El alma del haiku

El mundo nos afecta

09.02.12 | 12:00. Archivado en Bashô, Clásico, haiku de lo sagrado

Kochô ni mo narade
aki furu
namushi kana

胡蝶にもならで秋経る菜虫哉

El otoño avanza
y la oruga no consigue convertirse
en una mariposa cualquiera

Se trata, por tanto, de que al poeta le importe lo que aparece en su haiku. El mundo no es una excusa para hablar de nosotros mismos. Por lo demás, el hecho de que el haijin esté implicado emocionalmente en la escena que describe no sólo no es un problema sino que es parte constitutiva del acierto de su haiku. Al haijin le afecta aquello de lo que habla. Aunque no por ello le sea legítimo mostrar impúdicamente cuánto le afecta aquello que presencia. No es necesario que el objeto poético que cause nuestro aware sea –como vimos en algún haiku anterior- la agonía de un ser querido. Puede ser sencillamente una oruga que no acaba de convertirse en mariposa:

Kochô ni mo narade
aki furu
namushi kana

胡蝶にもならで秋経る菜虫哉 BASHÔ

El otoño avanza
y la oruga no consigue convertirse
en una mariposa cualquiera

El haijin tiene un corazón que late con fuerza en el “momento del haiku”, no es un frío receptor de estéticas perfectas. Veamos cómo el mismo Bashô se implica emocionalmente en la escena que contempla con un segundo ejemplo:

Kusa no ha o ochiru yori
tobu
hotaru kana

草の葉を落つるより飛ぶ螢哉 BASHÔ

Hasta que no se cae
de la hoja de hierba…
¡no echa a volar la luciérnaga!

El poeta tiene el corazón en vilo. El asombro no es complacencia en lo que presenciamos. Los seres nos importan. Nos hemos involucrado en el destino de las cosas, y éstas dependen -a partir de entonces- de nosotros. Perdemos, con el progreso en la sensibilidad, la cordura del hombre racional, y también su frialdad. Llegamos a pensar, en este caso, que un insecto de luz que se va resbalando se caerá y finalmente se romperá en pedazos. Porque la luz tiene algo de cristal. Y lo que quiera que ocurra a esa criatura de luz va a ser a partir de que llegue al filo de la hoja. Estamos comprobando -porque lo estamos viendo- que una luciérnaga es una luz que anda, pero nadie puede darnos la menor garantía de que pueda volar. Pese a que hemos visto mil luciérnagas antes volando. Nuestro corazón no entiende de probabilidades: esa luz está a punto de caerse de la hoja y eso es todo lo que ahora nos concierne y nos inquieta. Hay un sentimiento de que la caída es la muerte… Pero la luciérnaga alza el vuelo a partir del filo de la hierba. Justo a partir del filo. El filo marca el espacio sin tierra que obliga al vuelo.

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