría a ser otra vez hablar de sí mismo) sino según lo que las cosas son, es decir, según las cosas se van mostrando. Se le pide que se vacíe de sí y que se adiestre en su exterior, y el poeta occidental hace siempre un primer amago de rebelarse ante esta importantísima clave de éxito en el nuevo camino que ahora emprende.

Para privarle al poeta occidental por completo de asideros posibles, vamos a ver en lo sucesivo haikus en los que de una u otra forma aparece el “yo” del poeta como excepción a la regla que acabamos de formular, y explicaremos si es cierto que son una excepción a la misma.

Elegimos para comenzar a tratar esta cuestión del “yo” un haiku en el que está presente el “yo” del poeta; más aún, el mismo poeta parece ser el protagonista de su haiku, y sin embargo su poema «sabe a haiku». ¿Por qué? Porque, en este caso, él es sólo un motivo, como vimos que era para Onitsura la ensenada de Naniwa, un lugar donde ubicar el haiku: también el “yo” es un marco en el que sucede el asombro.

Releámoslo... ¿De qué se nos está hablando? ¿Cuál es el centro de atención del haiku? La luz de la luna. Nos damos cuenta de que es, en realidad, un haiku dedicado a la luz de la luna.

La textualidad de este haiku permite muchas interpretaciones válidas, pero ninguna de ellas contiene la más mínima vanidad: * Ya van 87 años de estar bajo la luz de la luna; * La luminosidad de la luna está iluminándole en su 87 cumpleaños; * El poeta puede hablar de la luz que irradió la luna durante los 87 últimos años; * La luz de la luna es algo que le permite pensar en haber llegado a los 87; * Es posible que éste –el 87- sea el último año que le sea dado contemplar la luminosidad de la luna... Todas estas y algunas interpretaciones más son posibles en el texto original. Pero en ninguna de ellas lo que importa es el poeta.

Una primera conclusión, por tanto (ya avanzaremos otras más tarde), es que el poeta puede aparecer en su haiku con la condición de que desaparezca en él, y que su aparición haya servido para iluminar más todavía alguna otra realidad distinta de sí mismo. Es un experimento arriesgado hacer en materia de haiku como hemos visto que ha hecho este poeta. Es lícito, pero advertimos que no es fácil; que el “yo” es una realidad expansiva –voraz- y que su aparición normalmente eclipsará cualquier otra realidad con la que se encuentre.


¿Pensamiento en el haiku?

18.05.11 | 12:00. Archivado en A2) Autores de haiku, Clásico, haiku filosófico

Mono no me no
araware ideshi
daiji kana

ものの芽のあらはれ出でし大事かな
KYOSHI  

Que los brotes de las cosas
salgan y aparezcan…
¡Es el fundamento de todo!

Ejemplo claro de haiku filosófico o «haiku para ser pensado», carece a nuestro juicio de vis poetica [fuerza poética] por su evidente pretensión de comunicar ideas. El haiku filosófico se escuda en el hecho de haber recibido una impresión del exterior, pero lo cierto es que más que transmitirnos esa impresión en sí misma, lo que pretende es hacernos partícipes de lo que le ha hecho discurrir mentalmente. Cuando el poeta confecciona un haiku de esta clase, evidentemente, ha sucumbido en su mente a la vanidad de que el lector llegue a sus mismas conclusiones.

El haiku filosófico es, desde el punto de vista de la esencia del haiku, una equivocación y hasta una traición. El argumento de que el hombre y su modo de entender la realidad forman parte de la misma es seductor para los occidentales, no para los japoneses, que tan sólo caen en el haiku filosófico como en una tentación natural de su “yo” sin excusa posible.

El hombre, para el japonés, es esa realidad que se nos muestra completamente privada de la menor manifestación de lo sagrado; el mundo humano es lo que se desarrolla contra la santidad del mundo natural; y el pensamiento del hombre es aquello que jamás podrá capturar lo sagrado. No hay dudas respecto de esto en Japón; no hay titubeos. Un haiku que nos explique cómo es el mundo no es un haiku; es filosofía poética al modo de Chuang Tzu. El haiku es imagen, no reflexión.

Y no sólo hay que prevenirse del haiku que contiene una ideología; sino, más aún, hay que evitar -dentro de lo posible- los haikus que, incluso no teniendo como intención comunicar ideas, hábilmente esgrimidos por intelectuales manipuladores, las puedan sostener. Esto ya es mucho más complicado. Habría que preguntar a Buson cómo se las ingenió para que las figuras emblemáticas de las religiones japonesas que le sucedieron en el tiempo no hicieran uso de sus textos para sus reflexiones o predicaciones. Tal vez si Bashô levantara la cabeza, sabiendo lo que luego se hizo con alguno de sus haikus, optara por no haberlos escrito nunca. Por bellos que fueran. Porque haciendo del haiku un género intelectualmente significativo corremos el peligro –mortal para el mundo de la poesía- de dejar de contemplar la realidad que trasparentan los haikus y pasar a ver simplemente el mundo de ideas que estén sosteniendo esos haikus.


Palabrería hueca

03.05.11 | 12:00. Archivado en A2) Autores de haiku, Issa, Clásico, haiku filosófico

Tarai kara
tarai ni utsuru
chimpunkan

たらいからたらいに移るちんぷんかん

Nos mudamos de una tina
a otra tina…
¡Cuánta palabra sin sentido!

Debemos abandonar las palabras insignificantes, las palabras sin significado, las palabras heredadas, las palabras usadas, las palabras prostituidas, las palabras altisonantes, las palabras ociosas, las palabras groseras, las palabras vanidosas, las palabras del “yo”, las palabras del poder… Issa, en su último haiku, haiku de muerte, quiso poner el acento en todo ese inútil borbotón de palabras que es nuestra vida:

Tarai kara
tarai ni utsuru
chimpunkan

たらいからたらいに移るちんぷんかん ISSA

Nos mudamos de una tina
a otra tina…
¡Cuánta palabra sin sentido!

De la cuna al ataúd, de un barreño a otro, todo es chinpunkan. Chinpunkan, en japonés, es una frase hecha que trata de reproducir onomatopéyicamente el inútil sonido de las palabras que no significan nada. Cuando un japonés quiere decir “no te comprendo”, puede chistosamente usar la expresión chinpunkanpun. Issa, muriendo, confiesa no haber entendido nada; nada de su vida, nada de la vida humana, nada del sentido de tantas palabras y tantos versos. Issa comparte con nosotros su sospecha de que todos seamos extranjeros en el mundo escuchando un idioma que no comprendemos, un idioma que no responde a la realidad de las cosas, que nos hemos inventado para separarnos del flujo de la vida, palabras que sólo en ocasiones puntuales se prestan a ser haiku. Y que sólo excepcionalmente es entendido por los habitantes de ese mundo real que nos rodea y que nos interpela a cada paso: “Oh hombre, oh mujer, ¿qué eres? ¿Qué significas tú? ¿Qué es lo que significan tus palabras?”.

Y la contestación del haijin es:

Ima made wa
nama-tawagoto o
tsukiyo kana

今まではなまたわごとを月夜かな TOKUGEN

Hasta ahora
no he dicho más que tonterías…
¡Qué noche de luna!

Pretendemos que nuestro trabajo no se sume al chinpunkanpun de la oferta cultural del ocio de nuestra vida vanal; otro cómplice más de nuestros hábitos de consumo de literatura espiritual. Deberíamos ayudar con nuestro trabajo a fabricar a fuerza de palabras un silencio largo como una vida de hombre, como una vida de mujer.

Tal vez, deba ser eso nuestra vida: un silencio hecho de palabras… Tendemos un puente de palabras entre un silencio y otro silencio. Entre el silencio que fuimos y el silencio que seremos... Lo llamamos “nuestra vida”, aunque, en realidad, las más de las veces, no es más que un ruido que se obstinara en el tiempo. Hasta que tenemos la suerte de rendirnos ante lo que nos sobrepasa, de ser doblegados por el misterio que nos envuelve y el misterio que somos, y nos decidimos con todas nuestras fuerzas a transformar nuestra palabra en silencio.

Así surge el haiku. Como una locura por no-decir con palabras, como un despropósito, como una paradoja llena de luz. Es con el haiku como comprendemos que hasta que no consigamos expresar audiblemente nuestro silencio, todo ha sido fracaso, todo ha sido insuficiente, todo un dolor inútil.


Jueves, 23 de marzo

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