El alma del haiku

Lo sagrado nos esquiva

18.01.12 | 12:00. Archivado en Chiyo-ni, Issa, Clásico, haiku de lo sagrado

Hatsu-hotaru
tsui to soretaru
te-kaze kana

初螢ついとそれたる手風哉

La primera luciérnaga:
El zigzag con que esquivó mi mano
Leve soplo de aire

Intuimos la vida como algo que nos es ajeno. Es un territorio que ha de ser conquistado. Y crecemos hacia la vida para hacernos más capaces de lo sagrado que ella contiene. Tratamos de atrapar las cosas para sentir que existimos de un modo más contundente. Pero las cosas nos esquivan con un zigzag:

Hatsu-hotaru
tsui to soretaru
te-kaze kana

初螢ついとそれたる手風哉 ISSA

La primera luciérnaga:
El zigzag con que esquivó mi mano
Leve soplo de aire

Nuestra mano no puede poseer el misterio que alienta la vida de las cosas. Hasta que no adquiramos la carne, la materia, la realidad que nos exige el mundo, somos fantasmas para el mundo. Pero no lo sabemos. Pasamos por el mundo sintiendo sólo el roce de la vida que nos esquiva. Y no acertamos a desvelar el signo.

Así sea capaz ese signo de sustituir todos los otros signos. Si no sabemos entrar en las cosas tal como son, no tendremos acceso a esas mismas cosas cuando se nos muestren transformadas. En un mundo de impermanencia la naturaleza del asombro es cambiante:

Kawa bakari
yami wa nagarete
hotaru kana

川ばかり闇はながれて蛍かな CHIYO-JO

Simplemente un río:
oscuridad que fluye
entre luciérnagas

Nada es nunca como ha sido. Las cosas conservan su nombre de milagro. Sólo para informarnos de que ya no son lo que eran. El mundo acaba de ser transformado. Pero no estamos nunca completamente a oscuras en esta novedad. Si el río se vuelve oscuridad, las luciérnagas se transforman en río.

¿Qué hay en este haiku? Hay un río que es negrura de fondo de las luciérnagas. Hay sonido de agua que discurre, pero no se dice. Hay frescor en el ambiente, pero no se dice. Sólo luciérnagas que nos hacen saber que, si están, es porque hay aguas cristalinas que sobrevolar. Lo que fluye es puro y convoca a su alrededor. Las luciérnagas han venido por esas aguas vivas, y ellas -a cambio- han desaparecido de nuestra vista para mostrar sólo puntos de luz arremolinados. Dos seres en encuentran en la oscuridad. Dos fluyentes distintos, cada uno con su modo propio de discurrir: el fluir del río, cuyo curso invisible adivinamos cauce abajo; y el fluir caótico -que no va hacia ninguna parte, que no se mueve del sitio- de las luciérnagas que con su vuelo fijan el río al cauce. Las luciérnagas son minúsculas estrellas que clavan en su lugar a un río que fluye incesantemente y que querría siempre irse por completo del paisaje.


Chidori

09.07.11 | 12:00. Archivado en A2) Autores de haiku, Chiyo-ni, Clásico, haiku de compasión

Koborete wa
kaze hiroi-yuku
chidori kana

こぼれては風拾ひ行鵆かな     
CHIYO-JO

De la bandada de los chidori,
uno va perdiendo fuerzas
y el viento lo recoge

El chidori es un correplayas de unos 17 ctms con una forma curiosa: la cabeza un poco grande, y un equilibrio aparentemente inestable al caminar. En japonés “caminar de borracho” se dice chidori-ashi (piernas de chidori). Tal vez por su peculiar modo de andar y esa actividad nerviosa (isogashii) que lo caracteriza, despierta en el japonés un sentimiento de ternura (jôcho). De hecho, el chidori es un lugar común de la poesía japonesa: tan sólo en el Man-yôshû aparece en 22 poemas.

Su nombre es curioso. “Chidori” suele escribirse千鳥que, etimológicamente, significa “mil pájaros”. El chidori son mil pájaros. En estricta etimología, no se puede ser chidori siendo un solo pájaro. La eterna posibilidad del idioma japonés de que el sujeto del haiku sea uno o múltiple (pues sabemos que es así de no especificarse nada en contra) en esta ocasión cobra aún más fuerza: un chidori es una bandada de pájaros, y una bandada de chidori es un solo pájaro.

En esta ocasión, la poetisa ha escrito chidori de otra forma. Precisamente, para que no haya posibilidad de confusión: el objeto de su haiku es un miembro en concreto de la bandada de los chidori, un pajarillo que se va quedando rezagado, tal vez exhausto en su vuelo. Es decir, un chidori que está empezando a perder su nombre; que comienza a dejar de ser “mil pájaros”. “Como algo o alguien no lo remedie –nos metemos ahora en el corazón angustiado de Chiyo- ese pájaro tiene sus horas contadas...”. Y es entonces cuando llega el viento a cumplir con el milagro que le ha sido solicitado por un corazón humano.

En un análisis palabra por palabra, podemos leer:

• Koborete (gerundio de koboreru), que responde a la acción de algo líquido que se derrama, o de un caer ligero, como de flores u hojas
• Después del verbo koboreru aparece una partícula enfática, wa
• El sustantivo kaze –viento- comienza el segundo verso
• A continuación, la forma verbal compuesta hiroi-yuku, “ir a hacer la acción de hirou”.
• Hirou tiene entre otros significados: “recoger físicamente, hacerse con algo que otro ha perdido, elegir, seleccionar”. El sentido más adecuado en este caso es no dejar que se pierda algo que iba a perderse; como en la expresión inochi o hirou, “sobrevivir” (literalmente, “no dejar que se pierda la vida”).

Tenemos, por tanto, ¡tres raíces verbales! [Derramarse/Caer (koboreru), recoger/elegir (hirou) e ir (yuku)] y sólo dos sustantivos para “repartirse” sujetos y complementos directos. Pura ambigüedad sintáctica. Le ahorramos al lector el análisis de las diversas posibilidades de interpretación, que en esta ocasión en su mayoría resultan tan grotescas como fallidos experimentos de ingeniería genética.

Al fin y al cabo, creemos saber qué es lo que presenció Chiyo: Un chidori de la bandada “cae como una hoja o una flor” (koboreru), se viene abajo, se “derrama” del resto de los chidori, y va quedándose rezagado. El viento, que en el caso de una hoja o una flor, podría haber sido el mismo causante de ese koboreru, en esta ocasión va y lo recoge (hiroi-yuku). Lo “elige” (hirou) de entre todos los otros chidori y “no deja que se pierda” (hirou). La existencia de tantas raíces verbales nos hace entender, eso sí, que este haiku es pura dinamicidad. Es un “caer-ir-recoger”; ni siquiera “algo que cae”, “algo que va” y “algo que recoge”. No hay tiempo para sujetos ni complemetos; sólo verbos. Un pájaro está en peligro. Y las fuerzas salvíficas del mundo se ponen en movimiento.

En principio, desde fuera, desde lejos, Chiyo ha escrito su haiku según ha comprendido los hechos. Su mente le había dicho que lo que estaba viendo era una bandada de pájaros, y un miembro del grupo que se había aislado de los demás, y cómo por la misericordia del viento acababa retornando al grupo. Sin embargo, una vez que ha superado el análisis mental de los hechos, se ha dado cuenta de que no había pájaro ni bandada. Que todo estaba vinculado. Que lo que estaba viendo es al propio viento, la forma del viento, el movimiento del viento en el recorrido de un pájaro.


Ser humano-Mundo

10.06.11 | 12:00. Archivado en Chiyo-ni, Clásico, haiku intimista

Meigetsu ya
ittemo ittemo
yoso no sora

名月や行つても行つてもよその空
CHIYO-JO

La luna llena
No importa a donde vaya,
el cielo me es ajeno

Este célebre haiku de Chiyo no nos permite entrar en él. No podemos saber cómo se sentía la poetisa, aunque la referencia a sí misma nos hace sentir que se trata de un haiku intimista. Hay alguna clase de desencuentro entre el cielo y ella. Chiyo se dispone a caminar hasta que todo vuelva a ser como siempre, pero “no hay remedio” (shô ga nai): el cielo ese día le va a ser yoso. Yoso puede significar 1) “ajeno” (que no tiene que ver nada con el que así lo califica), o bien 2) “otro sitio” (por ejemplo, en la expresión coloquial Doko ka yoso e iku? ¿A qué otro sitio vamos?). La traducción del tercer verso puede, por tanto, conocer dos variantes: “El cielo es diferente al de siempre” o “El cielo me es ajeno”. No sabemos exactamente qué le está ocurriendo a Chiyo. Sabemos sólo que camina y camina incansable, sintiendo que ha perdido la intimidad que antes tenía con el mundo, camino en una noche clara de luna llena. La luna llena, probablemente de otoño, según los japoneses son las más bellas (literalmente, meigetsu significa “luna”月, con “nombre” 名, con buena reputación, famosa). Contemplamos, pues, en la noche del haiku, la fría y hermosa luna en un cielo ajeno al mundo humano, ajeno al caminar de sus criaturas y a sus sufrimientos. ¿En qué estado se encuentra Chiyo para escribir algo así? No se nos dice. ¿Ante qué clase de haiku estamos? Seguramente, ante un haiku intimista, pero no hay certeza. Lo leamos las veces que lo leamos -yondemo yondemo, que se diría en japonés- este haiku es para nosotros un yoso no haiku, un haiku que nos deja al margen, que nos es ajeno.


Delicadezas del olfato II

12.12.08 | 12:00. Archivado en Buson, Chiyo-ni, Clásico, A4) Tipos de haikus

Ono irete
ka ni odoroku ya
fuyu-kodachi

斧入れて香に驚くや冬木立
BUSON

Hincando el hacha
me vi sorprendido por el olor
Bosque de invierno

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Ir vacíos al haiku

25.02.08 | 12:00. Archivado en Chiyo-ni, Poetisas de haiku, Clásico, haiku de lo sagrado

Amagumo ni
hara no fukururu
kawazu kana

雨雲にはらのふくるる蛙かな

La rana
infla el buche
ante las nubes que traen la lluvia

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