El alma del haiku

Aware

25.02.12 | 12:00. Archivado en Onitsura, Clásico, haiku de lo sagrado
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Kare-ashi ya
Naniwa irie no
sazaranami

枯葦や難波入江のさざら浪

Los juncos secos:
El suave ondular de las olas
de la ensenada de Naniwa

Lo sagrado nos llega a través del haiku como esos momentos del desenvolverse de la existencia que nos obligan a reconocerlos, a claudicar ante ellos. No hay objetividad en qué sea lo sagrado; lo sagrado es cualquier cosa que se nos muestre a cada uno de nosotros como tal, completo, sin fisuras, como una fuerte impresión a la que no podemos permanecer ajenos; impresión que en japonés se llama aware:

Kare-ashi ya
Naniwa irie no
sazaranami

枯葦や難波入江のさざら浪 ONITSURA

Los juncos secos:
El suave ondular de las olas
de la ensenada de Naniwa

Así, sin más, este haiku compuesto de tres nombres comunes, un nombre propio, un adjetivo y dos partículas, forma una red de palabras en las que queda atrapado “lo sagrado”.

En absoluto es un poema en honor a un lugar llamado Naniwa. Pero el lugar es el marco que contiene el suceso; por eso es importante que hablemos de un lugar en concreto. No es una ensenada en abstracto ni una ensenada cualquiera, tiene nombre propio, porque todo en la realidad lo tiene; y el poeta en este caso lo conoce. El nombre propio de las cosas es su carta de naturaleza en el mundo de lo trascendente, aunque nosotros no tengamos siempre por qué saberlo. Pero si existe es que tiene nombre. Y el poeta quiere conocer el nombre de toda cosa porque quiere impregnarse de su existencia, de la plenitud de su existencia que llega hasta el nombre que la nombra.

Es mucho más que un poema que hable de los juncos secos de una ensenada bañados por las olas. Y lo es por cómo Onitsura ha conseguido aislar un suceso normal, cotidiano, resaltarlo del resto de todo lo que lo rodea usando para ello unas cuantas palabras, y hacérnoslo llegar: “las olas bañan los juncos, los juncos están secos, así es el mundo, esto sucedió, yo estaba allí, de esto me di cuenta”. La existencia de las cosas, el suceder de los eventos es lo sagrado. Y el poeta, el que toma nota de lo que ocurre, el que da fe de todo lo que hay, el notario mal pagado de la existencia.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Jordi Morrós 02.05.08 | 18:32

    Sin duda la recompensa del poeta es muy distinta que la del notario, pero casi seguro que a un auténtico poeta le sería muy difícil trabajar de notario o de registrador de la propiedad, y dicho sea con el mayor de los respetos para estas ancestrales profesiones.

Domingo, 27 de mayo

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