
Hebi nigete
ware o mishi me no
kusa ni nokoru
蛇逃げて我を見し眼の草に残る
Huye la serpiente
y esos ojos que me han mirado
se quedan entre la hierba
Hasta aquí podemos comprender lo que el haiku –encargado de articular “lo sagrado” con palabras- puede dar de sí; el margen amplio con que esta poesía cuenta antes de dejar de poder considerarse “haiku de lo sagrado”. Pero, y…¿se puede nombrar el “yo”? ¿Pueden aparecer en el haiku algunas de las palabras japonesas que existen para el pronombre “yo”?
Por ejemplo, en este haiku contemporáneo, el haijin va a hacer referencia a ware (“yo”):
Hebi nigete
ware o mishi me no
kusa ni nokoru
蛇逃げて我を見し眼の草に残る KYOSHI
Huye la serpiente
y esos ojos que me han mirado
se quedan entre la hierba
Los elementos que conforman este haiku dibujan una situación inquietante: unos ojos de serpiente que miran a un hombre fijamente, una serpiente que huye, un peligro al acecho entre la hierba, el miedo… Es un haiku consagrado a una serpiente que pasa ante un hombre deteniéndose por unos instantes. Sorprendidos ambos -el poeta y la serpiente- es a ésta (sea o no la más peligrosa de los dos) a la que sin embargo le toca huir. El poeta siente su tremenda vulnerabilidad y el miedo le hace considerar que ha visto los ojos de la serpiente y que ha sido como si se hubieran impreso en su alma. Kyoshi deja ese paisaje –también él huye, más lentamente, y no obstante con más peso de miedo en su memoria- sabiendo que en algún lugar, oculta entre la hierba, está esa serpiente cuya mirada tiene ahora clavada dentro de su retina. Pero, ¿Y ella: y la serpiente? ¿Sentiría ella también miedo? ¿Se llevaría a su refugio entre la hierba la mirada del hombre clavada en su alma de serpiente? De esto no sabremos nunca nada. El haiku sabe lo que deja pendiente, sabe de la imposibilidad de hacerse con todo lo que había allí mismo, en el «momento haiku», porque la realidad no tiene fondo. Tal vez si percibiéramos todo lo que tenemos en cada momento ahí delante nuestro, reventaríamos.
Por último, detengámonos en el elemento que justifica la selección de este haiku. La inclusión de la palabra ware, “yo”. El poeta existe en este haiku: no sólo lo ha experimentado sino que lo protagoniza. Pero existe gracias al miedo. No es el sentimiento de un “yo que ama”, por ejemplo, casi inaceptable en la sensibilidad del haiku (como ya se ha explicado). No es un “yo pienso esto o lo otro”, completamente inadmisible para el mundo que generó el haiku. Es un “yo” que tiene miedo, con un temor íntimo y universal, en todo caso ancestral, como el del simio del que provenimos al único depredador que es capaz de subir a los árboles más altos: la serpiente. Sin lugar a dudas, cuando el “yo” es parte de la Naturaleza tiene permitida su entrada en el haiku. Y un “yo” paralizado de miedo es el pan cotidiano –a cualquier hora, cualquier día- de todos y cada uno de los seres que viven en la Naturaleza.
El miedo que tengo o el miedo que me tienen. Ambos son asombros legítimos para el “yo”, lugares posibles del haiku:
Waga ikeba
issai no kani
ashi-kakuru
わが行けばいっさいのかに蘆隠る SEISHI
Cuando yo paso,
los cangrejos de golpe
se esconden entre los juncos
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez