
Hototogisu
kyô ni kagirite
tare mo nashi
時鳥けふに限りて誰もなし
Canta el hototogisu,
precisamente hoy
que no hay nadie
Al encontrarnos al final de este proceso que lleva al haijin a ser pura naturaleza, comprobamos cómo él mismo ha sido excluido de su poesía. El haijin ya no cuenta consigo mismo como una presencia en el lugar. La lógica nos dicta que el poeta que escribe un haiku debe estar presente. Pero lo que él afirma que en la escena “no hay nadie”:
Hototogisu
kyô ni kagirite
tare mo nashi
時鳥けふに限りて誰もなし SHÔHAKU
Canta el hototogisu,
precisamente hoy
que no hay nadie
Por supuesto, también hay un sentimiento de soledad en este tipo de haikus. Pero la soledad siempre anuncia el encuentro con lo sagrado. Si lo que nos ocurre no se puede compartir, y es una experiencia profunda, sólo entonces, de lo más íntimo de nuestro propio corazón emerge una compañía imposible de definir. Cuando lo que presenciamos nos eclipsa, y no hay nadie con quien compartirlo, conviene que nos descalcemos, pues pisamos tierra sagrada. Póngasele el nombre que se le quiera poner, o no se le ponga ninguno, pero sólo una cosa hace que el ser humano olvide su “yo” -aunque sólo sea por unos momentos- y a ésa es a la que está dedicada la mejor parte de la producción del haiku, la del “haiku de lo sagrado”. Una vez que esa realidad trascendente nos ha hecho desaparecer, una vez que llegamos a “ser nadie”, asumimos que el mundo pasa ante nosotros soportando que lo ignoremos. El mundo es aquello que ocurre indiferente a la conciencia que el hombre tenga de él:
Shungyô ya
hito koso shirane
kigi no ame
春曉や人こそ知らね木々の雨 SÔJÔ
El alba de primavera
Los hombres no se dan cuenta
La lluvia en los árboles
En la medida que aquello que sucedió ocurriera para menos gente, la carga de sacralidad de un haiku es mayor. Las cosas suceden más, cuando suceden en completa soledad. El río suena más si nadie lo escucha, y la luciérnaga brilla más reluciente. El mundo que excluye al ser humano, en Japón, es la pura hierofanía. El auténtico camino es el que nadie recorre:
Kono michi ya
yuku hito nashi ni
aki no kure
此道や行く人なしに秋のくれ BASHÔ
Nadie que vaya
por este camino
Crepúsculo de otoño
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Muchas gracias por la información Vicente.
De este autor yo sólo conozco lo que dice la Wikipedia:
http://en.wikipedia.org/wiki/Toshihiko_Izutsu
En el artículo se menciona la influencia del budismo zen en su formación.
Hasta la próxima.
En realidad, Toshihiko Izutsu fue un experto en pensamiento islámico. Su obra magna fue "Sufismo y Taoísmo", e hizo la mejor traducción del Corán que existe en japonés.
Lo que comenta Gio:
"la unión de subjetivo y objetivo, cuando adentro y afuera son lo mismo"
Recuerda alguna expresión de autores inspirados por el budismo zen, como por ejemplo el japonés Toshihiko Izutsu, cuando afirma:
"No hay más Yo como realidad subjetiva, ni Tú, o eso, como una entidad objetiva, entonces permanece solamente el Es..."
Muy agradecido por el trabajo de Vicente y de todos los que participáis en este blog.
"El mundo es aquello que ocurre indiferente a la conciencia que el hombre tenga de él". Una verdad tan contundente como nuestro temor a desaparecer de nuestro haiku.
hierofanía en la soledad y el silencio... tengo un amigo que ha hablado de "omnijetivo" (un palabro como dicen los españoles): la unión de subjetivo y objetivo, cuando adentro y afuera son lo mismo.
saludos.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
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José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez