El alma del haiku

El "yo" entra en escena

11.02.12 | 12:00. Archivado en Poetisas de haiku, Contemporaneo, haiku de compasión

Mushi no tamago o
sodatete itaru
fuyu no shiba

虫の卵を育ててゐたる冬の芝 

Habrá que terminar de incubar
esos huevos de insecto
El invierno en la hierba

Hemos comprendido que un poeta de haiku no es una máquina fotográfica. Un haijin es un corazón que apresa las imágenes que le han transtornado, para bien o para mal. Pero, ¿hasta dónde puede evitar un corazón entrar en la escena que está contemplando cuando ésta precisa de alguien que intervenga y no de alguien que la deje fielmente reflejada?

Nos sorprende, por ejemplo, Nozawa Kanajo escribiendo:

Mushi no tamago o
sodatete itaru
fuyu no shiba

虫の卵を育ててゐたる冬の芝  NOZAWA KANAJO

Habrá que terminar de incubar
esos huevos de insecto
El invierno en la hierba

El invierno se ha anticipado a lo previsto y aún no se han abierto los huevos de insecto cuya puesta Kanajo tenía observada… “Insecto”, así, en general, sin especificar la especie, tanto da si es fascinante como una luciérnaga o sucio como una mosca. Ahora lo importante no es la calidad de la vida que pueda surgir de esos huevos sino el hecho de que esa vida esté a punto de ser abortada. Para ello, la autora usa sin titubear la palabra mushi, que más que un término elegante como “insecto”, significaría “bicho”.

Y la poetisa, súbitamente, de forma inesperada, se mete en el haiku que estaba escribiendo, un haiku que nos hablaba de unos huevos de algún bicho depositados en la hierba que la dura escarcha iba a destruir. Deja la descripción de lo que está viendo e interviene. Se hace parte del paisaje que describía; no, todavía más: se constituye en la protagonista del haiku que tenía intención de escribir sustituyendo el motivo original. Como un fotógrafo de guerra que no quisiera anteponer su foto a socorrer la necesidad ajena, Kanajo rompe su haiku, lo hace inservible para el mundo gélido y perfecto de la belleza literaria convencional. Y nos da a entender que ella misma va a acabar de hacer el trabajo que la Naturaleza no ha querido completar: calentará esos huevitos hasta que eclosionen. Sin saber siquiera qué saldrá de ellos. Formando parte ella misma del misterio de la vida, porque es insólito que una mujer acabe de incubar huevos de insecto…

Tras la aparente simplicidad del haiku que hemos presentado, por consiguiente, se esconden una serie de preguntas que dan al poema perspectiva, profundidad, misterio: ¿Por qué se ha anticipado el invierno? ¿Qué será lo que salga de esos huevos de insecto? ¿Cómo es que la Naturaleza mata a sus propias criaturas? ¿Quién dedicaría su tiempo a incubar huevos de insecto? ¿Cómo es el “yo” de un poeta que logra entrar en su haiku?


El haiku de Compasión

Sabishisa ya
isshaku kiete yuku
hotaru

さびしさや一尺消えて行く螢

Sensación de tristeza:
por espacio de un palmo
una luciérnaga desapareció

En los dos casos del estadio anterior, aquello que hacía padecer al haijin era su exceso de sensibilidad, porque ni la luciérnaga se iba a romper al caerse de la hoja ni la oruga sufría por no convertirse en mariposa. En lo que ahora nos toca analizar, el poeta sí que ha intuido un drama real en aquello que observa. Se tratarán, por tanto, de haikus de Compasión:

Sabishisa ya
isshaku kiete yuku
hotaru

さびしさや一尺消えて行く螢 HOKUSHI

Sensación de tristeza:
por espacio de un palmo
una luciérnaga desapareció

En plena noche nos sentimos acompañados por una luciérnaga... ¡Pocos saben la compañía que puede llegar a dar una luz de una luciérnaga!… Vamos siguiendo con la vista su vuelo luminoso… Pero, de pronto, esa luz se apaga. Cierto, sólo por un poco de tiempo. Pero un poco de oscuridad es ya mucha oscuridad. Así, cuando en seguida vuelve a lucir, no olvidamos que algo ha ocurrido. Fue tan sólo un palmo de sensación de abandono, y sin embargo, fue tan honda que su sinsabor se nos ha instalado dentro. Es el momento de una confesión:

-“He perdido mi mirada durante un palmo y mis ojos se han hundido en la oscuridad que no esperaba”

La oscuridad es el pantano donde se ahoga la mirada. Sabemos que sólo puede haber una razón para esta incomprensible pérdida de luz momentánea: la muerte acecha. Una luz que parpadea anuncia su final. La cercanía de la muerte puede medirse. Un palmo de oscuridad es un palmo de muerte. Ahora compartimos tristeza con la causa de nuestra tristeza.

Y siempre esta sensación de sabishisa puede ir a más:

Meimetsu no
izure kanashiki
hotaru kana

明滅のいづれ悲しき蛍かな BÔSHA

Esas luces parpadeantes…
¡Se aproxima el triste final
de las luciérnagas!

Ya no es una sola luciérnaga en la que parpadea la luz. No es un palmo de luz que se interrumpe en un recorrido luminoso. Es el tiempo de la muerte de las luciérnagas. No se anuncia la muerte de un ser vivo sino una muerte colectiva: la muerte estacional. Un paisaje de vuelos de luciérnagas intermitencias luz-oscuridad. Imposible de seguir los rastros mágicos que la luz dibuja en la negrura de la noche cuando no son trazos constantes. La magia que otrora nos nublara la vista no llega ahora a producirse. Y no podemos hacer nada para evitarlo. No tenemos luz-auxilio nosotros mismos que darle a las criaturas que vuelan con ella. Nosotros, que hemos mirado a las luciérnagas hasta gastarlas, ahora no encontramos el modo de devolverles la luz que nos dieron: somos el invierno del mundo que absorbe la luz allá donde la encuentra. La vida a partir de ahora será dentro.


Dinamismo

15.01.12 | 12:00. Archivado en A2) Autores de haiku, Contemporaneo, haiku de compasión


つきはなす水棹や岩のすみれ草
Tsukihanasu mizao ya iwa no sumiregusa
TAKAHAMA TOSHIO

Íbamos a chocarnos,
y el remo se impulsó contra la roca
donde floreció la sumiregusa

En este haiku se nos habla de la sumiregusa, que es una hierba pequeña que crece entre las piedras y cuyas florecillas minúsculas son de color violeta. Contrasta en el poema la dinamicidad del gesto humano y la serenidad de una hierba que ha conseguido vivir en la grieta de una roca. Contrastan asimismo la brutalidad de la acción de impulsarse con un remo contra la roca por miedo a chocarse y la delicadeza de la flor pequeña que no habría sido vista de no estarse corriendo ese peligro... Una roca junto a un río que esconde una hierba que nadie ha sembrado pero que florece, por una parte, y los seres humanos con sus miedos y sus movimientos bruscos por otra… Ah, definitivamente, son demasiado hermosos los haikus para poder explicarlos –diseccionándolos cruelmente- en lugar de dejarse mecer y adormecer con las mociones que ellos despierten en nosotros...


Hirugao

11.01.12 | 12:00. Archivado en Issa, Clásico, haiku de compasión

晝貌やぽっぽと燃る石ころへ
ISSA

El hirugao
crece en dirección
a las piedras ardientes


Kabutomushi

かぶとむしひっくりかえしあしをふる
Kabutomushi hikkuri kaeshi ashi o furu

Un escarabajo pelotero
vuelto del revés
moviendo las patas


Hospital

24.11.11 | 12:00. Archivado en Haikus de niños, Contemporaneo, haiku de compasión

病院へもどるじいちゃんいね見てる
Byôin e modoru jîchan ine miteru

De vuelta al hospital,
el abuelo mira
los campos de arroz


Insomnio

25.10.11 | 12:00. Archivado en Santôka, Contemporaneo, haiku de compasión

おとなりもをとこやもめのかさこそ寒い
Otonari mo otoko-yamome no kasakoso samui
SANTÔKA

Tampoco el vecino (puede dormir)
Es viudo y el frío
le hace dar vueltas en la cama

La traducción que le hemos dado es libre. Literalmente, dice: “Vecino / tampoco / hombre-viudo / kasakoso / frio”. Kasakoso es onomatopeya que trata de reproducir un ruido de sábanas o de papeles. Sugiere la idea de que el vecino cambia de postura dentro de la cama, que se levanta y se vuelve a acostar sin conciliar el sueño por el frío.


Piojo

17.10.11 | 12:00. Archivado en Santôka, Contemporaneo, haiku de compasión

なんとあたたかなしらみをとる
Nanto atatakana shirami o toru
SANTÔKA

¡Qué cálida temperatura
la del piojo
que he atrapado!

Puede resultarnos curioso este haiku, pues un piojo es algo que apenas puede palparse, y mucho menos apreciarse su temperatura. Para comprenderlo, deben tomarse en consideración varios elementos: estamos en invierno, los dedos del poeta están fríos, el piojo que ha cogido está inflado de sangre, al verse atrapado forcejea y muestra que está vivo... Todo ello hace sentir a un poeta de haiku –que se entrena en ir sintiendo cada vez más- que lo que tiene entre las manos (tal vez indecisas de si lo matan o no) es un ser vivo.


Peral

01.09.11 | 12:00. Archivado en Onitsura, Clásico, haiku de compasión

杖ついた人は立ちけり梨の花
Tsue tsuita hito wa tachikeri nashi no hana
ONITSURA

El hombre del bastón
se ha puesto en pie
Peral en flor


Chidori

09.07.11 | 12:00. Archivado en A2) Autores de haiku, Chiyo-ni, Clásico, haiku de compasión

Koborete wa
kaze hiroi-yuku
chidori kana

こぼれては風拾ひ行鵆かな     
CHIYO-JO

De la bandada de los chidori,
uno va perdiendo fuerzas
y el viento lo recoge

El chidori es un correplayas de unos 17 ctms con una forma curiosa: la cabeza un poco grande, y un equilibrio aparentemente inestable al caminar. En japonés “caminar de borracho” se dice chidori-ashi (piernas de chidori). Tal vez por su peculiar modo de andar y esa actividad nerviosa (isogashii) que lo caracteriza, despierta en el japonés un sentimiento de ternura (jôcho). De hecho, el chidori es un lugar común de la poesía japonesa: tan sólo en el Man-yôshû aparece en 22 poemas.

Su nombre es curioso. “Chidori” suele escribirse千鳥que, etimológicamente, significa “mil pájaros”. El chidori son mil pájaros. En estricta etimología, no se puede ser chidori siendo un solo pájaro. La eterna posibilidad del idioma japonés de que el sujeto del haiku sea uno o múltiple (pues sabemos que es así de no especificarse nada en contra) en esta ocasión cobra aún más fuerza: un chidori es una bandada de pájaros, y una bandada de chidori es un solo pájaro.

En esta ocasión, la poetisa ha escrito chidori de otra forma. Precisamente, para que no haya posibilidad de confusión: el objeto de su haiku es un miembro en concreto de la bandada de los chidori, un pajarillo que se va quedando rezagado, tal vez exhausto en su vuelo. Es decir, un chidori que está empezando a perder su nombre; que comienza a dejar de ser “mil pájaros”. “Como algo o alguien no lo remedie –nos metemos ahora en el corazón angustiado de Chiyo- ese pájaro tiene sus horas contadas...”. Y es entonces cuando llega el viento a cumplir con el milagro que le ha sido solicitado por un corazón humano.

En un análisis palabra por palabra, podemos leer:

• Koborete (gerundio de koboreru), que responde a la acción de algo líquido que se derrama, o de un caer ligero, como de flores u hojas
• Después del verbo koboreru aparece una partícula enfática, wa
• El sustantivo kaze –viento- comienza el segundo verso
• A continuación, la forma verbal compuesta hiroi-yuku, “ir a hacer la acción de hirou”.
• Hirou tiene entre otros significados: “recoger físicamente, hacerse con algo que otro ha perdido, elegir, seleccionar”. El sentido más adecuado en este caso es no dejar que se pierda algo que iba a perderse; como en la expresión inochi o hirou, “sobrevivir” (literalmente, “no dejar que se pierda la vida”).

Tenemos, por tanto, ¡tres raíces verbales! [Derramarse/Caer (koboreru), recoger/elegir (hirou) e ir (yuku)] y sólo dos sustantivos para “repartirse” sujetos y complementos directos. Pura ambigüedad sintáctica. Le ahorramos al lector el análisis de las diversas posibilidades de interpretación, que en esta ocasión en su mayoría resultan tan grotescas como fallidos experimentos de ingeniería genética.

Al fin y al cabo, creemos saber qué es lo que presenció Chiyo: Un chidori de la bandada “cae como una hoja o una flor” (koboreru), se viene abajo, se “derrama” del resto de los chidori, y va quedándose rezagado. El viento, que en el caso de una hoja o una flor, podría haber sido el mismo causante de ese koboreru, en esta ocasión va y lo recoge (hiroi-yuku). Lo “elige” (hirou) de entre todos los otros chidori y “no deja que se pierda” (hirou). La existencia de tantas raíces verbales nos hace entender, eso sí, que este haiku es pura dinamicidad. Es un “caer-ir-recoger”; ni siquiera “algo que cae”, “algo que va” y “algo que recoge”. No hay tiempo para sujetos ni complemetos; sólo verbos. Un pájaro está en peligro. Y las fuerzas salvíficas del mundo se ponen en movimiento.

En principio, desde fuera, desde lejos, Chiyo ha escrito su haiku según ha comprendido los hechos. Su mente le había dicho que lo que estaba viendo era una bandada de pájaros, y un miembro del grupo que se había aislado de los demás, y cómo por la misericordia del viento acababa retornando al grupo. Sin embargo, una vez que ha superado el análisis mental de los hechos, se ha dado cuenta de que no había pájaro ni bandada. Que todo estaba vinculado. Que lo que estaba viendo es al propio viento, la forma del viento, el movimiento del viento en el recorrido de un pájaro.


Esconderse en la luz

14.05.11 | 12:00. Archivado en A2) Autores de haiku, Clásico, haiku de compasión

Owarete wa
tsuki ni kakururu
hotaru kana

追はれては月に隠るゝ螢かな
RYOTA

Tan insistentemente perseguida
que la luciérnaga se ocultó
en la luz de la luna

Con cuatro palabras y tres partículas japonesas se expresa una impresión de una profundidad inescrutable... Lo lógico es esconderse en lo oscuro. Pero… ¿Dónde podría esconderse una luz? Una luz sólo puede esconderse en una luz mayor. La luciérnaga, como se ha sabido perder en lo que es mayor que ella, logra la protección que ansía. Nuestra misma naturaleza agigantada es lo que nos protege. Porque nos transforma en lo que nadie espera. Una luciérnaga está a salvo cuando se tranforma en luna. Esa luna que cegará al cazador de luciérnagas y lo dejará absorto en blancura.


Haikus de mu-i (lo que no sucede) 2

13.08.09 | 12:00. Archivado en Buson, Clásico, haiku de compasión

老いなりし鵜飼ことしは見えぬかな
Oinarishi ukai kotoshi wa mienu kana
BUSON

Se ha hecho viejo
el que pescaba con cormoranes
Este año no lo veo.


Jueves, 23 de marzo

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