El alma del haiku

No hay lectura simbólica

01.02.12 | 12:00. Archivado en Buson, Clásico, haiku de lo sagrado

Sashinuki o
ashi de nugu yo ya
oboro-zuki

挿貫を足でぬぐ夜や朧月      

Ah, la luna con su halo de niebla…
Esa noche me quité los pantalones
a golpe de piernas

El haiku carece de lectura simbólica. Los sucesos son lo que parece que son, lo que el poeta nos diga que son. Tras la lectura de un haiku no tiene sentido la pregunta “¿Esto qué significa?”, sino “¿Qué ha sucedido?”. El haiku está concebido para hacernos ver, oler, sentir…; no para hacernos comprender. Por ejemplo, si leemos:

Sashinuki o
ashi de nugu yo ya
oboro-zuki

挿貫を足でぬぐ夜や朧月       BUSON

Ah, la luna con su halo de niebla…
Esa noche me quité los pantalones
a golpe de piernas

La ropa no es un símbolo de nuestros apegos o nuestras estrategias de defensa, el gesto del poeta no representa el desprendimiento en el camino místico, la luna no es imagen de la belleza inmaculada a la que aspiramos... La luna es la luna y el pantalón es el pantalón… El haiku dice lo que dice. Con la máxima claridad posible. No hay símbolo que valga en materia de haiku. El símbolo es un desprecio a la realidad. ¿Qué es un árbol? ¿Qué es una casa? Nada. No hay “un árbol”, no hay “una casa”. Las cosas son un cómo. Nada es arquetipo, todo es concreto en el mundo que nos rodea. Los universales de los filósofos son una infamia para el haijin. Por eso, el poeta nipón nunca quiso usar su palabra como filosofía.
El japonés, en general, y el budista en particular, para producir en su lector una comprensión a nivel espiritual no usa el haiku sino el kôan. Un haiku no es un kôan: no es una invitación a la comprensión del mundo. Un haiku no es un kôan: no está destinado a producirnos el satori [iluminación]. Un haiku no es un kôan: no es una propuesta de abolición del pensamiento discursivo. El haiku es arte, acuarela, fotografía de la realidad, para que no se pierda ninguno de sus pequeños instantes. (A decir verdad, para que nosotros no nos los perdamos). Se trata de que atendamos al mundo y no que nos liberemos de la red de apariencias que confunden nuestra mente. Por todo ello, el haiku no es un kôan, no es la palabra cargada de intención de una conciencia diestra en hacer añicos nuestras quimeras mentales, sino un inocente dedo de niño señalando a las cosas: “¡Mamá, mira!”.


El nervio de la existencia

30.01.12 | 12:00. Archivado en Buson, Clásico, haiku de lo sagrado, haiku descriptivo

Tsubakurame naite
ja o utsu
koie kana

燕啼いてをうつ小家かな

Las golondrinas piando
La gente de la choza
golpeando a la serpiente

Japón se llama a sí mismo el país de la armonía (wa) y de alguna forma lo es. Pero esta armonía a la que aspira la cultura nipona y que es la médula del carácter de sus gentes no excluye momentos puntuales de nerviosismo, violencia o incluso horror. No es la armonía zen en la que nada se mueve, sino la del mundo natural con sus eventuales sucesos violentos:

燕啼いてをうつ小家かな BUSON

Tsubakurame naite
ja o utsu
koie kana

Las golondrinas con su estridente piar
La gente de la choza
golpeando a la serpiente

La amenaza desencadena el miedo y el miedo provoca la agresividad. La crispación en la vida de la aldea se corresponde con crispación en el entorno natural. Aquí no se está instrumentalizando a la Naturaleza. Al contrario: hombre y Naturaleza son la misma cosa. Las golondrinas no “lloran” (naku) la muerte de la serpiente, sino que ponen sonido a la violencia, con su estridente piar (naku), como si fueran parte de ella, como si tuvieran un garrote y estuvieran apaleando inmaterialmente una serpiente que está ya suficientemente asesinada.

El sonido no sólo refleja la maravilla sino también la violencia. En el haiku aparecerán, por derecho propio, todos los sonidos de la existencia, no sólo los bellos trinos de los pájaros cantores. Veamos, por ejemplo, este otro espléndido haiku de Buson, dedicado al sonido de unos cuchillos que se afilan:

鯨賣り市に刀を鼓しけり BUSON

Kujira-uri
ichi ni katana o
narashi keri

En el mercado,
vendiendo carne de ballena,
el sonido de los cuchillos...


Todavía no

27.01.12 | 12:00. Archivado en Buson, Clásico, haiku de lo sagrado

Harusame ya
kawazu no hara no
mada nurezu

春雨や蛙の腹はまだぬれず

La lluvia de primavera:
todavía no se ha mojado
la barriga de la rana

Hemos explicado que “lo que no sucede” es sagrado, pero deberíamos haber dicho que “lo que todavía no ha sucedido” es sagrado. Porque el destino de los seres pertenece al futuro, y el futuro no existe. El poeta está en presente. Sólo puede saberse lo que ha sido –o no- hasta ahora:

Harusame ya
kawazu no hara no
mada nurezu

春雨や蛙の腹はまだぬれず BUSON

La lluvia de primavera:
todavía no se ha mojado
la barriga de la rana

En este caso, la mirada de Buson se ha centrado en una rana que bajo la lluvia -lluvia cálida de primavera- todavía no se ha mojado la barriga. Una percepción mínima proyectada sobre un objeto poético cualquiera: una rana no es la luna llena ni es el cerezo en flor; una rana es cualquier cosa. Pero incluso una rana esconde una infinidad de haikus para el que sabe contemplar. Cómo Buson ha conseguido ver por dónde la rana aún no se ha mojado es un misterio; uno de esos misterios del camino del haijin a los que nunca vamos a acabar de acostumbrarnos.

Es asombroso, desde el punto de vista literario, que todo el peso del haiku descanse sobre una partícula: mada (que en este caso se traduce: “todavía no”). “Todavía no” presupone una atención a que la acción se complete. Y gracias a este “todavía no” el poeta consigue salvar para el presente lo que al presente le pertenece: Llueve, una rana está bajo la lluvia, lluvia de primavera, se moja, pero… aún no está empapada por completo en ella. Es ahí donde encontramos agazapado el haiku. Ese asombro que comenzó siendo “una rana mojándose bajo la lluvia de primavera...” y que, finalmente, logra ser un haiku magistral gracias a algo que se va descubriendo a medida que va terminándose de “cuajar” el poema: ese “...todavía no”…

Fácilmente podrá comprenderse por qué si nos preguntan “¿qué es el haiku japonés?”, respondemos sin titubear: “El haiku japonés es lo que escribía Buson”.


Las cosas y lo sagrado

Harusame ni
nuretsutsu
yane no temari kana

春雨にぬれつつ屋根の毬かな

Empapándose en el tejado
con la lluvia de primavera,
¡una pelota de mano!

¿Y los objetos materiales, los objetos fabricados por el ser humano? ¿Estarán también en lo sagrado y, de alguna manera, dejándolo traslucir?

Buson se atreve con un haiku que habla de una “pelota de mano” (te-mari) y quiere arrastrarnos con él al límite de lo puede sentir un objeto y nosotros con él:

Harusame ni
nuretsutsu
yane no temari kana

春雨にぬれつつ屋根の毬かな BUSON

Empapándose en el tejado
con la lluvia de primavera,
¡una pelota de mano!

Existe sólo lo que es percibido. Una pelota embarcada en un tejado, mimetizada con él por el polvo y la suciedad, sólo vuelve a la vida cuando la lluvia limpia sus vivos colores y de nuevo se hace visible. Además, con sólo observar el ideograma de la palabra temari (pelota de mano) comprendemos que el poeta vive en una época en que todo está fabricado con elementos orgánicos (piel, arroz, crisantemo…), y que ningún objeto es tan completamente “artificial” como para no sentir la lluvia de primavera. Aquello de lo que la pelota está compuesta despierta al roce de la lluvia cálida de primavera que va empapándola.

Y, puesto que se nos está hablando de lluvia, no podemos olvidar, para acabar de comprender este haiku, la naturaleza sagrada del agua en la tradición japonesa. Tal como fue bellamente expresado en un haiku del mismo Buson:

Hitokuchi ni taranu
shimizu no
tôtosa yo

一口に足らぬ清水の尊さよ BUSON

No daría ni para un buche,
agua limpia y clara, y sin embargo...
¡qué cosa tan sagrada!


Fidelidad

21.01.12 | 12:00. Archivado en Buson, Bashô, Taigi, Clásico, haiku de lo sagrado

Kawa sumu ya
ochiba no ue no
mizu go-sun

川澄むや落葉の上の水五寸

El río se trasparenta.
Sobre un fondo de hojas,
una cuarta de agua

El haiku es la fidelidad que debemos a la vida. Es lo que capta la realidad con palabras. No es literatura; no es pensamiento. Es la palabra del ser humano cuando éste es una criatura más de la existencia, una criatura como otra cualquiera con su particular forma de expresión, igual que la rana croa, el caballo relincha o el lobo aúlla. El ser humano hace haiku.

Y para captar la realidad es imprescindible la exactitud:

Kawa sumu ya
ochiba no ue no
mizu go-sun

川澄むや落葉の上の水五寸 TAIGI

El río se trasparenta.
Sobre un fondo de hojas,
una cuarta de agua

El fondo íntimo de este haiku –parece evidente- son las hojas caídas, hojas que pueden verse con toda nitidez en el lecho del río en disposición cuidadosamente desordenada. Para el poeta, en esta ocasión, el agua no es vista como factor del deterioro de las cosas, sino al contrario: esas hojas caídas, en el seno del agua, están en ella como preservadas; todavía más, resaltadas en sus colores y en sus siluetas. Aunque para eso tengan que soportar sobre ellas el peso de “unos quince centímetros de agua” [mizu go-sun, en castellano coloquial, “una cuarta de agua”].

El entendimiento occidental del haiku a veces excluye por incomprensibles algunos excelentes, o bien trata de disfrazar “literariamente” los versos más comprometidos. Un texto en el que se hable de los centímetros de algo para nosotros está más cerca de lo científico que de lo literario (pensando -como hacemos- que el haiku es literatura). Sin embargo, para el japonés entra dentro del prurito de exactitud en reflejar aquello que a uno le ha impresionado. No es en absoluto lo mismo si sobre ese fondo de hojas hay diez, dos metros de agua o una cuarta; la escena cambia, la impresión cambia. Y no hay forma de describirla si no se nos permite determinar los componentes esenciales de lo que nos ha impresionado.

El propio Bashô escribió algún otro haiku con esta misma pretensión de exactitud:

枯芝やややかげろふのニ三寸 BASHÔ

Kareshiba ya
yaya kagerô no
ni-san-sun

Sobre las hierbas secas,
más o menos un palmo
de flamas de calor

Ni-san-zun, “de 6 a 9 centímetros”, traducido por nosotros un poco más relajadamente “más o menos un palmo”. Hasta ahí llega el poeta de haiku, consciente de que sin precisión no se está diciendo nada. La belleza necesita siempre ser concreta.

Veamos, como último ejemplo, ese hokku -primeros tres versos de una secuencia poética encadenada- de un renga que hizo Buson con su discípulo Kitô:

牡丹散て打かさなりぬ二三片 BUSON

Botan chitte
uchikasanarinu
ni-san pen

Se deshoja la peonia
Los pétalos en montoncitos
de dos y de tres


Lo que existe es sagrado

16.01.12 | 12:00. Archivado en A2) Autores de haiku, Buson, Clásico, haiku de lo sagrado

Mijika-yo ya
ashi-ma nagaruru
kani no awa

みじか夜や芦間流るる蟹の泡

Noche corta de verano:
entre los juncos, fluyendo,
la espuma de los cangrejos

Una larva apenas “hace nada”, y entra dentro del haiku por la puerta de lo sagrado. Pero aún hay criaturas que hacen menos. Hay seres de quienes lo único que puede decirse es que están ahí. Por ejemplo, la espuma de los cangrejos:

Mijika-yo ya
ashi-ma nagaruru
kani no awa

みじか夜や芦間流るる蟹の泡 BUSON

Noche corta de verano:
entre los juncos, fluyendo,
la espuma de los cangrejos

Son haikus de una enorme dificultad, porque son difíciles de “ver” cuando suceden y difíciles de apreciar cuando se leen. Porque en ellos, literalmente, no está ocurriendo nada, y sin embargo tienen en sí mismos esa potencia creadora que lleva todo de la nada a la existencia.

Ya en su día, esta dificultad y hermosura no pasó desapercibida al primer gran poeta de haiku, a Bashô, cuando su discípulo Bonchô le leyó dos versos que había escrito:

Yuki tsumu ue no
yoru no ame

La lluvia nocturna
sobre los montones de nieve

La historia de la confección de este haiku, según nos cuenta el Kyoraishô (diálogos de Bashô con su discípulo Kyorai), resalta hasta qué punto al propio Bashô le pareció un haiku magistral: Bonchô escribió el segundo y tercer versos, pero no supo encontrar el primero. El resto de los discípulos ensayaron sin fortuna. El propio maestro fue el que compuso el duro primer verso con el que ha pasado a la historia: Shimogyô ya (traducible por “En Shimogyô” o “Shimogyô:”, un tranquilo barrio de Kyôto). Pero siendo consciente de que este verso no estaba a la altura del resto del haiku, Bashô dijo algo definitivo: “Bonchô, ¿por qué no estudias un mejor primer verso? Si lo consigues, nunca más escribiré haikus”. Tal era la perfección que para el maestro tenía lo que había concebido Bonchô.

Así fue cómo quedó finalmente:

Shimogyô ya
yuki tsumu ue no
yoru no ame

下京や雪つむ上の夜の雨 BONCHÔ

Barrio de Shimogyô:
la lluvia nocturna
sobre los montones de nieve

Este haiku no da la impresión de haber captado nada sagrado del mundo. Aparentemente no es más que una mera descripción. Y, si lo pensamos bien, el asunto es menos simple de lo que parece. Es cierto que no comunica el sentimiento de estar ante algo especial, maravilloso... La única pretensión del haijin al escribirlo –en caso de que tuviera alguna- fue contribuir a “conservar el mundo tal como es”. El del haijin es un modo religioso de estar en esta vida porque trata con su palabra, con su testimonio, con su esfuerzo, de reafirmar a las criaturas en la existencia. El poeta percibe a cada ser manifestándose con su propia manera de ser -la nieve amontonándose, la lluvia noctura penetrando invisibleme en la nieve e inapreciablemente fundiéndola...-, esto no es ni un prodigio ni algo extraordinario. Es sencillamente un aspecto tan necesario del mundo como la ley que rige la fuerza de gravedad, el despertar de la vida en primavera o la exactitud de las órbitas planetarias. No la nieve, no la lluvia, ni siquiera el propio asombro del poeta, sino el mundo -sencillamente el mundo- es lo sagrado para estos místicos que usan el metro 5-7-5 para expresarse. No habría emoción ante la nieve que se apila ni asombraría que la lluvia nocturna entrase en ella, si no fuera por la absoluta convicción que despierta en el poeta de que “Nada hay incompleto en este mundo”, de que vivimos “en el mejor de los mundos posibles”.


“Contemplar” es “Estar”

12.01.12 | 12:00. Archivado en A2) Autores de haiku, Buson, Taigi, Clásico

Kure madaki
hoshi no kagayaku
kare-no kana

暮まだき星の輝く枯野かな
BUSON

Temprano anochecer...
Brillan las estrellas...
¡El campo seco!

Convendría saber diferenciar entre lo que son instantáneas tomadas en la Naturaleza y lo que es el haiku que surge del discurrir del tiempo en la Naturaleza. “Lo que he visto” no puede competir en autenticidad, en peso específico, con “a donde he sido llevado por mis sentidos”. La cuestión no era ver sino verlo todo. Transformarnos para llegar a percibirlo todo. Todo al mismo tiempo. Todo mientras está teniendo lugar.

Si hablamos en unos términos equivocados, y para nosotros “contemplar” es algo así como mirar sin descanso, tendremos que decir que después de sentir ya no hay más en este itinerario espiritual del haijin. Sentir, sentir todo el día y toda la noche, sentir aquí y ahora, y perderse en los sentidos, perder el “yo” habiéndose hecho una membrana penetrable por todo lo que a uno lo rodea, siempre que se encuentre en la Naturaleza, ese reino de la inocencia de la que el haijin trata de impregnarse. Y se acabó.

Pero “contemplar” es mucho más que mirar intensamente; contemplar es estar. No sólo “estar”, sino “estar absolutamente”, al ciento por ciento ubicado física, mental, sentimentalmente, en ese espacio; ante las cosas que se ven y ante las que no se ven. Ante las que se nos muestran y las que nos son vedadas. Mirar no sirve; “mirar es estar al margen”, como ha dicho alguien. Esa falsa contemplación -que es sólo mirar- parte de una separación respecto del objeto contemplado, y es un estadio espiritualmente inferior al de no verse como algo diferente en el seno de la Naturaleza.

Escribe Shunzo Sakamaki: “(Antes del siglo VI en Japón) no había palabra para designar la Naturaleza, como realidad aparte y distinta del hombre, algo que podía ser contemplado por el hombre” ; con esta afirmación no está diciendo que antes de ese siglo el hombre japonés no viviera religiosamente en la Naturaleza, al contrario. Cuando el hombre decide adorar algo, está empezando a separarse de ello, comenzando a confundir qué es lo sagrado. Lo que entendemos por “contemplación” se da cuando ya establecemos una separación con el objeto contemplado, y, en este sentido, cuando se ha producido una pérdida de la dimensión trascendente de la vida cotidiana. Espiritualmente hablando, lo que entendemos por “contemplación de la Naturaleza” no debe de ser visto como la meta de la vida interior. Hay algo más auténtico y es no contemplar porque se esté perdido en el objeto de la contemplación. El trabajo de los sentidos debe dar por resultado un errar vagabundo por dentro del objeto de nuestra adoración, y no la institucionalización de esa adoración. Cuando Saigyô se pone delante de la luna a contemplarla decidido, separándola de lo sagrado que haya en todo lo demás, no está haciendo algo substancialmente diferente de lo que hace un fiel cuando va a un templo y allí cumple con un acto de veneración reglada. Cuando lo sagrado se hace previsible, se lo nombra y con él se pacta, hemos perdido la inocencia al relacionarnos con ese centro numénico que nos había despertado a la auténtica vida de las cosas.

Todo acto de contemplación que no surja de una espontánea sensación, no nos resulta verdaderamente sincero y “original”, nacido del origen. Todo acto de contemplación que aisle un objeto tenido por “digno de contemplación” del resto, y ante el que nos forcemos a estar, no nos parece que emane de una auténtica espiritualidad. Un amanecer, un atardecer, la luna y el fenómeno natural más pasmoso pueden dejar al místico-poeta indiferente sin que esto le reste un punto de sensibilidad espiritual. Porque el poeta de haiku de verdad está atento a un conjunto de cosas que se están produciendo al mismo tiempo y sólo cuando la conjunción de todo es perfecta logra su conmoción más íntima. Como cuando, por ejemplo, al pasar por un bosque –como le ocurrió a Buson-, por nada especial, quizá por un silencio (mantenido más de la cuenta) de las hojas de los árboles, el espíritu del haijin se ve interiormente desnudado y se ve transformado por esta fuerte impresión que ignoramos cuánto tiempo puede durar. Lo contrario es forzarse, es no entender de qué se está hablando. Efectivamente, estamos muy lejos de una verdadera contemplación cuando tras mucho tiempo “contemplando” los cerezos nos vemos obligados a escribir:

Nagamu tote
hana ni mo itashi
kubi no hone

ながむとて花にもいたし首の骨
SÔIN

Al contemplarlas intensamente,
aunque sean flores de cerezo,
nos duele el cuello

O cuando nos quejamos de haber mirado demasiado tiempo la inmensidad del mar:

Nagaki hi ya
me no tsukaretaru
umi no ue

長き日や目のつかれたる海の上
TAIGI

Durante todo un largo día:
Mis ojos están agotados
de estar posados sobre el mar

Los dos últimos haikus citados, según nuestro modo de entender, no son haikus de verdadera contemplación. Han dado una vuelta de rosca de más al proverbial amor por la Naturaleza de los japoneses, y nos encontramos de hecho con dos poemas en los que a fin de cuentas la Naturaleza llega a doler o a cansar al que está ante ella fingiendo que está dentro de ella.

El verdadero místico-poeta no es un adorador de puestas de sol, como tampoco de la luna llena, ni del mar, ni de los cerezos… Cada cosa en concreto es poco para su corazón infinito. Porque el verdadero haijin lo adora todo. Es la red invisible tejida por los seres con su mera existencia, y no los seres en sí, lo que le fascina.


Yukiore

07.01.12 | 12:00. Archivado en Buson, Clásico, haiku de lo sagrado

雪折れも聞えて暗き夜なるかな
BUSON

Con la nieve
el ruido de algo que se rompe
¡La noche se hace más oscura!


Hojas rojas

03.01.12 | 12:00. Archivado en Buson, Clásico, haiku de lo sagrado

よらで過ぎる藤澤寺のもみじ哉
Yorade sugiru fujisawadera no momiji kana

Paso de largo sin entrar:
¡Las hojas rojas de arce
del Templo de Fujisawa!


Infierno

Yo no naka wa
jigoku no ue no
hanami kana

世の中は地獄の上の花見哉
ISSA

Mientras estamos en este mundo
por encima del infierno
¡poder contemplar las flores!

Una flor es para un japonés un extracto de la belleza del mundo, de su capacidad generadora de vida y del placer que nos produce estar vivos en un lugar tan frágil.
Sobre la contemplación de las flores se han escrito haikus gloriosos en la historia de la literatura japonesa, así que la elección de uno para comenzar el epígrafe se hace casi imposible sin cometer injusticia. Puestos a inclinarnos por alguno, quizá nos impresione de una manera particular este haiku de Issa

En poesía japonesa en general, y en haiku en particular, el repertorio de asombro por el florecer es amplio. Encontramos haikus con la extrema sencillez de Onitsura -en el primer haiku que citamos a continuación- y otros que rodean el hecho del florecimiento de una aura mágica como puede verse en el de Buson que le sigue:

庭前に白く咲きたる椿かな
ONITSURA

En el jardín
ha tenido lugar la floración
blanca de una camelia

虹を吐き開かんとする牡丹哉
BUSON

A punto de abrirse
exhalando un arco-iris,
la peonia


Monje

28.10.11 | 12:00. Archivado en Buson, Clásico, C2) Senryû


水桶にうなづきあふや瓜茄
Mizuoke ni unazukiau ya uri nasubi

BUSON

Dos calvos asintiendo con sus cabezas
como un melón y una berenjena
que flotasen en el agua

Explica Buson este senryü diciendo: “Cuando conocí al monje Seihan (Unri bô) por primera vez, nos caimos muy bien. Como si fuera un melón y una berenjena flotando en un cubo con agua, sin parar afirmábamos con la cabeza lo que el otro decía. Ambos somos calvos”…


Buson revisado 6

07.09.11 | 09:00. Archivado en Buson

柳散清水涸れ石処どころ
Yanagi chiri shimizu kare ishi tokoro dokoro

Traducciones que ha recibido en castellano:

1) Hojas de sauce. / Arroyo seco. Piedras / acá y allá. (Teresa Herrero-Jesús Munárriz).
2) Hojas de sauce, / un fresco arroyo seco, / rocas dispersas. (José María Bermejo).
3) Hojas caen del sauce / El río sin agua / Guijarros a trechos. (Justino Rodríguez, Kimi Nishio, Seiko Ota).
4) Mondos los sauces, / secas las aguas claras, / acá y allá piedras. (Antonio Cabezas).

Comentarios a las traducciones:

Dos de los traductores han olvidado en su versión toda referencia al verbo "caer" (chiru): "Hojas de sauce"… ¿qué? ¿Las veo, las veo en los árboles, en el suelo? ¿Caen o están caídas? El verbo es necesario. De poco nos sirve encajar nuestro haiku castellano en 5-7-5 si hemos perdido un verbo. Cabezas traduce yanagi chiri por "mondos los sauces", usando una palabra castellana poco poética y que también omite el verbo "caer". Será mejor "Han caído las hojas de los sauces".

El haiku no habla de un arroyo ni de un río sino de shimizu (agua limpia, agua pura): agua de manantial que discurre. Tampoco es agua de lluvia. En el diccionario japonés-japonés Daijisen aparece shimizu: "agua clara que mana desde las tierras o de entre las rocas". Y, respecto a la traducción de Bermejo, añadir que ni en castellano ni en japonés tiene sentido la expresión un "fresco arroyo seco". Si es un arroyo fresco no es un arroyo seco. El único que no transforma shimizu en río o arroyo es Cabezas, pero pierde el otro verbo que le quedaba. Comprendo lo difícil que es la traducción de este haiku sin perder nada. Pero "kare shimizu" ("kare" como adjetivo) y "shimizu kare(te)" ("kare" como verbo) no es lo mismo. "Shimizu kare(te)" significa "se ha secado el agua". Sin embargo, "kare shimizu" significaría "el agua seca", sin verbo. Si se tratara de un adjetivo tendría que estar situado delante y no detrás: en japonés tiene sentido escribir "el agua está seca" pero no estoy seguro de que en castellano resulte bien. Los verbos se deben mantener, porque expresan la transición del tiempo.

Para terminar, ishi, como "piedras" o "guijarros" está bien. Rocas (iwa) resulta excesivo.

Contexto histórico del haiku:

Este haiku de 1743, cuando Buson tenía tan sólo 28 años, es un haiku de invierno, cuyo kigo (palabra estacional) es "mizu kareru". Buson se encuentra en el paisaje de invierno frío en el que Saigyō creó un célebre waka sobre un sauce y el agua clara. Aquella época en ese lugar había sauces verdes y agua clara, y hoy día sin embargo no se ven nada más que piedras dispersas.

Es de consenso (y de lógica) que se traduzca a partir de una estrofa de 5-5-8. Tiene 18 sílabas:

Yanagi chiri
shimizu kare
ishi tokoro dokoro

Propuesta para la traducción:
Sin forzarnos a hacer una traducción breve -eso puede ser tarea vuestra- el sentido del haiku es

Han caido las hojas de los sauces
Se ha secado el agua que manaba
Piedras aquí y allá

Sólo así mantenemos el orden de los asombros en japonés, los dos verbos del original, y las dimensiones reales del agua que mana.

Un tímido intento:

Deshojados los sauces
Se secó el manantial
Piedras dispersas


Lunes, 29 de mayo

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