El alma del haiku

El orden de los elementos

06.02.12 | 12:00. Archivado en Bashô, Clásico, haiku de lo sagrado

Yuki-ma yori
usu-murasaki no
me-udo kana

雪間より薄紫の芽独活哉

En los claros de nieve,
el leve morado de los brotes
de la flor de udo

Hemos dicho ya que un haiku es una instantánea de la realidad. “Lo fundamental” del momento que logra capturar la fotografía, la pintura o la acuarela, lo capta el haiku. Pero, además, en sus reducidos límites, el haiku puede narrar cómo el poeta va sumergiéndose en la escena, cómo va penetrando en el asombro. De ahí la importancia del orden de aparición de las palabras en japonés (cosa que no siempre puede conservarse en la traducción, aunque en todo caso debería intentarse). Porque el haiku es una impresión pictórica en tres trazos que tienen un orden en su ejecución y que, así concebidos y no de ninguna otra forma, reproducen fielmente un momento del mundo, tal como sucedió.

Obsérvese, por ejemplo, cómo Bashô, va contándonos su asombro:

Yuki-ma yori
usu-murasaki no
me-udo kana

雪間より薄紫の芽独活哉 BASHÔ

Nieve-intervalo / desde
leve-morado / de
brote-“u”-flor / signo exclamación

Lo primero en verse es la nieve, y ésa es la primera palabra con que nos encontramos (yuki). En segundo lugar, el poeta se da cuenta de que hay espacios donde la nieve se ha derretido o tiempos en los que se ha detenido (ma); esta palabra (ma) a pesar de su carácter abstracto espacio-temporal, sin embargo cumple una función muy concreta (en este caso, yuki-ma: “donde o cuándo no hay nieve”). Nos hace esperar un poco el poeta hasta decirnos qué es lo que hay en los espacios o tiempos en los que no hay nieve, y usa la partícula yori (“a partir de ahí”). Continúa describiéndonos lo que ve, y hace referencia a un color, sin decirnos el por qué de ese color o a qué corresponda (usu-murasaki): leve color morado. El objeto de su asombro va a llegar sólo al término del mismo, con el suspense poético apropiado: los brotes (me) de la flor de udo. Únicamente al llegar al mismo final, Bashô nos hace entender que esa mezcla de blanco purísimo y lila (con el fondo implícito color verde-tierra desde el que las hierbas brotan) le ha impresionado hondamente. Sólo si el orden de la traducción va siguiendo el del haiku nos damos cuenta que Bashô sólo ha ido viendo colores, que se ha ido aproximando a ellos como si los enfocase con más precisión y nos ha acercado con él: blanco de nieve, lila de flor, verde de tierra fértil... Es un haiku donde importan más los colores que las cosas mismas. Cuando son bellos y se han sabido conjuntar de un modo preciso, a veces llega a parecernos que los seres, al fin y al cabo, no son más que la justificación de los colores.
La traducción a la que nos vemos obligados en castellano no acierta a recoger esta “entrada progresiva” del lector japonés en el haiku:

En los claros de nieve,
el leve morado de los brotes
de la flor de udo

A continuación, un segundo ejemplo de cómo el haijin tiene en cuenta el orden de presentación de los elementos en su haiku. Ahora sabemos que de ese orden va a depender que el lector pueda entrar en la escena o se convierta en espectador pasivo. Veamos cómo Bashô –de nuevo, Bashô- es capaz de introducirnos en aquello que nos cuenta:

Yamaji kite
naniyara yukashi
sumire-gusa

山路来て何やらゆかしすみれ草 BASHÔ

Montaña-camino / viniendo
qué será / precioso
violeta-hierba

El mérito de este haiku radica en que el poeta es capaz de hacer sentir al lector que los hechos que dieron origen al aware puede experimentarlos por sí mismo, de modo que quien lo lea se sienta caminando junto a Bashô montaña abajo cuando hubo un algo que le llamó la atención desde lejos... y pensó: “cualquiera sabe lo que pueda ser eso que estoy viendo”; el poeta se acerca más; “parece una mancha violácea”, en medio del campo; y siente: “¡qué cosa más hermosa!”; finalmente, reconoce el objeto: son unas violetas. Contar un asombro poco a poco, en diecisiete sílabas japonesas (ji-on), mostrar al lector no simplemente una escena sino el cambio que se va produciendo en el corazón del haijin ante una situación, contener el paso del tiempo en una estrofa tan corta, no es tarea fácil. Hay que estar muy en presente para percibir uno a uno todos esos asombros de que se compone un aware.

La traducción, esta vez, conserva más que en el caso anterior el carácter sucesivo del asombro:

Viniendo por el sendero de la montaña
qué será... tan hermoso…
unas violetas

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