El alma del haiku

Traducciones de haiku en castellano (3)

30.04.12 | 15:24. Archivado en Issa, Clásico

En la página 30 de este libro aparece el haiku:

Es mediodía,
pero en la oscura casa...
¡hay luciérnagas!

En el original japonés dice:

木がくれの家真昼にとぶ蛍

Kogakure ie mappiru ni tobu hotaru

cuya traducción correcta sería:

Choza escondida entre los árboles
en pleno mediodía
vuelan las luciérnagas

Palabra por palabra:

Ko (árbol) gakure (estar escondido) ie (casa) mappiru (pleno mediodía) ni (en) tobu (volar, saltar) hotaru (luciérnagas)


Traducciones de haiku en castellano (2)

29.04.12 | 13:54. Archivado en Issa, Clásico

En la página 75 de este libro aparece el haiku:

Está vacía
la lata del mendigo...
Noche de lluvia

En el original dice:

重箱の銭四五文や夕時雨

jûbako no zeni shi go mon ya yû shigure

El dinero de la caja,
cuatro o cinco monedas-
Llovizna en la noche

Palabra por palabra:

jûbako (caja, fiambrera) no (de) zeni (dinero) shi (cuatro) go (cinco) mon (moneda) ya (particula que divide) (anochecer) shigure (llovizna)


Traducciones de haiku en castellano (1)

28.04.12 | 13:33. Archivado en Issa, Clásico

Os confieso que, leyendo libros sobre haikus escritos en castellano, a veces sufro mucho. Y ni siquiera digo nada a mis alumnos, por una prudencia mal entendida. Todos podemos cometer errores y los cometemos, pero cuando los haikus traducidos al castellano quedan completamente desgraciados después de la traducción, entonces surge la necesidad de decir las cosas pública y claramente.

El libro Kobayashi Issa, Poemas de madurez, de Josep Maria Rodríguez -que ahora estoy leyendo- contiene errores importantes. Voy a publicar posts con ellos hasta que otros quehaceres me requieran. Por ejemplo, en la página 39 se recoge el haiku:

No ha quedado
ni el canto de un insecto...
Flotan las ramas

El original japonés dice:

鳴ながら虫の乗行浮木かな

Nakinagara
mushi no noriyuku
ukigi kana

Cuya traducción literal sería:

Rama flotante
en la que van montados
insectos mientras cantan

Palabra por palabra:

Naki (cantar) nagara (mientras) mushi (insecto) no (partícula) nori (estar montado) yuku (ir) uki (flotar) gi (rama) kana (partícula enfática)


Haikus casuales 10

27.04.12 | 21:06. Archivado en Issa, Clásico

秋風に歩いて逃げる蛍かな

Akikaze ni aruite nigeru hotaru kana

En el viento de otoño
una luciérnaga que huye
a pie


haikus casuales 9

26.04.12 | 20:58. Archivado en Issa, Clásico

むら時雨山から小僧泣いて来ぬ

Murashigure yama kara kozô naite kinu

Llovizna en la aldea-
Un aprendiz vino llorando
de la montaña


Haikus casuales 8

25.04.12 | 20:48. Archivado en Issa, Clásico

春風に箸を掴んで寝る子哉

Harukaze ni hashi o tsukande neru ko kana

Un niño que duerme
con los palillos cogidos
en el viento de primavera


Aware

25.02.12 | 12:00. Archivado en Onitsura, Clásico, haiku de lo sagrado

Kare-ashi ya
Naniwa irie no
sazaranami

枯葦や難波入江のさざら浪

Los juncos secos:
El suave ondular de las olas
de la ensenada de Naniwa

Lo sagrado nos llega a través del haiku como esos momentos del desenvolverse de la existencia que nos obligan a reconocerlos, a claudicar ante ellos. No hay objetividad en qué sea lo sagrado; lo sagrado es cualquier cosa que se nos muestre a cada uno de nosotros como tal, completo, sin fisuras, como una fuerte impresión a la que no podemos permanecer ajenos; impresión que en japonés se llama aware:

Kare-ashi ya
Naniwa irie no
sazaranami

枯葦や難波入江のさざら浪 ONITSURA

Los juncos secos:
El suave ondular de las olas
de la ensenada de Naniwa

Así, sin más, este haiku compuesto de tres nombres comunes, un nombre propio, un adjetivo y dos partículas, forma una red de palabras en las que queda atrapado “lo sagrado”.

En absoluto es un poema en honor a un lugar llamado Naniwa. Pero el lugar es el marco que contiene el suceso; por eso es importante que hablemos de un lugar en concreto. No es una ensenada en abstracto ni una ensenada cualquiera, tiene nombre propio, porque todo en la realidad lo tiene; y el poeta en este caso lo conoce. El nombre propio de las cosas es su carta de naturaleza en el mundo de lo trascendente, aunque nosotros no tengamos siempre por qué saberlo. Pero si existe es que tiene nombre. Y el poeta quiere conocer el nombre de toda cosa porque quiere impregnarse de su existencia, de la plenitud de su existencia que llega hasta el nombre que la nombra.

Es mucho más que un poema que hable de los juncos secos de una ensenada bañados por las olas. Y lo es por cómo Onitsura ha conseguido aislar un suceso normal, cotidiano, resaltarlo del resto de todo lo que lo rodea usando para ello unas cuantas palabras, y hacérnoslo llegar: “las olas bañan los juncos, los juncos están secos, así es el mundo, esto sucedió, yo estaba allí, de esto me di cuenta”. La existencia de las cosas, el suceder de los eventos es lo sagrado. Y el poeta, el que toma nota de lo que ocurre, el que da fe de todo lo que hay, el notario mal pagado de la existencia.


Así mismo

24.02.12 | 12:00. Archivado en Santôka, Issa, Clásico, Contemporaneo, haiku filosófico

Aru ga mama
zassô to shite
me o fuku

あるがまま雑草として芽をふく

Así, tal cual,
como hierbas que son,
los brotes se abren

Sin hacer nada sucede el mundo. Los seres se despliegan sin necesidad de otra cosa que de ser ellos mismos. El ser humano lo sabe:

Aru ga mama
zassô to shite
me o fuku

あるがまま雑草として芽をふく SANTÔKA

Así, tal cual,
como hierbas que son,
los brotes se abren

Literalmente, aru ga mama, “tal cual, tal como puede verse, así mismo, sin que tenga que pasar nada especial, con sólo darle tiempo al tiempo”; zassô to shite, “asumiendo la condición de hierbajos, en tanto que son hierbajos”; me o fuku, “nacen los brotes”. En una cultura donde no hay un Dios Creador, donde todo es originado por la energía que recorre el universo, un haiku como éste está impregnado de sentido.

No hay nada que hacer para que la maravilla tenga lugar:

Tada oreba
oru tote
yuki no furi ni keri

たゞ居れば居るとて雪のふりにけり ISSA

Simplemente estando,
quedándome en ese estar,
caía la nieve

El wu-wei, el “no-hacer” del Taoísmo, no es la quietud zen, es permitir a las cosas que sean; es no cortar los vínculos que hay cuando tú estás. Es actuar sin que tu acción vulnere la armonía en la que se te ha instalado.


La luz

23.02.12 | 12:00. Archivado en Bashô, Clásico, haiku de lo sagrado

Ara tôto
aoba wakaba no
hi no hikari

あらとうと青葉若葉の日の光

¡Oh! ¡Qué divina!
La luz del sol
entre las tiernas hojas verdes

Tras la exposición de qué entiende el japonés por “sagrado” y cómo el haiku lo llega a contener, nos internamos por las moradas en que esta sacralidad se materializa en algunos aspectos de la Naturaleza. Una relación completa de todos ellos se tratarán de modo exhaustivo en nuestro libro Repertorios de asombros del haiku. Pero ahora ocupémonos del principal de ellos: la luz. Son, por tanto, las que siguen, moradas de luz:

Ara tôto
aoba wakaba no
hi no hikari

あらとうと青葉若葉の日の光 BASHÔ

¡Oh! ¡Qué divina!
La luz del sol
entre las tiernas hojas verdes

El comentario que hace a este haiku Nakano Kôji, de la Universidad Nacional de estudios shintoístas, es el siguiente:

La luz filtrándose a través de las tiernas hojas verdes es un espectáculo que conmovería a cualquiera, pero sólo Bashô tuvo la ocurrencia de calificarlo de “divino”. El uso de esta palabra enriquece a las hojas con un significado casi cósmico, religioso. No tiene nada que ver (como insisten los estudiosos de la Literatura) con un “tributo” rendido por Bashô a la mañana en el santuario Tôshôgu, donde fue compuesto el poema. Es simplemente el poema más bello sobre hojas tiernas escrito en lengua japonesa. Incluso hoy día, cuando vemos las hojas nuevas pensamos en estos versos y, al hacerlo, se intensifica nuestra admiración por la fuerza con que brotan en primavera

Para nosotros, occidentales, extrañados o recelosos de que lo divino no sea una realidad personal, este haiku de Bashô, tras posarse en nuestra alma con la suavidad con que lo hacen las motas de polvo atravesadas por un rayo de sol, estalla en nuestro interior y nos propulsa hacia un universo de lo sagrado completamente distinto, un universo donde el “yo” no llega nunca a entronizarse con la forma de Dios.

A veces, muy pocas veces, un occidental ha dicho algo parecido, siempre influido por Oriente, sólo cuando dejó de ser operativa la Inquisición que perseguía a los panteístas como “spinozianos”, que era como decir “endemoniados”. Por ejemplo, el poeta belga Charles van Lerberghe escribía:

Comme Dieu rayonne aujourd'hui
Comme il exulte, comme il fleurit
Parmi ces roses et ces fruits!

¡Cómo relumbra hoy Dios
Cómo exulta, Cómo florece
Por entre esas rosas y esos frutos!


Sol vida

Hi no hikari suitareba
sukoshi ugoku ha yo

日の光吸ひ足ればすこし動く葉よ

Oh hoja que te mueves un poco
en cuanto absorbes
los rayos del sol…

La luz en sí misma es una manifestación divina, como hemos visto. Y, a su vez, se relaciona en la mentalidad arcaica japonesa con otras tres manifestaciones primordiales de lo divino en el mundo: el movimiento, la sexualidad y la fuerza.

En el siguiente haiku de Santôka, el autor, rescata el más primitivo sentir del japonés, poniendo de manifiesto la relación "sol-movimiento":

Hi no hikari suitareba
sukoshi ugoku ha yo

日の光吸ひ足ればすこし動く葉よ SANTÔKA

Oh hoja que te mueves un poco
en cuanto absorbes
los rayos del sol…

Otra audaz relación ontológica detectada por el haijin es la que conforma "sol-sexualidad". La sexualidad como efervecencia de vida, como ansia de perpetuación en la vida:

Shakuyaku no
zui no wakitatsu
hinata kana

芍薬の蘂の湧きたつ日向哉 TAIGI

¡Los pistilos de las peonias
levantados, excitados
a la luz del sol!

Y, por último, la fuerza; la relación “sol-fuerza”. La luz y el calor del astro rey hace fuertes a las criaturas. Escribe un niño japonés con esa intuición que tal vez a muchos adultos ya nos haya abandonado:
Himawari ga
hikari o atsume
tsuyoku naru  

ひまわりがひかりをあつめつよくなる WAKARAN

El girasol
acumulando luz
consigue hacerse fuerte


Lo minimo que sucede

19.02.12 | 12:00. Archivado en A2) Autores de haiku, Clásico, haiku de lo sagrado

Shika no ashi yoromeki
hososhi
kusamomiji

鹿の足よろめき細し草紅葉

Las patas delgadas del ciervo
dan un traspiés
La hierba roja de otoño

Lo que ocurre -sea lo que sea, lo más mínimo que podamos percibir- va a tener en el haiku una importancia trascendental, porque forma parte del desenvolvimiento sagrado del mundo:

Shika no ashi yoromeki
hososhi
kusamomiji

鹿の足よろめき細し草紅葉 HAKU-UN

Las patas delgadas del ciervo
dan un traspiés
La hierba roja de otoño

El tema no puede ser más trivial: un ciervo que da un traspiés en la hierba... Y, ante eso, surge inevitable la pregunta del lector occidental, profano en la materia: “Realmente, ¿tiene esto importancia como para escribir un poema?”.

El alma japonesa no titubea en la respuesta: si un traspiés de un ciervo de patas delgadas no tuviera importancia, la realidad misma se desplomaría. No habría nada capaz de resistir la eliminación de un instante que ya haya sucedido. Nada; ni la puesta de sol, ni la presencia luminosa de la luna en el cielo estrellado, ni la llegada de la primavera, ni la nieve cubriendo los campos…, todo esto se desharía como polvo al viento si un traspiés de un ciervo fuera algo insustancial. El poeta japonés sabe, aunque no lo formule, que cualquier cosa importa porque pertenece al Todo, a la realidad, que no puede ser sino como es, como se va mostrando. La realidad va siendo formada por lo que sucede, y lo que sucede es el resultado de los seres, con sus características propias y la natural interacción entre ellos. Atender a estas naturalezas es el único rito que se nos pide en nuestro camino de “realización”, de transformación de nosotros mismos en la realidad que nos asombra.

¿Qué más puede decirse de un haiku como éste? Las patas delgadas del ciervo / dan un traspiés… / La hierba roja de otoño…

En un primer momento, cuando lo leemos, nos da la impresión de que el ciervo tropieza con el rojo de la hierba (con el color y no con la hierba en sí). Al cabo de algunas lecturas nos abrimos a un nuevo sentido del mismo, según el cual es la belleza de la hierba que en otoño se enrojece la que hace al ciervo andar distraído y dar el traspiés que llamó la atención al poeta. Tras muchas relecturas y, como una nueva dimensión de este haiku, llegamos al ciervo, tal vez un animal nacido unos días antes del encuentro con el poeta, vida frágil todavía en un mundo frágil. Y así viajamos con la imaginación por el territorio posible de este haiku cuando nos encontramos con la muerte. Nos sobrecoge un pensamiento: “Puede ser que el haijin se refiera a las delgadas patas del ciervo porque sea un animal enfermo, famélico, viejo, y, por eso mismo, con los días contados, como el otoño”. Entonces es cuando las interpretaciones anteriores cobran sentido fundiéndose todas en una: un paisaje rojo –espléndido- de otoño, un animal débil por la razón que sea, en peligro de extinción, nos está haciendo un solo gesto –un traspiés- para que lo veamos. Y lo vemos.


Lo sagrado ocurre

18.02.12 | 12:00. Archivado en A2) Autores de haiku, Clásico, haiku de lo sagrado

Yû-kage ya
nagare ni hitasu
tonbô no o

夕影や流れにひたすとんぼの尾

Su silueta al atardecer:
La libélula moja su cola
en el agua que fluye

Cuando por primera vez nos topamos con el haiku, nos asaltó una pregunta: “¿Qué podría llegar a contener dentro de sí una de estas brevísimas poesías?” La respuesta fue ampliamente desarrollada en nuestro libro El corazón del haiku, y ahora lo resumimos en una frase: el haiku puede contener lo sagrado según la percepción que de ello tiene el Japón tradicional. El haijin reproduce fielmente el mundo para capturar su principio vital, aquello que lo organiza internamente y lo sostiene. Eso que hace que los seres existan y que actúen según lo que les es propio:

Yû-kage ya
nagare ni hitasu
tonbô no o

夕影や流れにひたすとんぼの尾 SHÔHAKU

Su silueta al atardecer:
La libélula moja su cola
en el agua que fluye

Es simplemente el conocido gesto de la puesta de huevos dentro del agua de una libélula. Este haiku nos muestra simplemente una figura de insecto arqueándose en un arroyo al atardecer. Y, sin embargo, y sin embargo…, nos quedamos mudos de que alguien lo haya dicho, de que eso haya sido mencionado. Como si la sola mención de los eventos supusiera su entrada en la eternidad.


Domingo, 22 de octubre

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