
Tera fukaku
take kiru oto ya
yûshigure
寺ふかく竹きる音や夕時雨
En los confines del templo,
se oye cortar bambú:
lluvia fina en la noche
Escribir un haiku es como cocinar, es como meter en una olla unos cuantos ingredientes y dejarlos al fuego lento del corazón. Hay que elegir de entre la realidad en la que nos encontramos -y de la que recibimos el impacto que nos conmociona (aware)- esos tres o cuatro elementos –ingredientes- que son los causantes de ese determinado momento. Para eso hay primero que conseguir un estado de permanente apertura al mundo; segundo, ser honesto con que la impresión que crees que te ha afectado lo haya hecho de verdad y que no sean tus mismas ganas de ser emocionado por las cosas; y, tras esta apertura y esta honestidad, tener talento para seleccionar los principales responsables del asombro que vamos a reflejar en nuestro haiku. Algunos elementos de tu aware son ya ingredientes de “recetas clásicas” y es de sobras conocido lo que se cocina con ellos, por ejemplo, nieve-ciruelo-luna. Los buenos cocineros son los que inventan nuevas recetas con ingredientes que nunca antes se habían mezclado.
Si el haijin ha acertado al seleccionar de su experiencia los principales componentes de lo que paladeó, el haiku sabrá bien al lector. En este caso, el poeta, como el auténtico cocinero, ni siquiera tiene que degustar lo que hace para comprobar que va a salir bueno. El haijin sabe qué ingredientes van a funcionar bien juntos mucho antes de ejecutar su trabajo. Le guía alguna especie asombrosa de sexto sentido que debemos ir desarrollando a partir de ahora, una capacidad de la naturaleza humana que podría llamarse “sentido de los sabores posibles”. Por ejemplo, en este haiku:
Tera fukaku
take kiru oto ya
yûshigure
寺ふかく竹きる音や夕時雨 SHÔHA
En los confines del templo,
se oye cortar bambú:
lluvia fina en la noche
El autor quería captar una escena que se articula en torno a un sonido, seco, ocasional, de frecuencia imprevisible, como el tiempo que tarda un grillo en saltar a un nuevo lugar o un pájaro en cantar otra vez; un sonido que se adivina que corresponde a una actividad humana perfectamente insertada en un ámbito natural: la de alguien que a lo lejos corta bambú. En lo que está “cocinando” el haijin debía sin duda aparecer el sonido (oto) porque es el origen de este haiku, y el bambú porque es –de hecho- lo que se está cortando; pero es un acierto construir el resto del poema con elementos tan acordes como “la noche”, “la lluvia finísima” y “un templo”. Así pues, cinco ingredientes, más de lo que muchos habríamos logrado introducir en un espacio tan breve, que al ser cocinados juntos acaban gustándose y gustando al que lo prueba. A la lluvia le va bien la noche, mucho mejor que el día, porque incide en la sensación de útero -de reclusión protegida- que es la noche para el ser humano. Pero la lluvia debía ser fina para que dejara oír algún sonido que no fuera el suyo propio. El sonido es el de alguien que, a pesar de la noche, a pesar de la lluvia, está ahí fuera, ni se sabe dónde, en los confines de las tierras que son propiedad del templo budista, cortando bambú. Podría pensarse que el templo es, en este caso, el “ingrediente” más prescindible, porque es sólo el lugar desde el que se percibe el haiku. Pero no es así, ya que es el que nos indica la sensación de seguridad del poeta en contraste con el estado de desprotección del cortador de bambú.
Este mismo haiku, este mismo plato de cocina poética, deconstruido y montado de un modo diferente, sería así: “En un templo, a resguardo, encantado con la sensación de que fuera esté cayendo una lluvia fina en plena noche, se oye algo lejano, un sonido extraño –inquietante- cuya razón hay que esforzarse en averiguar, un sonido chasqueante, sin una especial belleza y sin frecuencia temporal... ¡Ah, es alguien que está cortando bambú!.. ¡A pesar de la noche! ¡A pesar de la lluvia!”.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez