El alma del haiku

Mizusumashi

09.01.12 | 12:00. Archivado en Shiki, Contemporaneo, haiku de lo sagrado

川上へ頭そろへて水馬
SHIKI

Hacia el remonte del río
han ordenado sus cabecitas
los mizusumashi


Tempestad

01.08.11 | 12:00. Archivado en Shiki, Clásico, haiku de lo sagrado

心細く野分のつのる日暮かな
SHIKI

El corazón en un puño
Se agiganta la tempestad...
¡Y el día se oscurece!


Delicadezas del olfato I

Kiri no ka ya
taimatsu sutsuru
yama-katsura

霧の香や松明捨つる山かつら
SHIRAO

Árboles de katsura en la montaña
Tiramos las antorchas…
El olor de la niebla

A veces el poeta no conoce la causa de lo que siente. Y averiguarlo supondría desperdiciar algo del instante. Aunque sabe que sólo conociendo el origen de las sensaciones puede volver a provocar esa experiencia. No obstante, prefiere que lo que sea le sorprenda de nuevo. En ese momento sólo sabe y sólo quiere saber del placer de que está siendo objeto. Esta actitud, qué duda cabe, es propia de una conmoción espiritual.

El haijin se encuentra enraizado en un mundo donde cada cosa está en su sitio y donde -por el solo hecho de encontrarse en él- el poeta obtiene continuos dones, que no tiene que ir buscando, inesperados golpes de dulzura que recibe por estar vivo. El poeta sólo pretende acercarse a aquello con lo que debe estar conectado en la Naturaleza para que el “yo” esté en armonía. Y se conecta por medio de sus sentidos y no con la razón, porque en Japón, “lo sagrado” no es algo que se comprenda, sino que se siente. Esto es muy importante. El haijin en estos poemas se nos presenta como un hombre abandonado a sus sentidos, abandonado a la Naturaleza, agradecido por los placeres que ésta le otorga. Tiene más de amante suicida que de asceta que renuncia al mundo.

En el apartado que ahora nos ocupa –delicadezas del olfato- es como si se preguntara el poeta del haiku: “¿A qué huele lo sagrado?”, y contestase: “Lo sagrado huele a este mundo”. Problema aparte es si el hombre está preparado o no para asumirlo. Y es que el hombre -sobre todo el occidental- no se resigna a que lo sagrado no esté a su servicio, no esté ahí para ser comprendido por él, ni necesite de su aprobación. Es la ceguera de toda criatura, ya que, al fin y al cabo, el hombre es una criatura y por tanto es posible gracias a sus condicionamientos. Naturalmente, la posibilidad de comprensión de lo sagrado por parte del hombre, no limita lo sagrado. Lo sagrado es lo que es, guste o no al hombre, le convenga o no, lo entienda o no. Y -según los poetas del haiku- tiene la textura, la apariencia, sabe y huele a este mundo, a neblina, a antorcha apagada, a madera de pino quemada, a hombres maldormidos, a frío de alba...

Kiri no ka ya
taimatsu sutsuru
yama-katsura

霧の香や松明捨つる山かつら
SHIRAO

Árboles de katsura en la montaña
Tiramos las antorchas…
El olor de la niebla

Aunque no necesariamente siempre el poeta de haiku ha sabido adivinar lo sagrado tras su experiencia de los sentidos. A veces oler un aroma con respeto religioso contrasta con el sosegado reconocimiento de uno de los placeres de estar vivo, en el ejemplo que sigue, con el de poder oler lo que resulta agradable. Una descriptiva apreciación de los placeres del olfato concebida por Shiki clarificará lo que queremos decir:

Nobe no kusa
zôri no ura ni
kanbashiki

野邊の草草履の裏に芳しき
SHIKI

La hierba del campo
en la suela de las sandalias
¡Qué bien huele!

En este haiku no hay conmoción religiosa; hay joie de vivre. Desde luego, ésta es mi impresión personal. No hay prueba concluyente de si un haiku celebra los sentidos gracias a lo sagrado o lo sagrado a través de los sentidos. Debemos acostumbrarnos a entregarnos a cada haiku, escuchar qué nos dice de sí mismo y comunicar con sencillez lo que hemos aprendido de él.


La insensibilidad del poeta

14.06.11 | 12:00. Archivado en A2) Autores de haiku, Shiki, Clásico, Contemporaneo, haiku cruel

Fumitsuketa
kani no shigai ya
kesa no aki

ふみつけた蟹の死骸や今朝の秋
SHIKI

Pisoteado,
el esqueleto de un cangrejo muerto
Esta mañana de otoño

Otro haiku cruel. Lo primero que nos llama la atención es que lo que aparece como tercer verso, si se tratase de un haiku clásico, debería cumplir su función como primer verso. Shiki ha dejado para lo último lo que debería ser la inicial ubicación espacio-temporal: “esta mañana de otoño”. En este caso, más que un marco que localiza el suceso, es un elemento fundamental para hacernos comprender hasta sus últimas consecuencias el porqué del impacto que se ha producido en su sensibilidad. Lo que el poeta nos quiere decir es: “Esta mañana de otoño, no había hecho sino despertar, cuando, en mi paseo matinal, lo primero que me encontré fue con una muerte”. Pero el haiku tiene un orden deliberadamente invertido.

Así pues, desde el primer verso, la intención transgresora del poeta queda ampliamente de manifiesto. En haiku clásico habría sido inaceptable comenzar con un “Pisoteado”. Uno no puede ubicarse en ningún lugar ni en ningún tiempo si le comienzan con un “Pisoteado”. El wa –la armonía- se rompe, y deja sitio al desasosiego. Jamás un japonés empezaría una conversación normal de este modo. La sacrosanta armonía –que rige la vida social japonesa- quedaría pulverizada y sin posibilidad de recuperación en una conversación en que la primera palabra que alguien dijese fuera “pisoteado”. Pues bien, Shiki no sólo inicia su haiku sin decirnos cuándo ni dónde, y espetándonos a la cara un “pisoteado”, sino que en seguida va a más: “pisoteado… el esqueleto de un cangrejo muerto”. Es verdad que al segundo verso le atañe “herir poéticamente” al lector, como ya dijimos, pero hablar de “esqueleto” (shigai)… cuando todavía no estamos en ninguna parte ni en ningún tiempo causa en la sensibilidad japonesa una fuerte sensación de pérdida moral, de desesperanza y sin sentido.

Cuando hayamos vuelto del desorden emocional que nos ha causado pediremos cuenta al poeta respecto de si la causa lo merecía. Shiki se ha arriesgado mucho al hacerlo porque, al fin y al cabo, se trata de un cangrejo. Si el motivo del haiku no resultase verdaderamente impresionante podría estar cayendo con facilidad en lo ridículo. Pero no. Nada resulta ridículo en Japón si se trata de la muerte: Shi-gai, literalmente, “muerte” - “huesos”. Para el cadáver humano se habría empleado la palabra shitai, o –más elusivamente, más formalmente- nakigara: “los huesos del que no está”. Shigai es una palabra corriente para referirse al cadáver de los animales, pero en poesía resulta bastante cruda. Podría haber suavizado el haiku en este caso, diciendo “la cáscara” (kara) o “el caparazón” (kôra) de un cangrejo muerto, y sonaría más familiar en un japonés coloquial. Así, no es sólo “esqueleto” sino “pisoteado”; son dos elementos duros de asimilar. Shiki no ha querido evitarnos con toda clase de detalles la impresión que sufrió; impresión desagradable, no compasiva.

¿Hay en este haiku alguna clase de denuncia a quien quiera que tuvo la insensibilidad de pisar el cangrejo o su esqueleto? Es imposible saberlo. Alguien ha pisado -antes de que Shiki se dispusiera a dar su paseo matinal- el cadáver de un cangrejo, eso es todo lo que podemos llegar a saber. O quizá ha sido una máquina y no un ser humano la que ha machacado al crustáceo. Por eso no es haiku de compasión. Porque no nos causa la impresión de que a Shiki le importe de verdad el cangrejo muerto; le importa la muerte en sí: el desorden emocional que le produce su vista. Y todavía menos: la desestructuración de algo que antes estaba perfectamente articulado. Casi como si se hubiera tratado de un reloj destrozado por una apisonadora en mitad de la carretera.

Este haiku nos recuerda aquel otro en el que Hôsai encuentra una serpiente muerta en el camino y pasa por encima. Ubicados en diferentes estaciones del año, son, sin embargo, faltas de respeto por la muerte que se recuerdan la una a la otra:

Hebi ga korosarete iru
bonten o
mataide tôru

蛇が殺されて居る炎天をまたいで通る

Una serpiente asesinada
en un día abrasador
Paso por encima


El misterio de lo real

05.06.11 | 12:00. Archivado en Shiki, Clásico, haiku de lo sagrado

Kaerimireba
yukiaishi hito
kasumi keri

かへり見れば行きあひし人霞みけり
SHIKI

Al volver la vista,
aquel con quien me crucé
envuelto en niebla

Propiamente, no hay un kigo (palabra estacional) porque kasumikeri es una forma verbal (kasumu: “volverse brumoso, enturbiarse la vista mirando algo”). Pero, visualmente, encontramos el ideograma kasumi, “niebla, bruma”, que es kigo del mes de marzo. Podemos interpretar el asunto de dos maneras. O es un haiku sin kigo y nos habla de la indefinición de contornos que crea la distancia. O es un haiku con kigo y nos sitúa en un ambiente de primavera, en el que alguien en seguida que ha cruzado a nuestro lado ha sido tragado por la niebla. En el primer caso, el poeta está embebido en sus cavilaciones y, cuando decide volverse para saber algo más de aquel con quien se cruzó, ya es sólo una figura desdibujada en la lejanía. En el segundo caso, la magia de la desaparición es más súbita. Todo lo que no está cerca de nosotros, protegido por nuestra cercanía, es engullido por la niebla y pasa a la no existencia. Dos asombros, por tanto; ambos de carácter sagrado. La distancia desbarata los contornos es el primer asombro. La niebla se traga a la gente es el segundo asombro.


El estremecimiento del poeta

31.05.11 | 12:00. Archivado en Shiki, Contemporaneo, haiku de lo sagrado

Osoroshi no
te ni sukitooru
hotaru kana

おそろしの手に透きとおる蛍かな

Una cosa espeluznante:
¡Se trasparenta en la mano
una luciérnaga!

Vemos nuestra mano a través del cuerpo luminoso de una luciérnaga. El miedo de vernos. Y el miedo de que la vida, el movimiento, la luz de una luciérnaga, sea un fantasma en nuestra mano. Es fantasma todo aquello que carece de materia y tiene, sin embargo, vida. Comprobamos que aquello cuya luz, cuyo movimiento, cuya vida nos hizo querer atraparlo no tiene consistencia. La luz no precisa de materia. La vida no precisa de materia. El movimiento no precisa de materia.

Te no uchi ni
hotaru tsumetaki
hikari kana

手の内に螢つめたき光りかな
SHIKI

¡Qué fría la luz
de la luciérnaga
dentro de mi mano!

Una luz que no es fuego. Un fuego frío. Una muerte luminosa…
La sensación de haber transformado la luz en cadáver. Por haber logrado cogerla. La luz ahora es un insecto que tenemos en la mano. Con la pose idiota del que encierra una luz en su mano. Fría ya para siempre.


Haikus de mu-i (15)

17.12.09 | 12:00. Archivado en Shiki, Clásico, haiku descriptivo

夏木立入りし人の跡もなし
Natsu kodachi hairishi hito no ato mo nashi
SHIKI

Arboleda de verano.
Ni rastro del hombre
que entró.


Haikus de mu-i (lo que no sucede) 6

10.09.09 | 12:00. Archivado en Shiki, Contemporaneo, haiku de lo sagrado

古壁の隅に動かず孕蜘蛛
Furukabe no sumi ni ugokazu harami-gumo
SHIKI

En la esquina de una vieja pared,
sin moverse,
una araña inflada de crías


Jizô

15.01.09 | 12:00. Archivado en Shiki, Contemporaneo, haiku de lo sagrado

木下闇人驚かす地蔵かな
SHIKI

Bajo el árbol, oscuridad.
Sorprendiendo a los hombres…
¡Una estatua del Buda Jizô!


Tinaja

16.12.08 | 12:00. Archivado en Shiki, Contemporaneo, haiku de lo sagrado

水がめに蛙うくなり五月雨
SHIKI

En la tinaja de agua
está flotando una rana
Temporada de lluvias


Huellas de pájaro

05.12.08 | 12:00. Archivado en Shiki, Clásico, haiku de lo sagrado

Nureashi de
suzume no ariku
rôka kana

ぬれ足で雀のありく廊下かな
SHIKI

Andando con sus patitas mojadas,
el gorrión
por la terraza de madera

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Martes, 22 de agosto

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