
Inazuma ni
satoranu hito no
tôtosa yo
稲妻にさとらぬ人の貴さよ
¡Qué santidad
la del hombre que ante un relámpago
no comprende (la Realidad)!
La crítica zen ha extendido la idea de que “el haiku es satori” (en célebre frase -castellana por poco- de Octavio Paz). Satori del verbo satoru: “comprender, despertar a la Realidad”; forma negativa arcaica: satoranu. Sin embargo, el propio Bashô -el haijin que se toma como prototipo de “poeta zen"- en uno de sus haikus concede la beatitud precisamente “al hombre que no comprende” (satoranu) ante una manifestación de la Naturaleza:
Inazuma ni
satoranu hito no
tôtosa yo
稲妻にさとらぬ人の貴さよ BASHÔ
¡Qué santidad
la del hombre que ante un relámpago
no comprende (la Realidad)!
Porque no hay ninguna doble lectura de aquello ante lo que se está. El mundo del haijin es verdad. No hay que pensarlo, no hay que trascenderlo para llegar a una última y verdadera Realidad que se oculte tras él. Hay simplemente que mirarlo, que tocarlo, que olerlo, que estar en él, que dejarse conmover por él, por su belleza o su poder.
Lo diremos con rotundidad una vez más: no hay comprensión en el haiku. Hay un “eso está ahí”, un “eso existe”, y la maravilla que es para el poeta ese sentir que las cosas existen. El haijin no comprende nada, ni antes ni después ni mientras hace su haiku. No hay una naturaleza verdadera y profunda -por poner algunos ejemplos- de “libelulidad” o de “montañeidad” que el poeta capte para hacer a esos seres -libélula o montaña- dignos de estar en su haiku. No hay otra realidad para el haijin que las cosas mismas, tal como son, tal como se perciben.
El modo de concebir el mundo del poeta de haiku y el de un budista zen pertenecen a niveles de comprensión de lo real que distan bastante el uno del otro. La mentalidad del haijin es la del hombre corriente japonés, sin más, que hace una poesía heredera de la sensibilidad primitiva del Man-yôshû. Mientras que la mentalidad del budista zen tiene a un metafísico en su base de la talla de Dôgen, y se remonta al Chan chino, heredero a su vez de filosofías profundas como la taoísta y la budista (en su segunda mutación).
Una y otra mentalidad distan años luz en lo que se refiere a capacidad de abstracción... La realidad del haijin es la que percibe, mientras que la del budista zen es el Sunyata (el Vacío), justamente lo que no se percibe, producto destilado de una de las más complejas metafísicas orientales. Nuestra conclusión es terminante: el haiku no es poesía zen.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez